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Jueves, 22 de septiembre de 2005

CINE › “MACHUCA”, RADIOGRAFIA DE LOS TIEMPOS DE LA UNIDAD POPULAR

Cuando Chile estaba dividido en dos

La película de Andrés Wood, uno de los directores más representativos de su país, narra la historia de tres chicos de distinta extracción social en Chile hacia 1973, cuando estaba a punto de caer el gobierno de Allende.

 Por Luciano Monteagudo

Desde que se dio a conocer en 1997 con Historias de fútbol, un largometraje en tres episodios que abordaban la realidad chilena desde una perspectiva infrecuente, el director Andrés Wood (Santiago, 1965; formado en cine en la Universidad de Nueva York) se convirtió en uno de los realizadores más interesantes de su país. Y con Machuca, estrenada en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes del año pasado, Wood entrega su film más maduro, una radiografía de Chile en 1973, cuando el país vivía un clima de abierto enfrentamiento social, con las fuerzas populares lideradas por Salvador Allende a punto de ser expulsadas del poder por el golpe militar de Pinochet, con el apoyo de las clases más acomodadas.
Lo singular de Machuca es el punto de vista si no autobiográfico al menos confesional que el director elige para narrar ese proceso. El propio Wood ha declarado que su película está basada en “sensaciones de esa época, estados de ánimo, recuerdos fragmentados” y él mismo vivió algo de esa experiencia que ahora narra en el film. Gonzalo Infante (Matías Quer) es un chico de once años, de clase media alta, que asiste a un colegio privado y bilingüe de las afueras de Santiago, revolucionado cuando el director –el progresista Padre McEnroe (Ernesto Malbrán)– decide abrirlo a algunos chicos sin recursos de un barrio cercano.
De esa manera, Gonzalo conoce a Machuca (Ariel Mateluna), un compañero de clases que le abrirá los ojos a un mundo nuevo, desconocido, a pesar de haberlo tenido siempre a la vuelta de la esquina. Y será a través de Machuca que Gonzalo encontrará al primer amor de su vida, Silvana, una chica vital y desprejuiciada, a cargo de Manuela Martelli, la revelación del cine chileno actual (que ya cruzó la frontera y tiene un personaje protagónico en Como un avión estrellado, la nueva película del argentino Ezequiel Acuña).
De la mano de Machuca y de Silvana, Gonzalo se verá envuelto de pronto, casi sin darse cuenta, en el vértigo de una manifestación de la Unidad Popular, en un mar de banderas y alegría que no tardará en ser sofocada cuando comience a profundizarse la grieta que divide a la sociedad chilena y se aproxime la sombra siniestra del golpe militar.
A diferencia de Imagen latente (1988), de Pablo Perelman, la primera película chilena que abordó la era de la dictadura y elegía un lenguaje más complejo, casi laberíntico, Machuca prefiere en cambio una narrativa lineal, transparente, quizá por momentos demasiado plana, a la que se le extrañan algunos relieves. Por otra parte, la participación de Federico Luppi, en un personaje secundario, no está demasiado justificada, más allá de las necesidades propias de cualquier coproducción. Pero finalmente son los tres chicos quienes aportan a la película su frescura y su espontaneidad, que compensa algunas convencionalidades y acartonamientos del relato. Es en esos chicos, también, donde aparece un tema central del film: la orfandad de unos y otros, como si la sociedad chilena toda –los de arriba y los de abajo– se hubieran desentendido de sus hijos en un momento clave de su historia.


7-MACHUCA
Chile, 2004.
Dirección: Andrés Wood.
Guión: Roberto Brodsky, Mamoun Asan y Andrés Wood.
Fotografía: Miguel J. Littin.
Música: José Miguel Miranda, José Miguel Tobar.
Intérpretes: Matías Quer, Ariel Mateluna, Manuela Martelli, Aline Kuppenheim, Ernesto Malbrán, Federico Luppi.

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Matías Quer y Manuela Martelli en Machuca: el fin de la inocencia.
 
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