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Sábado, 24 de mayo de 2014

CINE › CIERRE DE LA COMPETENCIA Y PREMIO DE FIPRESCI PARA JAUJA, DE LISANDRO ALONSO

La Palma de Oro es un gran interrogante

El film del director argentino, protagonizado por Viggo Mortensen, se llevó por unanimidad el galardón de la crítica internacional en la sección Un Certain Regard. Las dos últimas en competencia fueron Sils Maria, de Olivier Assayas, y Leviathan, de Andrey Zvyagintsev.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Cannes

Los premios de la Competencia Oficial del Festival de Cannes recién se conocerán esta noche, en la ceremonia del Grand Théâtre Lumière, pero ayer por la tarde, en la Plage des Palmes, frente al Mediterráneo, hubo una excelente noticia para el cine argentino: Jauja, de Lisandro Alonso, ganó el premio de la crítica internacional como la mejor película de la sección Una Cierta Mirada. El de la Fipresci (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) es en Cannes el premio más importante de los jurados paralelos y –tal como señaló en sus considerandos el fallo– fue otorgado por unanimidad al film de Alonso, que recibió también innumerables elogios en la prensa francesa. “Un merecido premio para una película que tenía que haber estado en la competición por la Palma de Oro”, mandó un mail Viggo Mortensen, el protagonista y coproductor del film, ya lejos de Cannes. “El equipo Jauja está muy orgulloso de la película, y creemos que será recordada como una de las más originales y mejor dirigidas de Cannes de 2014. ¡Felicitaciones a todos! Un beso, Viggo.”

Ambientada en la Argentina de fines del siglo XIX, durante la Conquista del Desierto, Jauja marca claramente un gran salto hacia adelante en el cine de Alonso, que agradeció no sólo al jurado y al equipo de la película, sino también a la delegación argentina que acompañó a su quinto largometraje en su paso por Cannes. A su vez, según la encuesta realizada entre 40 críticos de todo el mundo organizada por los blogs Micropsia y Todas Las Críticas, el film de Alonso obtuvo también el puntaje más alto de su sección, 8,82 sobre 10. Sin embargo, el jurado oficial de Un Certain Regard, presidido por Pablo Trapero, omitió a Jauja de su palmarés y premió, en cambio, a Fehér isten (Dios blanco), del húngaro Kornél Mundruczó.

Por su parte, en la Competencia Oficial predomina un gran signo de pregunta sobre los premios. A diferencia del año pasado, cuando La vida de Adele ya se perfilaba varios días antes como la ganadora que finalmente fue, esta vez no hay un favorito absoluto a la vista. Y las opiniones y encuestas de los críticos –tal como lo prueba el caso de Jauja– muchas veces suelen estar disociadas de las decisiones de los jurados. Del primer tramo del festival se destaca claramente Winter Sleep, del gran director turco Nuri Bilge Ceylan, que se llevó ayer el premio Fipresci en la Competencia Oficial. Pero no es descabellado pensar que la única mujer que ganó la Palma de Oro en toda la historia del festival, la neozelandesa Jane Campion (por La lección de piano, 1993), y que ahora preside el jurado oficial, empuje el premio mayor para otra cineasta mujer.

Hay dos en concurso, empezando por la italiana Alice Rohrwacher, que trajo a Cannes su segundo largo de ficción, Le meraviglie, un film delicado y sensible, sobre los conflictos de un matrimonio y sus tres hijas, que intentan llevar una vida al margen de la sociedad de consumo, en un pequeño pueblo de Umbría. Pero tiene muchas más chances de acercarse a la Palm d’Or Futatsume no mado (Aquietar las aguas), de la excelente directora japonesa Naomi Kawase, ya dos veces recompensada antes en Cannes, pero que espera sin duda la consagración definitiva del premio mayor.

En la última jornada, Cannes igualmente se guardó dos cartas fuertes, de dos directores de mucho prestigio, que sin embargo no estuvieron necesariamente a la altura de las expectativas: el francés Olivier Assayas y el ruso Andrey Zvyagintsev. El realizador de Carlos y Las horas del verano presentó Sils Maria, protagonizada por Juliette Binoche y Kristen Stewart, un dúo extraño si los hay, pero que funciona increíblemente armónico. La actriz francesa se interpreta un poco a sí misma –pero en un excelente inglés– y la estrella de la saga Crepúsculo (que ya había demostrado que estaba para algo más importante en On the Road, la fallida adaptación de la novela de Kerouac dirigida por Walter Salles) compone su eficacísima asistente personal, en un viaje que las llevará a la localidad suiza del título, en las cumbres de los Alpes.

Lo que no funciona tan bien en Sils Maria es la historia –del propio Assayas–, que tiene como trasfondo el mundo del espectáculo, ya explorado magníficamente por el director en la recordada Irma Vep (1996). A diferencia del vértigo de aquel film, donde una actriz extranjera (la gran Maggie Cheung) se sentía perdida en el accidentado rodaje de una película francesa, aquí la crisis es de otra naturaleza, tiene que ver con el orden de lo teatral, en todo sentido. Empezando por el hecho de que el personaje de la Binoche se siente obligado a interpretar una pieza de quien fuera su mejor amigo, un consagrado dramaturgo que acaba de morir. Hay algo bergmaniano –el director sueco siempre estuvo entre los predilectos de Assayas, desde que escribía para los Cahiers du Cinéma– en la fragilidad de esa actriz enfrentada no sólo a la sombra del difunto, sino también a sus propios fantasmas. Pero sus crisis terminan siendo banales y tampoco llega a pesar en su ánimo el imponente paisaje que la rodea, como parece la intención de Assayas.

El paisaje también es (o debería serlo) determinante en Leviathan, del ruso Zvyagintsev, ambientada en un pequeño pueblo del Mar de Barents, en el extremo norte de Rusia. Pero el autor de El regreso (León de Oro en la Mostra de Venecia 2003) y Elena (premiada aquí en Un Certain Regard 2011) se pierde en una confusa alegoría sobre el individuo enfrentado al poder omnímodo del Estado. Si en Leviathan el director abandona en parte el formalismo que caracterizaba –y ahogaba también– a sus dos films previos no puede escapar, sin embargo, a la solemnidad de una película que parece concebida casi únicamente para alcanzar la Palma de Oro y que por eso mismo, precisamente, no debería ganarla.

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CANNES
Kristen Stewart y Juliette Binoche forman un dúo increíblemente armónico en Sils Maria, de Olivier Assayas.
Imagen: AFP
 
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