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Martes, 21 de octubre de 2014

CINE › MARTíN BOSSI HABLA DE SU PROTAGóNICO EN UN AMOR EN TIEMPOS DE SELFIES

“Sentí miedo al filmar esta película”

Más habituado a los escenarios que a los sets de filmación, el creador de El impostor apasionado reconoce que le dio vértigo su primer protagónico en el cine y dice que detesta la palabra “fama”. Y afirma: “Tener éxito es hacerle culto a la vida”.

 Por Oscar Ranzani

El actor e imitador Martín Bossi debutará a partir del jueves como protagonista de un largometraje. Con trayectoria como comediante en el teatro y la televisión, Bossi había compuesto a una travesti en Viudas, el film de Marcos Carnevale, protagonizado por Graciela Borges y Valeria Bertuccelli. Pero en Un amor en tiempos de selfies, de Emilio Tamer, el hombre de las máscaras compone a un personaje que tiene puntos de contacto con él mismo. Es que Lucas es un comediante del teatro independiente, como alguna vez lo fue Bossi. Lucas suele darles consejos filosóficos a sus alumnos y piensa en voz alta su manera de entender la profesión. Entre sus nuevos alumnos se encuentra Guadalupe (María Zamarbide), una bonita empresaria que trabaja en uno de los buscadores de Internet más importantes a nivel mundial. Guadalupe asiste a sus clases para vencer el temor de hablar en público. Pero le resulta muy difícil ser graciosa en el curso y en los ensayos, situación que la lleva a una especie de crisis. El profesor y la alumna parecen tener pocas cosas en común. Sin embargo, se enamoran. Pero con el correr del tiempo, la relación no resulta sencilla porque tienen diferentes maneras de ver el mundo. Hasta que las discusiones íntimas se filtran en las redes sociales generando un verdadero debate en los medios de comunicación.

Un amor en tiempos de selfies aborda una historia muy actual: las relaciones interpersonales a partir del surgimiento y consolidación del uso de las redes sociales. En ese sentido, Bossi señala que, más que un personaje, lo que le interesó de esta película fue la temática. “Era un tema que yo sentía del cual había que hablar hoy”, comenta en diálogo con Página/12. “Se desprende un poco de la temática que estoy planteando actualmente en la obra Big Bang Show en el Teatro Astral: las necesidades humanas, la necesidad de la comunicación de la privacidad, la comunicación directa, las necesidades de vincularnos con lo artístico; también habla sobre los medios de comunicación de todo tipo (televisivos, las redes sociales), cómo nos amamos, cómo no nos escuchamos”, explica el actor.

–¿Cuál es su opinión sobre la decisión de muchas personas de exponer sus sentimientos en Facebook?

–Mi crítica es la forma de usar las redes, no las redes. Yo creo en las relaciones humanas e interpersonales. El lenguaje nos define como especie y es lo que nos distingue de todo. El día que se pierda la comunicación directa vamos a dejar de ser seres humanos. Vamos a ser otra cosa, aunque no sé bien qué. Y yo soy un amante de la comunicación directa. Esto de que alguien escriba: “Me levanté”, “¡Uy! ¡Qué día de calor!”, y todos los boludos comenten: “Uy, yo también tengo calor”... Creo que hay que vivirlo al calor. En estos tiempos lo más importante es contar lo que pasa, no que pase.

–¿Cree que comenzar a comunicarse a través de las redes sociales es empezar una nueva vida como le dice la novia a Lucas?

–No, detesto ese momento. Es lo que se cree. En la película hay que ver qué tipo de vida. A mí particularmente, como espectador del film, esa vida que le hizo entrar Guadalupe a Lucas no me gusta.

–¿Considera, entonces, que las redes sociales redefinieron el concepto de intimidad y desnaturalizaron las relaciones reales?

–Sí. Pienso que es como usted lo define. Adhiero.

–¿Y en su caso?

–También. Yo estoy mucho menos presente que antes.

–¿En qué sentido?

–Miro el celular todo el tiempo, por ejemplo. Mínimamente pero lo hago.

–Uno de los temas de la película es la sobreexposición en las redes sociales. ¿Usted cómo se lleva con la sobreexposición como artista?

–Creo que la manejo bien. Hace doce años que me dedico a esto profesionalmente y expongo mi trabajo, mi forma de pensar y hasta mi intimidad en algún punto. Hay un lugar de mi vida que no lo expongo: mi vida privada sentimental y afectiva en cuanto a una pareja. Eso no lo vendo ni lo voy a vender nunca. Y me hace bien tener algo privado. No me gusta ir a los eventos sociales, no me gusta ir a las fiestas del medio.

