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Domingo, 1 de octubre de 2006

CINE › CARLOS SORIN GANO EL PREMIO ESPECIAL DEL JURADO POR SEGUNDA VEZ

El camino pasó por San Sebastián

El camino de San Diego obtuvo el mismo premio que Historias mínimas. “Me siento como si tuviera una suscripción bianual”, dijo Sorín. La Concha de Oro fue para la iraní Niwemang y la francesa Mon fils à moi.

 Por Horacio Bernades
Desde San Sebastián

Por tercera vez en cuatro años, el cine argentino festeja en grande en San Sebastián. En 2002, Historias mínimas, de Carlos Sorín, ganó el Premio Especial del Jurado, segundo en importancia de los que otorga este festival, después de la Concha de Oro. El año pasado fue el turno de Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer, galardonada con el mismo premio. Y ahora sonó la hora de El camino de San Diego, que también se lleva el Premio Especial del Jurado. Con lo cual Carlos Sorín consuma una pequeña hazaña: ganar dos veces el mismo premio, con sólo cuatro años de diferencia. En cuanto a la Concha de Oro, el Jurado Oficial la repartió este año entre dos films: la iraní Niwemang, de Bahman Ghobadi, y la francesa Mon fils à moi, de Martial Fougeron. Así se cerró la 54ª edición de un festival en el que, está visto, el cine argentino juega casi casi de local. Por si hubiera alguna duda, Una novia errante, de Ana Katz, ganó el primer premio de la sección Cine en construcción, así como recibieron menciones El custodio (en la sección Horizontes) y el corto Trillizas Propaganda, de Fernando Salem, que compitió en el Encuentro Internacional de Escuelas de Cine, celebrado en el marco del festival.

Si Donostia mira con buenos ojos al cine argentino, la relación que mantiene con Carlos Sorín tiene visos de historia de amor, teniendo en cuenta que El perro había ganado también, hace dos años, el premio de la crítica internacional. “Me siento como si tuviera una suscripción bianual”, dijo entre risas Sorín a Página/12, en el momento en que bajó del taxi que lo traía del aeropuerto, entre flashazos de un ejército de fotógrafos. Presente durante los primeros días del festival, Sorín había partido a París tras la presentación de El camino de San Diego, retornando a esta ciudad cantábrica ayer a la tarde, tras anunciarse el palmarés oficial de San Sebastián. “¿Le dedica el premio a Maradona?”, preguntó un periodista español. “Se lo dedico a mi papá, que ayer cumplió 90 años, y a mi nieto, que va a nacer en unos días”, respondió un Sorín de sonrisa cada vez más grande. “En París me compré dos botellas de champán”, confió en un aparte a Página/12. “Un champán del montón, por si ganaba algo, y uno bueno, por si perdía. Me tomé los dos.”

Aunque desde un primer momento estuvo bien posicionada en la tabla de calificaciones que publica diariamente El Diario Vasco, y que recoge la opinión de nueve medios españoles, El camino de San Diego no aparecía, en las especulaciones previas, como una de las más fuertes candidatas. Tanto entre la crítica como entre el público su recepción había oscilado de lo cálido a lo tibio. Pero ya se sabe que no hay jurado en el mundo que responda a las previsiones, y el que presidió este año Jeanne Moreau, y que tuvo a José Saramago por eminencia gris, no fue la excepción. “Aunque en el mundo ya no haya héroes, el protagonista de El camino de San Diego, a su manera, lo es”, leyó, a modo de inusual justificación del Premio Especial, una de las integrantes del jurado oficial. Jurado que en su palmarés decidió ignorar olímpicamente a Copying Beethoven, ladrillo histórico que punteó el favoritismo de crítica y público, así como premió (y por partida doble) a dos películas no del todo apreciadas aquí, como fueron la iraní y la francesa. A sus respectivas Conchas de Oro, ambas sumaron la de Mejor Actriz para Natalie Baye (protagonista de Mon fils à moi) y Mejor Fotografía para Niwemang, cuyo título de distribución internacional es Half Moon. Otros dos galardones se llevó el realizador indie estadounidense Tom Di Cillo, premiado como Mejor Director y Mejor Guionista por la simpática y cáustica Delirious.

La otra tradición local que el jurado honró con matemática precisión fue la de no darles la más mínima bolilla a las mejores películas presentadas en competencia. Por orden de méritos, se trata de la coreana The Old Garden, de Im Sang-soo; la japonesa Hana, de Hirokazu Kore-eda y el magnífico documental Forever, dirigido por la realizadora peruana –radicada en Holanda– Heddy Honigmann. En cuanto a los otros galardones obtenidos por el cine argentino en esta 54ª edición de San Sebastián, de más está decir que ayudan a sus respectivos realizadores, y no sólo como mera palmadita en el hombro. El premio de Cine en Construcción permitirá a Ana Katz terminar Una novia errante (y seguramente presentarla el año próximo aquí, una vez concluida), así como es muy posible que la empresa Panavisión facilite a Fernando Salem, director del corto Trillizas Propaganda, cámaras para filmar su primer largometraje. Por su parte, El camino de San Diego tiene estreno asegurado en España, el mes próximo. No sólo de premios viven las películas, en festivales como éste.

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El camino... es la historia de Tati y un tronco igual a Maradona.
 
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