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Jueves, 5 de octubre de 2006

CINE › “EL VIENTO QUE ACARICIA EL PRADO”, DE KEN LOACH

Tierra y libertad a la irlandesa

La nueva película del director de Agenda secreta viene de ganar la Palma de Oro del Festival de Cannes con su historia de dos hermanos enfrentados en el marco de la independencia de Irlanda.

 Por Luciano Monteagudo

Desde 1970, cuando se presentó por primera vez en la Croisette con la legendaria Kes, en una de las secciones paralelas, el director británico Ken Loach estuvo en trece oportunidades en el Festival de Cannes, ocho de ellas en competencia oficial. Dos veces –en 1990 por Agenda secreta y en 1993 por Como caídos del cielo– se llevó el Prix du Jury, que nunca fue considerado uno de los principales. Y en mayo pasado, con El viento que acaricia el prado –un título inspirado en un poema del irlandés Robert Dwyer Joyce, que habla de los vientos que agitan los campos de cebada de Irlanda y forjan el espíritu de su gente– consiguió, por fin, la codiciada Palma de Oro.

Después de algún paso en falso, como fue Ae Fond Kiss (2004), una comedia romántica con intenciones sociales que no llegó a estrenarse en Argentina, en The Wind that Shakes the Barley Loach y su guionista habitual, Paul Laverty, vuelven a los temas que mejor conocen y desarrollan: las luchas por la libertad, las encrucijadas políticas, las eternas, trágicas divisiones del campo popular. En este sentido, la nueva película de ambos se interna en una zona particularmente crítica, de fuertes ecos contemporáneos: los comienzos del movimiento independentista en Irlanda, allá por 1920, cuando lejos de Dublín se forman las primeras facciones del Ejército Republicano Irlandés (IRA), para resistir la masiva ocupación territorial y los abusos de las tropas británicas.

No es la primera vez, por cierto, que Loach se manifiesta contra la presencia colonial inglesa en Irlanda. En los años ’70, cuando buscó refugio en la televisión, tuvo más de un encontronazo con la BBC, que le censuró un proyecto sobre el tema (en la serie The Wednesday Play) y a duras penas le autorizó el episodio irlandés del programa Days of Hope. Obstinado, consecuente con sus convicciones, volvió a la carga con este asunto particularmente sensible para los ingleses en Agenda secreta, la película que en 1990 relanzó su carrera como cineasta. Pero si en aquella oportunidad se trataba de un film contemporáneo, casi de urgencia, aquí el director de Riff-Raff mira hacia atrás y se vuelca hacia el pasado para intentar comprender –el cine siempre se puede concebir como un medio de conocimiento– cómo y por qué Irlanda terminó dividida y de qué manera se originó un conflicto que, después de casi un siglo, aún está muy lejos de cerrarse.

Con la guerra por la independencia como contexto, el film de Loach se concentra en la relación de dos hermanos: Damien (Cillian Murphy), que después de profundas dudas sacrifica su carrera como médico para abrazar la causa irlandesa, y Teddy (Pádraic Delaney), que desde un comienzo se lanza a luchar contra la ocupación británica y termina enfrentado a su propio hermano, cuando adhiere a la controvertida tregua que firma Michael Collins en representación de un sector republicano, permitiendo una soberanía compartida con los ingleses.

“Al abandonar parte de su imperio, el poder colonial británico siempre se las ingenió para mantener intactos sus intereses estratégicos. Esa fue la astucia de gente como Churchill y Lloyd George”, afirmó Loach en Cannes. “Cuando fueron arrinconados, cuando no estaba entre sus prioridades seguir negando la independencia, buscaron dividir el país y dieron su apoyo a aquellos en el movimiento independentista que estaban dispuestos a permitir que el poder económico siguiera en las mismas manos de siempre, aquellos con quienes pudieran seguir haciendo buenos negocios.” En este sentido, el film de Loach –y él mismo se ocupó de resaltarlo– no debe ser leído solamente en relación con la situación irlandesa, sino también como un espejo de lo que puede llegar a suceder cuando comiencen a retirarse de Irak las tropas de la intervención anglo-estadounidense.

Esta manera de entender el presente a partir de episodios del pasado no es nueva para Loach, que ya dio una clase magistral sobre el tema con Tierra y libertad, su lúcida visión de las escisiones del campo popular durante la Guerra Civil Española. Como en aquel film, ahora en El viento que acaricia el prado Loach también trabaja con improvisaciones colectivas, en las que los actores discuten espontáneamente los caminos a seguir en tumultuosas asambleas, que le dan al film una verdad infrecuente en este tipo de reconstrucciones históricas. Ese mural que va pintando el director tiene por protagonistas a los hombres, lanzados a la guerra, pero se diría, sin embargo, que Loach reserva los momentos de mayor nobleza para las mujeres que los impulsan y acompañan.

No todo el relato alcanza la misma intensidad y hay algunos tramos (sobre todo al comienzo) algo estereotipados en su representación del opresor británico y demasiado didácticos en su recreación del nacimiento del IRA. Pero cuando hacia el final Loach se interna en el conflicto de conciencia de esos dos hermanos, que deben resolver no sólo dilemas políticos, sino sobre todo de orden moral (“Estudié medicina y ahora le pego un tiro en la cabeza a este hombre... Espero que Irlanda valga la pena”, se pregunta Damien), su película alcanza la altura de sus mejores trabajos.

8-EL VIENTO QUE ACARICIA EL PRADO

The Wind That Shakes the Barley, Gran Bretaña, 2006.

Dirección: Ken Loach

Guión: Paul Laverty

Intérpretes: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunningham.

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Loach vuelve a los temas que mejor conoce: las encrucijadas políticas y divisiones del campo popular.
 
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