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Sábado, 18 de abril de 2015

CINE › THEEB, DE NAJI ABU NOWAR, Y TRANSEUNTES, DE LUIS ALLER, EN LA COMPETENCIA INTERNACIONAL

Del clasicismo a la experimentación

En Theeb, el paisaje desértico empuja a un baqueano, su hijo y un soldado inglés a tomar más de una decisión importante. En cambio, el film español es un implacable bombardeo de imágenes y sonidos que conforma un collage tamaño XXL de la ciudad de Barcelona.

Clasicismo y experimentación. Eso es lo que ofrecieron, en dosis significativas, los dos largometrajes presentados ayer en la Competencia Internacional baficiana, nueva muestra de la enorme variedad de estilos y ambiciones de los títulos que la integran. Amén de una diversidad de paisajes –urbanos y todo lo contrario– registrados por los realizadores como una parte esencial de los relatos, casi como si se tratara de un personaje más. Eso es precisamente lo que logra Naji Abu Nowar en su ópera prima Theeb, que ya circuló por una docena de festivales internacionales luego de su estreno mundial el año pasado en el Festival de Venecia (donde obtuvo el premio al Mejor Director en la sección Orizzonti): que el paisaje moldee, impregne y empuje a los protagonistas de la historia a tomar más de una decisión importante. Que esos panoramas –registrados por la cámara en el más ancho de los formatos– sean los del desierto del Hiyaz, en el antiguo Imperio Otomano, hoy Arabia Saudita (en realidad, el film fue rodado en locaciones de Jordania) y durante la Primera Guerra Mundial, puede darle al lector una idea de los peligros que acecharán a los hombres que intentan atravesarlo montados en sus camellos.

Auténtica coproducción internacional (Jordania, Emiratos Arabes, Qatar y el Reino Unido) y con un realizador de origen árabe nacido en Inglaterra, Theeb remite a más de un clásico del cine de aventuras desérticas, pero en sus pliegues narrativos esconde filiaciones que llegan hasta el spaghetti western y a las películas de supervivencia en medios hostiles en general. Es un logro del realizador y guionista que en la historia se cuelen además jirones de la Historia con mayúsculas, con un pueblo (los beduinos) atravesando el fin de una era y el comienzo de otra, zarandeado por los vaivenes del colonialismo y la política de los países occidentales. El resto es placer y tensión narrativa y visual: un baqueano y su pequeño hijo (el Theeb del título, “lobo” en idioma árabe) acompañando a un soldado inglés en territorio inhóspito, la amenaza de la falta de agua y comida, un grupo de feroces bandidos del desierto, la posibilidad cierta de la muerte a cada paso, la imposible relación entre el pequeño lobo y un compañero de viaje inesperado. Digno exponente de un cine que ya casi no se practica, Theeb es un oasis de clasicismo bien entendido y un film disfrutable de principio a fin.

Casi en los antípodas estilísticos, la española Transeúntes (segundo film de ese origen en competencia) se juega, en sus casi cien minutos de proyección, a la experimentación formal más extrema, centrada esencialmente en su edición, cultora del jump cut y el choque de opuestos y equivalencias. Como una cruza del Godard más radical y las enseñanzas del montajismo según Vertov, el segundo largometraje de Luis Aller (conocido por varias generaciones de estudiantes como el director de la escuela de cine barcelonesa Bande à Part), parece armado en base a cortometrajes nunca terminados, tomas de descarte y otras clases de materiales y proyectos. Si ése fuera el caso, se trataría de un caso atípico de película de found footage donde el metraje no ha sido buscado y encontrado sino rodado por el propio realizador (según afirma el catálogo del Bafici, a lo largo de más de veinte años). Otra opción, por supuesto, es que Aller haya ido filmando y acopiando material todos esos años con una idea relativamente clara de qué forma tendría el proyecto final. En cualquiera de los dos casos, Transeúntes sólo puede ser descripto como un implacable bombardeo de imágenes y sonidos que nunca cesa, entrelazando todo el tiempo tres y hasta cuatro tramas narrativas (ínfimas, las más de las veces), a los cuales se agregan imágenes de las calles de Barcelona y algún que otro fragmento documental o noticioso.

Por momentos estimulante y alucinada, como una potente droga audiovisual, en otras instancias cansina y cansadora, logra instantes de pura poesía barroca cuando alcanza a construir algo parecido a un mosaico urbano. Es entonces un collage tamaño XXL de una ciudad, una visión a la distancia de un universo en el cual cohabitan millones de seres diversos, con sus placeres y dolores cotidianos, sus miserias y virtudes íntimas y colectivas. La inyección de ideas acerca del estado de la sociedad barcelonesa y española a partir de un puñado de pinceladas (el desempleo, la inmigración y los sin hogar son algunas de las problemáticas que el film escenifica de manera más o menos transversal) se sienten en el último tramo como un elemento forzado en la pintura general, un minitratado sobre los males del capitalismo un tanto elemental. De todas formas, esas caídas en el trazo no tan fino de la pintura social no terminan de lastrar en su totalidad los logros formales de Transeúntes, que parece llenar en la Competencia Internacional de este 17 Bafici el mismo casillero que el año pasado ocupara la también española y furiosamente experimental El futuro.

* Theeb se exhibe hoy a las 15.20 en el Village Recoleta 6 y el lunes 20 a las 13.20 en el Village Caballito 4.

* Transeúntes se exhibe hoy a las 17.15 en el Village Recoleta 5 y el lunes 20 a las 15.30 en el Artemultiplex Belgrano 3.

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Theeb obtuvo el premio al Mejor Director en la sección Orizzonti del Festival del Venecia.
 
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