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Jueves, 8 de enero de 2015

CINE › SIN CONTROL, DE CHAD STAHELSKI, PROTAGONIZADA POR KEANU REEVES

Todo iba bien hasta que mataron al Bobby

 Por Ezequiel Boetti

El malvado, malvadísimo jefe de la mafia rusa (Michael Nyqvist), se dispone a saldar una traición matando a su víctima, indefensa en el piso después de un último intento de supervivencia. Lo hace disparándole dos balazos en el pecho. Una vez consumada la venganza, y cuando todo hace pensar en un corte, la cámara sigue sosteniendo el plano durante un par de segundos hasta que el silencio es interrumpido con una –otra– ráfaga de disparos. El desprejuicio, la deliberada estilización e incluso cierta comicidad subrepticia de la escena se corresponden al tono general de Sin control, regreso a los primeros planos de Keanu Reeves después de la fallida 47 ronin. Es que la enésima propuesta de acción del último lustro centrada en la venganza de un hombre ajado por su pasado y embutido en un presente poco alentador se diferencia del resto de la manada por el tratamiento que dispensa a los lugares comunes del género, recorriéndolos ya no con un respecto marcado por lo circunspecto y ominoso (ver Caminando entre tumbas, la última de Liam Neeson), sino evidenciándolos mediante su amplificación.

Opera prima del veterano doble de riesgo Chad Stahelski, quien aquí dobla al propio Reeves, Sin control arranca con la muerte de la mujer del John Wick del título original. Triste y solitario, parco e inexpresivo como sólo un actor inmutable como la estrella de Matrix podría interpretarlo, circula por las calles nocturnas –todas bien azuladas, cortesía de los neones ubicuos– aquejado por el dolor de su pérdida. El único consuelo es un perrito legado por ella justo antes de partir. Una casualidad de guión hará el resto: el hijo díscolo del capomafia rojo lo ve cargándole nafta a su Mustang y se dispone a todo con tal de tenerlo, incluso ir hasta su propia casa para robárselo. Claro que él no sabía que Wick era un ex empleado de papá retirado del negocio debido a su caída en las bondades del amor, por lo que boletear al cachorro por pura saña no fue la mejor de las ideas.

Así, el hitman volverá al ruedo en un raid vengativo motorizado por la que quizá sea la excusa más inverosímil de este tipo de películas en años, mientras que, desde el otro lado, una horda de mercenarios arranca la cacería. Tanto o más coreografiado que un ballet de Bolshoi, el resultado es un exponente orgullosamente básico, berreta incluso, que remite a los trabajos de John Woo de la década antepasada, tomando su estructura narrativa de Hard Target. Tal como ocurría en aquella película, Sin control dispensa no más de media hora a la asignación de roles de cada uno de sus personajes para después dedicarse a mostrarlos tiroteándose y revoleándose piñas y patadas en una escalada violenta cada plano más sanguinaria, convirtiéndose así en un juego de gato y ratón maximizado a la enésima potencia.

7-SIN CONTROL

(John Wick, Estados Unidos/2014)

Dirección: Chad Stahelski

Guión: Derek Kolstad

Música: Tyler Bates y Joel Richard

Fotografía: Jonathan Sela

Duración: 101 minutos

Intérpretes: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Willem Dafoe, Alfie Allen, John Leguizamo e Ian McShane.

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