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Viernes, 26 de enero de 2007

CINE › “LA TELARAÑA DE CHARLOTTE”

Dakota Fanning por fin es feliz

Basada en un clásico de la literatura infantil estadounidense, la comedia protagonizada por la actriz-niña más traumatizada de Hollywood tiene animalitos que hablan, entre ellos una araña amable y parlanchina.

 Por DIEGO BRODERSEN

Que Dakota Fanning, por una vez, no sea abducida o perseguida por seres extraterrenos, o bien secuestrada en algún país latinoamericano; que ni siquiera sufra de una profunda depresión luego del suicidio de alguno de sus padres, ya es motivo de extrañeza. No es que esta estrella de cine en envase chico, dueña a pesar de sus doce abriles de una envidiable filmografía, no haya interpretado roles “normales” para su edad (vale la pena, por ejemplo, apreciar su trabajo en la reciente En busca de un sueño). Pero es que los guionistas realmente les han hecho sufrir a sus personajes las mil y una torturas infantiles. En La telaraña de Charlotte –adaptación cinematográfica del cuento homónimo de E. B. White, publicado originalmente en 1952 y todo un clásico para los chicos norteamericanos– la única preocupación que la aqueja, en la piel de una niña granjera llamada Fern, parece ser la de evitar la muerte de su mascota Wilbur, un chanchito que corre el mismo riesgo que todos los cerdos del mundo: terminar sus días en la mesa del comedor diario en forma de deliciosas lonjas. ¡Qué suerte para el animal que la granja esté poblada por otros seres amistosos dispuestos a ayudarlo! En particular, una araña de nombre Charlotte quien devendrá, como se verá, en consumada literata.

El recuerdo que surge toda vez que los seres humanos desaparecen del cuadro es, por razones obvias, el de Babe, el chanchito valiente, otro porcino con habilidades especiales dueño de su propia saga de aventuras cinematográficas. Aquí también los animales hablan un mismo idioma ininteligible para los hombres, por supuesto con la ayuda del departamento de efectos visuales y un grupo de estrellas de renombre aportando sus voces (que en la Argentina no podrán disfrutarse: el film se estrena solamente en versión doblada). Pero la animación digital juega un rol mucho mayor que en las dos películas de Babe, ya que Wilbur comparte cartel con una criatura creada exclusivamente sobre la base de ceros y unos, el arácnido titular, quien se propone salvar la vida de su compañero de granja cueste lo que cueste. Aunque ello implique agotar toda su carga de seda en la construcción de vistosos letreros diseñados para el asombro de la raza humana.

La telaraña de Charlotte incluye los habituales momentos de humor, un personaje algo pérfido –una rata, por supuesto– que en cierto momento de la historia descubrirá el valor de la amistad, y el inevitable “alivio cómico”, en la forma de una dupla de cuervos en lucha constante con un espantapájaros. El film no depara demasiadas sorpresas, aunque despliega su pequeña anécdota con gracia y sin tratar de complacer a la joven platea con movimientos hiperquinéticos, gran mal del cine infantil de estos tiempos. Pero si hay un concepto interesante en el cuento original, que el film respeta a rajatabla, es la lucha entre la cosmovisión infantil y la mirada de los adultos, dos universos en curso de colisión. No es casual que, una vez pasada la novedad de las telas de araña con inscripciones, la única opción que le queda a Fern si desea salvar la vida de su mascota es jugar con las mismas reglas que los adultos, inscribiendo al cerdo en un concurso de animales de granja y obteniendo un premio que le dé al animal un mayor valor en el mercado. Algunos buenos cuentos infantiles suelen ser también, como en este caso, lecciones de comportamiento social a la carta.

6-LA TELARAÑA DE CHARLOTTE

(Charlotte’s Web, EE.UU. 2006

Dirección: Gary Winick

Guión: Susannah Grant y Karey Kirkpatrick

Fotografía: Seamus McGarvey

Montaje: Susan Littenberg y Sabrina Plisco

Música: Danny Elfman

Intérpretes: Dakota Fanning, Kevin Anderson Essie Davis y las voces de Julia Roberts, Steve Buscemi, John Cleese, Robert Redford (en la versión original).

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El tema de la película es la lucha entre la cosmovisión infantil y la mirada de los adultos.
 
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