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Domingo, 5 de octubre de 2014

CINE › PRIMEROS EN LA LUNA, DEL RUSO ALEKSEI FEDORCHENKO

Un documental que no es tal

Género con el que guarda una relación más de sátira que de reescritura o reinvención, el supuesto documental que se exhibe en Proa Cine propone un viaje a la Luna en el que los rusos habrían sido pioneros, con un enano de circo entre la tripulación.

 Por Horacio Bernades

Los rusos llegaron primero. A la Luna. En 1938. O no. Depende de si se da o no por cierto lo que expone Primeros en la Luna. Claro que darlo por cierto es un poco difícil, teniendo en cuenta que algunas de las cosas que este film ruso muestra son un enanito de circo como parte de la tripulación, o un chancho borracho lanzado a la estratosfera, en una de las pruebas previas. Queda claro entonces que se trata de una broma. Ese es el límite de la ópera prima de Aleksei Fedorchenko, que además de ganar en Venecia un paradójico premio al Mejor Documental fue parte, en 2006, de la Competencia Internacional del Bafici. Elegida por el prestigioso programador neoyorquino Richard Peña como parte del ciclo que la Fundación Proa viene presentando desde agosto bajo la etiqueta Cine y Performance, sin duda que este sello le queda más cómodo al film de Fedorchenko que el de documental. Género con el que guarda una relación más de sátira que de reescritura o reinvención.

En otras palabras, Primeros en la Luna está más cerca de un mockumentary como This Is Spinal Tap que de un documental ficcionalizado, al estilo de Shirin, para mencionar la película que inauguró este ciclo de Proa Cine. En la película de Kiarostami (a la que calificar sin más de “documental” hace temblar la mano), un grupo de mujeres, puestas en una situación generada artificialmente (la presunta exhibición de una película que en verdad no es proyectada), es registrado por la cámara de modo documental. Esto es: sin que sus “reacciones” (falsas, ya que fingen ser producto de una película que no ven) sean manipuladas por el director. El film-hito de Rob Reiner, en cambio, imitaba los modos del típico rockumentary o documental de rock, subvirtiéndolo al mostrar a sus presuntos héroes (los miembros de una banda heavy) como unos imbéciles irrefrenables.

Producida por la “Oficina Cinematográfica del Ministerio de Cultura”, Primeros en la Luna hace básicamente lo mismo que This Is Spinal Tap. Con la diferencia de que en este caso los héroes no son rockers de peluquería y enterito ajustado, sino héroes de la patria. Lo que satiriza Fedorchenko es el film soviético de propaganda, con sus campesinos arando la tierra, sus records de producción fabril, sus rostros de felicidad proletaria en primer plano... y sus héroes del pueblo. En este caso, los cuatro cosmonautas, elegidos por un comisario del partido por sus virtudes específicas. Virtudes que incluyen el aspecto noble, la capacidad de esfuerzo físico, la buena musculatura y, claro, la belleza que permita hacer de ellos verdaderos modelos. De allí que la única cosmonauta mujer sea una rubia casi hollywoodense (ganadora de varios records deportivos, desde ya) y el líder de la expedición, una suerte de Brad Pitt local. Antes de ser reclutados, todos ellos son convertidos en “sujetos de monitorización”. Investigados a fondo por la KGB, en otras palabras.

¿Y el enano? No se sabe bien y es uno de los puntos más débiles del film, por su apelación a la risa fácil. Así como uno de los puntos más altos es un film de propaganda oficial de ciencia ficción, que termina con una victoria del socialismo a escala galáctica. La película está estructurada como todo documental convencional, combinando abundante “material de archivo” (el 90 por ciento filmado por Fedorchenko, claro) con fragmentos en presente, que incluyen la entrevista al único sobreviviente de la misión y un viaje a Chile, donde en 1938 habría caído lo que no se sabe bien si es un meteorito o la propia nave.

Porque la misión, claro, no termina del todo bien. Qué sentido tendría la sátira si no. Lo más punzante de Primeros en la Luna es su denuncia sobre el destino que les cabía, en la Rusia de Stalin, a los héroes que fracasaban. Lo cual motiva fugas y desapariciones, en el caso de los que logran zafar. El humor es eficaz pero módico, algo reiterado a veces (ese enano, que viene a rematar más de un “sketch”), desternillante en contadas ocasiones. En otras palabras, this is not Spinal Tap.

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Primeros en la Luna puede ser comparado con un mockumentary como This Is Spinal Tap.
 
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