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Jueves, 22 de septiembre de 2005

CINE › “HABITACION DISPONIBLE”

Un blues para un cuarto de hotel

El documental de Eva Poncet, Marcelo Burd y Diego Gachassin retrata con sensibilidad el mundo de los inmigrantes.

 Por DIEGO BRODERSEN

Cuenta la leyenda que un productor español, luego de asistir a la proyección de un film argentino durante cierto festival internacional, le comentó a su director que la película no era “lo suficientemente argentina”, porque no incluía ningún comentario referente a la situación económica. La anécdota, más allá de su trivialidad, remite a un dato indiscutible de la realidad: las imágenes y sonidos de diciembre de 2001, sus causas y consecuencias, el antes y el después ya se han posicionado como el símbolo más reciente de los eternos malestares de nuestro ser nacional. Y en el novedoso paradigma del cine argentino reciente, en particular para los productores, distribuidores y espectadores del Primer Mundo. Así, decenas de largometrajes de ficción y no ficción han intentado dar cuenta, con mayor o menor éxito, de los profundos cambios económicos, sociales y culturales de nuestro país.
El documental Habitación disponible reúne a tres directores, dos de ellos debutantes, detrás de cámara y a tres inmigrantes de diferentes orígenes delante de ella, en un intento de abordaje de tres realidades relacionadas con la Argentina de los últimos años. Lejos de cualquier intención épica o del deseo por describir la totalidad del fenómeno, el film se concentra en tres pequeños árboles que permiten inducir o, al menos imaginar, la inmensidad del bosque. Diego Gachassin ya había tocado el tema de los inmigrantes en su primer largometraje, Vladimir en Buenos Aires, donde contó con la colaboración de Poncet y Burd, codirectores de este nuevo esfuerzo. Pero donde aquella pieza de ficción se veía entrampada en los pantanos del costumbrismo, el registro documental de Habitación disponible se amolda a los tiempos y tonos de sus sujetos, dejando que sea su propia respiración la que dicte los vaivenes de la narración.
La primera imagen es la de una larga caminata nocturna por Avenida de Mayo y calles aledañas, mientras las cacerolas ahí en la Plaza van apagando su furibundo repiqueteo con cada nuevo paso. La que camina es Natasha, psicóloga y cantante ucraniana que, junto a su esposo y su hijo, intenta sobrevivir en una Buenos Aires alejada de las expectativas previas al viaje, vendiendo café al paso y aceptando alguna que otra “clienta” para analizar. En ese rostro se adivinan la frustración, el desencanto, el miedo y la esperanza. Lo mismo puede decirse de Giuliana, una ingeniera peruana transformada en “señora que limpia”, dependienta en la casa de un juez retirado dueño de una sobreactuada misoginia (un personaje secundario irresistible, verdadero hallazgo casual de los documentalistas). Dicho sea de paso, en ese vis-a-vis cotidiano entre empleada y empleador es posible asistir al enfrentamiento entre los ideales y las realidades de Latinoamérica, sin necesidad de aclaraciones o subrayados, otro logro para nada menor del film.
El trío de inmigrantes se completa con Fabio, músico paraguayo que logró insertarse laboralmente en una pequeña empresa inmobiliaria. La distancia con el resto de su familia, la melancolía y la sensación de destierro conviven con la posibilidad de comenzar una nueva vida –económica y sentimental– en la ciudad de Buenos Aires. Estas tres historias van creciendo a lo largo de los ochenta minutos de metraje, con el telón de fondo de un país que ya no existe, aquel donde las asambleas barriales se encontraban a la vuelta de cada esquina y los piqueteros eran los aliados más cercanos de la clase media. De todas formas, es el componente personaly emocional el que va ganando fuerza hacia el último tramo, como si los realizadores quisieran reforzar una sensación que, precisamente por obvia, suele pasar inadvertida: detrás de los guarismos y las curvas de proyección, detrás de la masa de olvidados y sobrevivientes, se ocultan individuos que sufren, disfrutan, ríen, lloran, sueñan, dudan, ansían.


8-HABITACION DISPONIBLE
Argentina, 2004.
Investigación y dirección: Eva Poncet, Marcelo Burd y Diego Gachassin
Fotografía: Diego Gachassin
Diseño de sonido: Fernando Vega

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Natasha, psicóloga y cantante ucraniana... y cafetera.
 
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