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Jueves, 1 de marzo de 2007

CINE › “ROCKY BALBOA”, DE Y CON SYLVESTER STALLONE

Fábula del boxeador jubilado

 Por Horacio Bernades

Noble, tosca, sensiblera, elemental y transparente: así, como su protagonista, es Rocky Balboa, sexta ¿y última? parte de la saga iniciada tres décadas atrás por Sylvester Stallone. Llevando al summum la identificación entre actor y personaje a la que siempre apostó, la nueva película escrita, dirigida y protagonizada por el anabolizado veterano narra un regreso a los rings en el que nadie cree, con un regreso a las pantallas en el que nadie creía. Puede decirse que, en términos cinematográficos, el creador del personaje (Stallone escribió los guiones de toda la serie) iguala la suerte de su criatura, al exponerse al ridículo y retirarse, finalmente, con una digna derrota. Eso sí, es de esperar que haya sido la última: con 60 años encima, Stallone no va a poder seguir esquivando el ridículo mucho tiempo más, si insiste en subirse al cuadrilátero o al rectángulo de la pantalla.

Retirado desde hace un rato largo (la entrega anterior fue en 1990), el comienzo de la película encuentra al viejo semental como dueño de un restaurante (italiano, obviamente) en el que, a la manera de su colega Jake La Motta en las épocas de night club, evoca ante los parroquianos recuerdos de su carrera. Bautizado Adrian en homenaje a su fallecida esposa (Talia Shire, hermana menor de Coppola y coprotagonista de las cinco películas anteriores), el restaurante, lleno de fotos de la amada, funciona como museo en memoria. Del mismo modo, la película funciona como museo de la serie Rocky, al evocarla con abundantes flashbacks, presididos por su imagen más icónica: la del retador escalando hasta lo más alto del Museo de Arte de Filadelfia, en alas de la música de Bill Conti.

No conforme con dedicarle el centro de su vida cotidiana a su mujer, Rocky visita su tumba con frecuencia, en compañía de su cuñado Paulie (el gran Burt Young, otro sobreviviente de la serie). Lo preocupa su hijo Robert (Milo Ventimiglia), que ha elegido el camino del yuppismo y reniega del bruto de su padre. No es difícil suponer que el muchacho hallará la ocasión para volver sobre sus pasos: toda la serie Rocky le dio siempre la razón a su héroe y Rocky Balboa no es la excepción. El tiempo y las derrotas parecen haber agudizado el andar bamboleante, la mandíbula caída y el hablar grave y lento del crédito de Filadelfia, volviendo a sugerir la idea de que demasiadas trompadas en el cráneo trajeron consecuencias. Pero, ya se sabe, Rocky es un buenazo y como tal conquistará el corazón de quienes lo rodean, incluyendo a una vecina bastante venida abajo y su hijo, muchacho de piel negra que empieza desconfiando del nuevo candidato de mamá, pero terminará en su rincón.

Porque, claro, haciendo caso omiso de la tercera edad y otros inventos de la modernidad, Rocky is back. Eso quiere decir que va a desafiar al campeón del mundo de los pesos pesado, jovencito agrandado al que le está haciendo falta morder el polvo de la derrota, para aprender un poco lo que es la vida. Sí, además de todo lo enumerado más arriba, la sexta Rocky es también la película de un viejo moralista, que ve al mundo actual y a los jóvenes como dignos de una lección. Lección que vendrá, como es obvio, del más humilde de los old timers. No es censurable que Rocky Balboa sea todo lo que es (incluyendo la autoindulgencia, el moralismo y la sentenciosidad), porque ésa es la manera que tiene Stallone de ser fiel a sí mismo. Pero como ser fiel a sí mismo incluye también abundantes dosis de tosquedad, apolillamiento y cortedad de miras, tampoco es que el resultado sea para salir festejando a trompada limpia.

5-ROCKY BALBOA

EE.UU., 2006

Dirección y guión: Sylvester Stallone.

Música: Bill Conti.

Intérpretes: Sylvester Stallone, Burt Young, Antonio Tarver, Geraldine Hughes y Milo Ventimiglia.

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