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Jueves, 22 de febrero de 2007

CINE › “EL BUEN PASTOR”, UN RETRATO DEL NACIMIENTO DE LA CIA A CARGO DE ROBERT DE NIRO

Cuando la patria lo justifica todo

En su segunda película como director, De Niro se concentra en la oscura figura de Edward Wilson (Matt Damon), un personaje que es ficcional pero reúne las características de los “padres fundadores” de la agencia, y a través del cual se va dibujando el nuevo mapa mundial tras la Segunda Guerra.

 Por Diego Brodersen

Cuando el último plano de El buen pastor abandona finalmente a su protagonista, mientras éste camina, solitario, por un pasillo de la nueva sede de la CIA, queda claro que la historia de Edward Wilson es para su narrador –por sobre todas las cosas– la tragedia de un hombre tan poderoso como ridículo. Durante poco más de 160 minutos, el film se dedicó a comentar una buena cantidad de los principales acontecimientos de la política exterior estadounidense entre los años 1939 y 1961, reflejados a través de la mirada de uno de los principales espías de ese organismo, mientras en paralelo la trama va describiendo su inevitable descomposición moral.

El silencioso señor Wilson puede recordar al Ripley de Anthony Minghella, y no exclusivamente por el hecho de estar interpretados por un Matt Damon en similar sintonía. En el fondo, y más allá de esenciales diferencias, se trata de dos personajes en los cuales conviven el ingenio y la falta de escrúpulos. Pero allí se acaban las similitudes, siendo que Ripley actúa en el más libre de los albedríos y la amoralidad, mientras que Wilson recibe órdenes de sus superiores –entre ellos, indirectamente, el presidente de los Estados Unidos– y sus actos tienen raíces en la más retorcida, pero habitual, de las morales.

De Niro se propone narrar la creación y posterior desarrollo de la CIA (siglas de Central Inteligence Agency, sin el artículo antepuesto; “se da el mismo caso que con la palabra Dios”, según uno de sus empleados), el organismo de inteligencia y espionaje norteamericano nacido un par de años después de la Segunda Guerra Mundial y cuya expansión fue cobijada durante los años de la Guerra Fría. El complejo guión de Eric Roth, poblado de flashbacks y vínculos temporales trabajados a partir de diversos motivos visuales y sonoros, toma como centro la vida y obra de Edward Wilson, criatura de ficción que reúne en su construcción dramática algunas de las características de los socios fundadores de la CIA (se evitan así, de antemano, posibles problemas legales con personas de carne y hueso aludidas o su descendencia). A partir de su iniciación en la sociedad secreta Skull and Bones –que, dicho sea de paso, existe realmente, y que supo contar como miembros a personalidades de la talla de George W. Bush, padre e hijo– y el obligatorio matrimonio con una joven de la sociedad (Angelina Jolie, contenida por el mismo papel que interpreta), el lugar en la historia del sensible y retraído Wilson va adquiriendo relevancia, mientras la reconstrucción de la Europa de posguerra camina a la par de la división del mundo en dos mitades perfectamente reconocibles e ideológicamente enfrentadas.

Su segunda película como realizador, luego de más de diez años de inactividad en esas lides, encuentra a Robert De Niro inmerso en una historia extremadamente compleja y ambiciosa, de la cual, en líneas generales, sale airoso. Y en la cual evita, por fortuna, la tentación de buscarse un protagonismo absoluto en pantalla (riesgo vanidoso que acecha a todo actor pasado al otro lado del mostrador), reservándose apenas un par de escenas en un rol secundario, aunque radicalmente importante para la trama. Lejos del anhelo documentalista, el film toma a su personaje central como reflejo y reservorio de un contexto histórico y lo inserta en un universo cercano en esencia al del thriller político, aunque entre las intenciones de De Niro no parece sobresalir la de generar agitaciones ligadas al suspenso o la acción física, elementos que hubieran, sin duda, lastrado los resultados con innecesarias convenciones genéricas.

El buen pastor despliega así un territorio clásico que baja a tierra el concepto del espionaje, fuente inagotable de fantasías cinematográficas de todo tipo. Es una obra atada en gran medida a los diálogos de sus personajes, marcada por un uso de la música que no oculta ciertas ambiciones operísticas, aunque las posibles comparaciones con la saga de El padrino se demuestren claramente erróneas. Aunque el mismísimo jefe del clan Coppola haya actuado como uno de sus productores ejecutivos, De Niro parece más seco y clínico que Francis Ford; su tragedia se presenta más desnuda, sin histrionismos. Si el film no puede aspirar a la grandeza ello es debido, en parte, a la tendencia a reiterar sus temas y motivos, que empantana la narración en su tramo medio, y por cierta falta de riesgo estilístico que termina restándole fuerza y limitando sus alcances.

Quizás el mayor triunfo de El buen pastor, en tanto producto creado en el seno de la industria de Hollywood, sea su elaboración de la idea de la violencia aplicada de manera impersonal y sistemática. La banalidad de la violencia. Es un concepto que el film elabora lentamente, centrándose durante buena parte del metraje en las causas y acciones y dejando las consecuencias y reacciones fuera de campo. Pero cuando los resultados de esa violencia comienzan a apreciarse en pantalla, en los cuerpos y en las mentes de las víctimas –Wilson incluido–, en particular en dos escenas de gran potencia dramática, el film se eleva por encima de sus limitaciones y se revela como el preciso retrato de un personaje oscuro, entregado enfermizamente a los abstractos conceptos del deber y la patria. Es en ese preciso instante que el horror se deja ver a través de la ligera tela de las banderas morales e ideológicas. Pero ya es demasiado tarde: el burócrata sólo puede amortiguar el griterío y seguir adelante con su trabajo.

8-EL BUEN PASTOR

The Good Shepherd, Estados Unidos, 2006

Dirección: Robert De Niro

Guión: Eric Roth

Fotografía: Robert Richardson

Montaje: Tariq Anwar

Música: Bruce Fowler y Marcelo Zarvos

Intérpretes: Matt Damon, Angelina Jolie, Alec Baldwin, Billy Crudup, Michael Gambon, Robert De Niro.

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Wilson es, al cabo, un hombre tan poderoso como ridículo, en un proceso de descomposición moral.
 
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