–Su personaje dice: “El miedo es una forma monstruosa que sólo tenemos que aprender a utilizarla”. ¿Cómo se lleva con el miedo en la actuación?

–Para mí también es una fuerza monstruosa. Siento pánico cada vez que voy a actuar y eso me da fuerzas para volar. El día que no lo sienta me pongo una verdulería. Pero para mí no paraliza. Uno actúa por supervivencia.

–¿Y sigue sintiendo el mismo miedo que la primera vez o logró manejarlo?

–El teatro y la repetición te hacen estar confiado, pero siento una cosita en el estómago.

–¿Y en el cine?

–Sentí miedo al filmar esta película. No sé si voy a sentir miedo cuando la vaya a ver con la gente porque ya está filmada: no hay cambios posibles.

–Su personaje también se pregunta en voz alta frente a sus alumnos qué es triunfar. ¿Qué es el éxito y por dónde pasa para usted?

–Nos hacen creer que el éxito es tener plata, ser famoso. La palabra “fama” la detesto. Es lo peor que he escuchado. Te hacen creer que si tenés minitas, plata y fama está todo bien y no es así. Mi situación con el éxito es tener a mi vieja viva, poder ponerme al servicio del otro, poder ayudar hoy. Tener éxito es hacerle culto a la vida.

–Para Lucas las personas que son felices “no se tienen que acercar al arte porque el arte es para los desesperados”. ¿Cuánto de felicidad y cuánto de de-sesperación tiene su vida artística?

–Por ejemplo, mi espectáculo de dos horas tiene 1 hora y 59 minutos de sufrimiento y desesperación y 30 segundos de aplausos que son la felicidad.

–¿Por qué sufre mientras actúa?

–Que uno haga reír no quiere decir que se ría. A veces disfruto, ¿eh? Pero en otras ocasiones estoy cansado, me duelen los huesos... Exponerme ante mil personas cuando estoy cansado y tener que poner el cuerpo, cantar y dar es doloroso. Pero es un dolor lindo. Hay dolores lindos. Yo siempre digo que no tengo tanto la vocación por actuar sino que lo más fuerte en mi vida es que no puedo dejar de actuar.

–¿Algunos personajes le generan un conflicto interior?

–Este personaje, Lucas, me generó un conflicto interior porque roza con muchas cosas mías. Yo le presté mucho a Lucas. De hecho, es la primera composición interna que hago de estas características. Yo siempre compongo externamente. En Viudas hice a una travesti que, si bien era creíble, era una travesti. En el programa Los únicos, con Adrián Suar, tuve que hacer de un traficante colombiano. Y en Un amor... es una composición donde soy yo, pero internamente no. Y toca el amor, que a mí me tocó. Yo fui también un artista independiente en una época. Daba clases de tenis para poder pagarme las clases de teatro. Y también me rozan mucho el dolor, la muerte de un amor. Tocó todo. Hacer este personaje fue muy rico pero muy doloroso.

–Lucas también dice que las personas en el escenario “son un reflejo de lo que son en la vida”. ¿Comparte esto o la obra es independiente del artista?

–Vida y obra van de la mano. Lo dice Sabina en su libro En carne viva. No tengo dudas. Yo empecé a crecer como actor el día que crecí en la vida. No van en forma separada. Es imposible.

–En el cine todo empieza con un guión. Usted, que trabaja con el humor, ¿qué grado de importancia le otorga a la espontaneidad? ¿Nota que hay espacio para la improvisación en la pantalla grande?

–Hay menos. Hay que respetar algunas cuestiones porque si no te vas a la mierda. Pero cuando se prende la cámara suceden cosas y hay que dejarse afectar por lo que pasa, sobre todo con el otro, porque en el cine se actúa con otro. Y eso está bueno porque el otro te devuelve algo que no sabés en la previa que va a suceder, aunque lo hayas ensayado. Está bueno dejarse afectar. A veces, no es necesario improvisar y cambiar lo que uno dice sino lo que uno siente.

–¿Cómo es el Martín Bossi sin la máscara de ningún personaje? ¿Es de reírse de usted mismo?

–Sí. No sé si soy muy divertido. Trato de mantenerme al margen, correrme del eje cuando no estoy trabajando como, por ejemplo, mirar la ciudad de noche, estar callado en asados. Me gusta mucho mirar, hacer deporte. Ahora aprendí a vivir mejor. No tengo que demostrar nada. Ya está, estoy conforme con lo que soy y no tengo que salir a decir: “Soy gracioso, me levanto minas, juego bien de 5, juego al tenis”. Ya está.

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“Hacer este personaje fue muy rico pero muy doloroso”, admite Martín Bossi.
Imagen: Dafne Gentinetta
 
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