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Domingo, 24 de mayo de 2015

CINE › EL FILM ARGENTINO LA PATOTA VOLVIO A GANAR OTRO PREMIO EN EL FESTIVAL

La crítica tiene debilidad por “Paulina”

La película dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Dolores Fonzi, que el jueves pasado ya había ganado el premio principal de la Semaine de la Critique, ayer hizo doblete y se llevó también el de la Fipresci, que agrupa a la crítica internacional.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Cannes

Y La patota hizo doblete. Después de haber ganado, el jueves pasado, el premio principal de la Semana de la Crítica, la sección paralela del Festival de Cannes organizada por el Syndicat Français de la Critique de Cinéma, ayer la película dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Dolores Fonzi tuvo otra alegría de parte de los críticos. Se llevó el premio Fipresci (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) a la mejor película en una sección no oficial. El jurado estuvo integrado por nueve críticos de las más diversas nacionalidades –Brasil, India, Francia, Dinamarca, Reino Unido, Egipto, Hong Kong y Turquía– lo que puede dar una medida de la universalidad del film, que ya había recibido excelentes comentarios tanto en la prensa francesa como en los trade papers de Hollywood. El de La patota es también el segundo premio consecutivo que recibe el cine argentino por parte de la Fipresci, que el año pasado ya había reconocido a Jauja, de Lisandro Alonso, como uno de los mejores films de la edición anterior del Festival de Cannes.

De inminente estreno en Argentina, donde se verá a partir del jueves 18 de junio, La patota –que para su distribución internacional se titula como su protagonista, Paulina, por la dificultad de traducir el término original– es el segundo largometraje de Santiago Mitre después de El estudiante (2011), ganador de uno de los premios mayores del Festival de Locarno y que en Buenos Aires no sólo se convirtió en un inesperado éxito de público, sino también en materia permanente de un debate político que todavía no se ha apagado. Pero los elogios de la prensa internacional no fueron solamente para la dirección de Mitre sino también para su protagonista, Dolores Fonzi.

“Hacía falta una actriz extraordinaria para hacer de esta película algo que no fuera simplemente un alegato político en favor de los marginados”, señaló el vespertino Le Monde. Y continuó: “Con infinita generosidad, Dolores Fonzi nos permite comprender el progreso de un pensamiento con el cual la película se materializa”.

Por su parte, el matutino Libération habló de Paulina como “un personaje de una terquedad maravillosamente encarnada por la excelente Dolores Fonzi a través de su mirada siempre tensa”. Sumándose a este coro, la revista especializada The Hollywood Reporter –que durante el festival realiza una edición diaria exclusivamente dedicada a Cannes– publicó: “Conducida por una poderosa interpretación de Dolores Fonzi, Paulina evita las respuestas directas y prefiere una observación que interroga al espectador”. El mismo artículo agrega: “Fonzi cautiva en un papel exigente en el que el personaje restringe sus emociones, incluso en circunstancias dramáticas, manteniendo sus sentimientos inescrutables”.

Con Mitre y Fonzi ya en Buenos Aires, para preparar el lanzamiento local de la película, la productora Agustina Llambí Campbell recibió en nombre del equipo el premio Fipresci y leyó un mensaje de agradecimiento del director, que reconoció en la crítica un interlocutor válido para discutir su cine y amplificar o impugnar el discurso de sus films.

El de La patota no fue ayer el único premio para el cine latinoamericano. La película colombiana El abrazo de la serpiente, que tiene coproducción argentina por parte de MC Producciones, de Marcelo Céspedes, se llevó el premio principal de la sección paralela Quincena de los Realizadores. El film dirigido por Ciro Guerra también había tenido, en los días previos, una excelente repercusión entre la crítica francesa, que destacó no sólo su imponente fotografía en blanco y negro sino también la suerte de “contracampo” que propone el film al cine de Werner Herzog, en la medida en que expone la presencia del hombre blanco en selvas y tierras vírgenes de América del Sur, pero desde el punto de vista de los pueblos aborígenes, tanto que el film está hablado en dialectos indígenas y precisa de subtítulos para su comprensión.

Otro film latinoamericano premiado ayer en Cannes fue el documental Allende mi abuelo Allende, de la directora chilena Marcia Tambutti, nieta del legendario presidente chileno. Exhibido también en la Quincena de los Realizadores, el film de Tambutti se llevó el premio al mejor documental, un galardón que atraviesa transversalmente todas las secciones del festival y que este año se entrega por primera vez. Organizado por la entidad de autores francesa SCAM para darle mayor visibilidad al cine documental, habitualmente eclipsado en Cannes, el premio está dotado de 5000 euros y tuvo un jurado de lujo, presidido por el gran cineasta camboyano Rithy Pahn e integrado por el notable documentalista francés Nicolas Philibert, el crítico estadounidense Scott Foundas, la productora siria Diane El Jeiroudi y la actriz francesa Irene Jacob.

Si la prensa internacional señala como “inescrutables” las decisiones del personaje de Dolores Fonzi en La patota, ni qué decir de las del jurado oficial, presidido por los hermanos Joel y Ethan Coen, para la Palma de Oro al mejor film en concurso, que se entrega en la ceremonia de esta noche. A diferencia de otros años, donde desde el mismo día de su proyección películas como Amour (2012), La vida de Adèle (2013) o Sueño de invierno (2014) ya se instalaban como favoritas a llevarse el premio mayor del festival, esta vez no hay una obra que –más allá de los gustos y pronósticos de todos y cada uno de los festivaliers– haya generado el consenso suficiente como para situarse como candidata infalible.

Si la edición del año pasado sirve como parámetro, puede dar un indicio el premio Fipresci a la mejor película en competencia oficial, que en 2014 fue para la película turca de Nuri Bilge Ceylan, finalmente ganadora también de la Palma de Oro. Y que ayer fue para El hijo de Saúl, la discutida película que el joven director húngaro László Nemes filmó en las antesalas de las cámaras de gas de Auschwitz. La ambición formal del film y la obvia magnitud de su tema hacen del film de Nemes un candidato fuerte a la Palm d’Or. Pero con una contra importante: es el primer largometraje de su director. Por lo cual, muchos apuestan por la Cámara de Oro a la mejor ópera prima, pero descartan sus chances para el premio mayor del festival, donde suelen llevarse la recompensa autores con una amplia trayectoria a cuestas.

Si ése fuera el caso, hay por lo menos tres películas que cumplen con ese requisito y que tuvieron muy buena recepción en el festival: The Assassin, del taiwanés Hou Hsiao-hsien; Carol, del estadounidense Todd Haynes (que puede quedarse con el premio a la mejor actriz para Cate Blanchett); y Mia madre, del italiano Nanni Moretti. Los tres son veteranos de Cannes y Moretti incluso ya tiene una Palma de Oro en su casa en Roma, por La habitación del hijo (2001). Habrá que ver si también él, como La patota, hace doblete.

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Dolores Fonzi es Paulina, protagonista de La patota, segundo largo de Santiago Mitre.
 
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