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Domingo, 30 de noviembre de 2014

CINE › PANORAMA ACTUAL DEL CINE DE GéNERO EN LA ARGENTINA

Una pasión que crece a pura sangre

Mientras el festival Buenos Aires Rojo Sangre crece, cada vez hay más estrenos argentinos que convocan a miles de espectadores. Los directores celebran la apertura al género del Incaa, que con el programa Bloody Window promueve la exportación.

 Por Andrés Valenzuela

Un fantasma recorre el cine argentino. Bueno, no sólo uno: en realidad en el cine argentino empiezan a abundar los espectros, aparecidos, seres infernales, humanos y otras criaturas terroríficas. Es que el cine de género –verbigracia: el de terror, fantástico y similares– crece a paso firme desde hace varios años. A poco del cierre del Buenos Aires Rojo Sangre –el festival insignia del sector, que celebró su edición número quince–, con mayor duración y gran asistencia de público al complejo Monumental Lavalle, la ocasión es propicia para ver en qué anda este espacio del celuloide nacional.

Algunos datos concretos ayudan a poner en perspectiva la cuestión: el año pasado Sudor frío duró en cartel cuatro semanas y convocó a 80 mil espectadores. Cuando ese film de Adrián García Bogliano llegó a la pantalla de Telefe, dominó la trasnoche con más de 4 puntos de rating. Es decir, la vieron 400 mil personas. El público que atraen estos films –de factura nacional– a las salas de cine comerciales arranca en los 10 a 20 mil espectadores. Un piso de público interesante, considerando las dificultades y la poca visibilidad que enfrenta el cine nacional menos promovido por los grandes medios. Prácticamente todos los cultores del género recitan de memoria las fechas de estreno de las futuras películas (la más reciente fue Día de los muertos, de Ezio Massa), felices de ver su pasión con presencia creciente. Además, celebran el cambio de política del Incaa, que pasó de ignorar el cine de género a apoyarlo activamente, no sólo subsidiando películas, sino buscando nuevos mercados con el programa Bloody Window.

¿Qué piensan los creadores? Ven un público creciente, aunque todavía con prejuicios respecto de la calidad de las producciones nacionales. Pero también consideran que el acento que ponen los directores en preocuparse por el espectador puede ser una baza ganadora para romper con la reticencia. La tecnología ayuda a mejorar las producciones desde lo técnico, coinciden, pero lamentan que las escuelas de cine sigan ignorando la disciplina.

Butacas ocupadas (y cómo llenarlas)

“En relación con el BARS, diría que el cadáver del género goza de buena salud y es el mejor zombie que hemos tenido en años”, festeja Daniel de la Vega. El cineasta refleja el momento en la “proliferación de directores” y una “cantidad de espectadores impresionante que crece año a año”. Su propia Necrofobia (2014) supo atraer 15 mil espectadores a las salas y hasta se proyectó en 3D. “Hay un público que asiste a ver pelis de género argentinas, nos consolidamos y se vienen muchas por estrenar”, anima.

Sus colegas coinciden, aunque con matices. Mariano Ca-ttaneo, creador de Incidente (2011) y la inminente Corazón muerto, advierte que lo más difícil sigue siendo “sumergirse en la gente”, ya que “el espectador argentino no está acostumbrado al cine de género en español”. Aunque el prejuicio va camino a romperse, aún queda mucho trabajo por delante. “La primera película es rara, la segunda también, pero si hay diez, el espectador ya presta atención a la historia y abandona el prejuicio”, considera. Sin excepción, sus colegas acuerdan en que es fundamental que haya más producción nacional en las salas.

Aunque el sector crece, nadie se anima a llamarlo “industria”. Falta, admiten, y aunque todos coinciden en que hay que filmar más películas, cada uno ofrece una mirada distinta sobre los obstáculos a superar o las circunstancias que podrían empujar al sector. “No creo que haya una industria de nuestro tipo de cine como puede haberla de comedias románticas con el apoyo de canales de TV”, opina Gabriel Grieco, quien presentó en el BARS Naturaleza muerta. La mayor apertura de público y del Incaa todavía no se tradujo en valentía de inversores privados, advierte.

Javier Diment retoma la cuestión del apoyo de los canales de televisión y considera que no tiene sentido separar al cine de terror de otros géneros. A nivel industrial, “la división es cine con y sin apoyo de Telefe y Canal 13”, dispara. “La posibilidad de vender arriba de 100 mil localidades no depende del género, sino de la distribución y si esos canales apoyan a la película”. Pese a ello, Diment reconoce que en el circuito plenamente independiente el cine que antes era para un gueto ahora “funciona muy bien” y que está desplazando a otras expresiones. “Encuentra lugares que antes no tenía y vende de 10 a 40 mil entradas.”

