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Martes, 9 de febrero de 2016

CINE › AMELIA BENCE (1914-2016) FUE MUCHO MáS QUE “LOS OJOS MáS LINDOS DEL MUNDO”

El adiós a una gran actriz argentina

A los 101 años, falleció ayer la protagonista de casi medio centenar de films nacionales, entre ellos auténticos clásicos del llamado “período de oro” del cine local, como La vuelta al nido, Todo un hombre, A sangre fría y la mítica La guerra gaucha.

 Por Karina Micheletto

Los suyos fueron “los ojos más lindos del mundo”, y la suya, una larga carrera de actriz que dejó nombre y marca, sobre todo, en el cine argentino. Ayer, a los 101 años, murió Amelia Bence, figura central de la época de oro del cine argentino, aquella de los grandes estudios y los teléfonos blancos de la década del 40. Convocada por los más importantes directores, participó en casi medio centenar de películas, además de radionovelas, telenovelas y puestas teatrales, incluidos, unos diez años atrás, una obra para chicos del circuito off y el papel de Alfonsina Storni, que durante varias temporadas llevó por los barrios, centros culturales y bibliotecas públicas del país. Sus restos fueron velados ayer en el teatro Cervantes.

Nacida el 13 de noviembre de 1914 en Buenos Aires como María Amelia Batvinik, Bence integró de niña el Teatro Municipal Infantil Lavardén, donde Alfonsina Storni fue su profesora de actuación. Años después ella interpretaría a Alfonsina en una recordada película y en una obra de teatro en la que aparecía una anécdota que protagonizó junto a su entonces profesora. Tenía solo cinco años e interpretaba a un nene que escribía una carta a los Reyes Magos. Al intentar pegar la estampilla mojándola con la lengua, se la tragó. Asustada, se puso a llorar: “¡Vamos, no llore, mocosa! A escena, que usted va a ser actriz”, la había calmado la poetisa. “Ahí, en esa forma estricta de aliento, creo que empezó realmente mi carrera”, recordaba Bence en una entrevista con este diario.

Como solía ocurrir, la familia se oponía a su vocación de actriz. “A los diez años me sacaron del Lavardén porque querían apartarme de este oficio. Yo luché contra esa idea de mi familia y a los doce logré volver”, contaba. Tras esa muy temprana formación, impulsada por las hermanas Berta y Paulina Singerman –que eran vecinas suyas, y se lo sugirieron a la familia–, entró al Conservatorio Nacional de Música y Declamación. Con sólo trece años participó en la comedia musical Wunder Bar, junto a los hermanos Enrique y Armando Discépolo. Enseguida pasó a integrar los elencos de comedias musicales del Teatro Odeón, que dirigía Enrique Susini, de donde pasó a los elencos de Luis Arata, Florencio Parravicini, Francisco Petrone y Mecha Ortiz.

En el cine, Amelia Bence fue la estrella de Los caranchos de la Florida (1938), Nuestra Natacha (1944) o El pecado de Julia (1947), con Alberto Closas, quien fuera el primero de sus tres maridos. Entre sus más de cuarenta films también están La vuelta al nido (1938), Todo un hombre (1943), A sangre fría (1947, dirigida por Daniel Tinayre), En el viejo Buenos Aires (1942), Mi mujer está loca (1952) o la mítica La guerra gaucha (1942). Dos producciones marcaron a fuego, por distintas razones, su carrera: Los ojos más lindos del mundo (1943) y Alfonsina (1957).

“Recuerdo que quisieron maquillarme con la cara de Alfonsina, que tenía una nariz más ancha, los ojos más caídos y sin mentón. Me vi espantosamente mal, y entonces les dije al maquillador y al director: ‘Yo no quiero maquillarme para tratar de transformar mi cara en la de Alfonsina Storni. Voy a llevar el mismo corte de pelo que tenía ella en su época, voy a vestir la misma ropa. Pero voy a hacer el personaje de adentro, no tratando de parecerme físicamente’. Así fue, y teníamos un poco de miedo de que a los críticos les pareciera mal”, contaba la actriz en una nota de este diario sobre aquella interpetación. “Después el mismo hijo de Alfonsina me encontró idéntica, y además recibí un premio a la mejor actriz del año.”

El cine fue de alguna manera su ámbito natural y ella decía que era donde se sentía más cómoda. Pero también se destacó en teatro, en obras como El proceso de Mary Duggan, donde reemplazó a Malvina Pastorino (luego, en la puesta de la temporada en Mar del Plata, tomaría el papel Mirtha Legrand), o en Cartas de amor, que en 1991 la reencontró con Alberto Closas. A partir de 1996 se dedicó a interpretar en teatro a Alfonsina Storni, en una puesta que llevó adelante por varios años y en muchos y muy diversos escenarios. Toda una rareza, en medio de esta extensa y prolífica carrera, fue su participación, en 2003, en Amor invisible, una obra para chicos del circuito off, en la que interpretaba el papel de un hada.

Amelia Bence decía que le gustaba ser llamada “Los ojos más lindos del mundo”, por sus dos luceros verde esmeralda, pero que, si tenía que pensar cómo quería ser recordada, deseaba que su trabajo estuviese primero. Diva del cine argentino en su época de mayor gloria y hada del teatro independiente, transitó con oficio, formación y trabajo su centenaria carrera. Ayer, a los 101 años murió una gran actriz argentina.

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Para Amelia Bence, el cine fue su ámbito natural y ella misma decía que era donde se sentía más cómoda.
 
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