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Jueves, 23 de enero de 2014

CINE › LADRONA DE LIBROS, DIRIGIDA POR BRIAN PERCIVAL

Alerta sobre el “Síndrome de Rush”

 Por Luciano Monteagudo

Síndrome de Rush (también conocido como trastorno de Rush): conjunto de películas protagonizadas por el actor de origen australiano Geoffrey Rush (Toowoomba, Queensland, 6 de julio de 1951) que afectan de manera severa al cine británico en particular y a la salud del cine en general. Altamente peligroso, suele confundir a espectadores, críticos especializados y miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que pueden llegar a sufrir alucinaciones colectivas y considerar que toda película protagonizada por Mr. Rush es digna de elogio y consideración por su sola presencia.

Las películas afectadas por el “Síndrome de Rush” padecen de infatuadas pretensiones artísticas, suelen ejercer la tibia corrección política, practican un humanismo elemental y trasnochado y están concebidas para competir por los premios Oscar, como fue el caso de El discurso del Rey (2010) y, de manera aún más grave, Claroscuro (1996), que le valió a Mr. Rush la estatuilla al mejor actor, desa-tando el virus ahora diseminado por todo el cine angloparlante.

A la espera de un nuevo ataque de la cepa la semana próxima, con el anunciado estreno de La mejor oferta, dirigida por Giuseppe Tornatore –situación que puede elevar la alarma a la categoría de epidemia–, conviene tomar la mayor distancia posible de su portador enfermo actual, el film Ladrona de libros, dirigido por Brian Percival, un realizador tan anodino como los que suele aprovechar el mal para expandirse por todo el cuerpo cinematográfico.

Basada en un best seller de Markus Zusak, Ladrona de libros es la historia de una niña huérfana que durante los oscuros años del Tercer Reich sobrevive a todas las pérdidas y –originalmente analfabeta– encuentra en la lectura primero y en la escritura después la fuerza y la libertad interior que le permitirán atravesar la tragedia de la guerra. La película tiene todos los elementos que la identifican con el peor cine posible: es sensiblera, maniquea, académica y falsa a tal punto que los actores interpretan a sus personajes hablando inglés con un absurdo acento alemán. Como el padre adoptivo de esa niña, Mr. Rush aporta lo que se espera de él: guiños cómplices, ternura prefabricada y una calculada excentricidad que le da pie a interpretar el bandoneón mientras el cielo se oscurece con una lluvia de bombas.

Se aconseja a la población estar prevenida y tomar los recaudos del caso para no caer víctima de esta artera enfermedad.

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