“El cine de terror es exitoso en todo el mundo y es rentable porque no depende de una estrella. El cine de terror no necesita a Mel Gibson, se vende solo, y eso estaría bueno que lo entiendan los productores acá”, considera Cattaneo. El cineasta también celebra que los productores y directores que se dedican a asustar en pantalla grande también se interesen por la promoción de la película, aun cuando todavía no puedan acceder a spots en televisión. “Hay una preocupación por cómo vender la película, por usar las redes sociales, por hacer un póster atractivo, al menos”, considera, y recuerda la época en que los afiches de cine argentino se limitaban a pegar un fotograma, el título de la película en tipografía Arial y no mucho más. “¿Cómo querías que alguien fuera a verte, así?”, inquiere.

Un hit (entre las cejas)

“Para mí, falta la película que sea como el Relatos salvajes del cine de terror, una en la que el público confíe ciegamente y sea el megaéxito del género”, opina Grieco. “Todavía una señora mayor no va a ver con la misma confianza una comedia, un drama o una película de género. Sigue habiendo un poco de rechazo, el prejuicio de creer que no va a tener la misma calidad que otras, o que es sólo una bizarreada.” Para Cattaneo, “la continuidad es lo que va a imponer el género” y simplemente hay que dejar que éste siga acumulando gente. “Obviamente, hay que hacer películas que cuenten algo e incluyan al espectador, pensar qué quiere ver, que en la película veas al autor y al espectador”, considera, y ofrece el caso español. “En los ‘90, allá hacían un cine más como el nuestro, muy contemplativo, hasta que la pegó una película y hoy hay cine de género en toda España. Creo que de acá a cinco años el espectador argentino va a tener recontra asumido que es común ver una película de terror o fantasía argentina.”

Juan Manuel La Volpe forma parte de VideoFilms, una pequeña distribuidora de DVD, refugio del cine fantástico argentino. En su canal de YouTube se pueden ver algunas de las pelis de los últimos años, pero también va con sus compañeros a un montón de eventos, tanto específicos como afines al mundillo de la cultura under, emergente o autogestiva. Desde esa posición, con un pie adentro del sector y otro fuera, La Volpe entiende que el buen momento actual es fruto del trabajo de años de los directores que hoy triunfan, los Cattaneo, los Loretti, los De la Vega. “Ellos trabajan con un presupuesto más grande, con estrenos comerciales y llegan a salas, están haciendo pasos que fuera del país ya están dados”, analiza. Y destaca el caso de Necrofobia, que encontró un lugar en las salas 3D, hecho inédito para los directores locales más allá de alguna experiencia puntual de dibujos animados muy comerciales y con grandes presupuestos.

“La clave es culturizar al espectador”, afirma La Volpe. “Muchas veces pasa que con este cine la gente no se acerca porque piensa que por ser argentino es berreta o una bizarreada, pero eso se va a superar a medida que se vea más en los diarios y en los cines.” Desde su trinchera, la distribuidora apunta a mezclar públicos. “En el catálogo incluimos webseries y documentales, y eso hace que los que entran por un lado descubran otra producción argentina”, destaca.

Los chicos del futuro

“Que estos tipos grosos estén llegando a estrenos comerciales sirve para los que recién comienzan y hacen sus primeros cortos para el BARS”, opina La Volpe. “Hace veinte años, este cine se hacía por amor; ahora también, pero antes no podías soñar con tener un presupuesto para tu película ideal. Ahora, los pibes que empiezan ven que pueden llegar.” El buen ejemplo cunde, en especial cuando los que recién arrancan ven en los más veteranos voces que pueden distinguirse. “Lo importante es agarrar el género pero con la visión de cada director, con la impronta propia para hacerlo local –evalúa Grieco–. En Estados Unidos hacen siempre lo mismo porque ya tienen el mercado armado, pero les aparece un De la Vega haciendo algo distinto y les llama la atención.”

Que esos mismos chicos que arrancan tengan cómo formarse también es una preocupación. Las escuelas de cine rara vez prestan atención a las películas de género, lamentan los consultados. Quizá por eso, el productor Hernán Moyano y la especialista Carina Rodríguez convocaron a colegas de toda Latinoamérica para conformar un Manual de cine de género, que llegará en 2015. Grieco advierte que “ciertos sectores de vieja escuela” de productores y guionistas son renuentes al cine de género. En contraste, destaca iniciativas como Bloody Window o BWIP. “Hay un recambio generacional, y estos apoyos son importantes para que la gente cambie la visión sobre el género”, apunta. Y promete: “Se viene una apertura de otra gente”.

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Necrofobia logró atraer este año a 15 mil espectadores a las salas y hasta se proyectó en 3D.
 
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