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Viernes, 7 de marzo de 2014

CINE › EL VERANO SIGUIENTE, DE GABRIEL NICOLI, SOBRE NO TE VA GUSTAR

En el interior de una banda

Realizada en un momento difícil para la banda uruguaya –la época posterior a la muerte del tecladista Marcel Curuchet–, la película se interna sin manierismos en la intimidad de un grupo que supo calar hondo en el gusto del público argentino.

 Por Julia González

Una atmósfera de malestar y desgano se percibe al comienzo de El verano siguiente, documental que narra el proceso creativo de No Te Va Gustar durante la grabación de El calor del pleno invierno (2012), su más reciente disco. Bajo la dirección del realizador argentino Gabriel Nicoli, el film muestra escenas de sala de ensayo, estudios de grabación y situaciones cotidianas, como un asado familiar o un partido de fútbol en la Play. Para entender ese clima de pesadez es necesario conocer mínimamente la historia de la banda uruguaya, ya que en 2012 perdió al tecladista Marcel Curuchet en un accidente de moto en Nueva Jersey durante la gira estadounidense. De hecho, el film está dedicado a su hijo Renzo, a quien el tecladista no llegó a conocer porque al momento de fallecer su mujer estaba embarazada.

Un acierto del documental es la sutileza con la cual se muestra la paternidad ejercida dentro de un grupo íntegramente masculino, en el que apenas se ve alguna presencia femenina. Incluso hay bromas al recibir de regalo un cuadro de John Lennon en el que se lo ve posando junto a su esposa, “la China”, como la llaman, Yoko Ono, bajo el lema “War is Over”. El chiste es la propuesta de cambiarlo por un cuadro de Mick Jagger, a quien seguramente le gustaba la guerra. Un abismo se manifiesta al observar de afuera un chiste interno que funciona bien en un grupo cerrado, pero que enseguida resuelven cantando “Don’t Let me Down”, tema de The Beatles en plena etapa de enamoramiento de Lennon para los detractores de Ono.

Para aquel que no conoce en profundidad a NTVG, la frase del comienzo formulada por el líder de la banda, Emiliano Brancciari, es categórica y guía al espectador tras la huella trágica: “Después del accidente, las canciones de otros discos tomaron otra dirección”. Más tarde aclarará que lo más difícil fue volver a subir a un escenario sin la presencia de su compañero en las teclas y por lo mismo, el homenaje que deben rendirle es el de hacer lo mejor que pueden. Si bien Brancciari se reconoce tímido al punto de necesitar un vaso de whisky para enfrentar al público, los 70 minutos de edición giran en torno suyo. Su hijo es protagonista de muchas de las tomas y es, además, producto de varios momentos de sincera alegría en el grupo.

Hay una distancia que manifiesta la idiosincrasia del rockero medio argentino y el uruguayo, y es básicamente la misma que marca que en Uruguay no sólo no hay rockstars, sino que tampoco hay nacionalismos. Sin generalizar, es lo que Brancciari dice al reconocer la nacionalidad del zorzal criollo: “Gardel es argentino porque es lo que es. Si no, hubiera dicho ‘soy uruguayo’”. Y dice más tarde, en una entrevista de radio con Elizabeth Vernaci: “No tenemos que cumplir con las obligaciones de la estrella de rock porque en Uruguay no hay estrellas de rock”. Sin embargo, se los ve cómodos en camarines cantando una canción a capella con el líder de Catupecu Machu, Fernando Ruiz Díaz, antes de salir a tocar.

Con el mate como ornamento ineludible en cada escena, ya sea que la discusión pase por cuáles temas se suprimirán de una lista de treinta para incluir menos de la mitad en el disco, o si los vientos deben grabarse en la misma toma; NTVG se descubre en la intimidad de una banda que parece de barrio aún hoy, 20 años después de su nacimiento. “Creo que cuando llegás a los 30 y pico empezás a ver la muerte de cerca”, dice Bran-cciari mientras una melodía triste, compuesta por el compositor uruguayo Fernando Cabrera, acompaña. La cámara se interna en la humanidad de un grupo al que le pesa la historia. Por eso El verano siguiente es un documental para los fans, aunque en el fondo sea in memoriam de un compañero de ruta y su familia a quienes, tal vez, NTVG buscaba compensar con un gesto.

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“Creo que cuando llegás a los 30 y pico empezás a ver la muerte de cerca”, dice Emiliano Brancciari.
 
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