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Viernes, 23 de marzo de 2007

CINE › “NUMERO 23”, DE JOEL SCHUMACHER, CON JIM CARREY

Un Necronomicón devaluado

 Por Horacio Bernades

2

NUMERO 23
(Number 23)
EE.UU., 2007.

Dirección: Joel Schumacher.
Guión: Fernley Phillips.
Fotografía: Matthew Libatique.
Intérpretes: Jim Carrey, Virginia Madsen, Danny Huston, Lynn Collins y Rhona Mitra.

Está presente en todas los grandes acontecimientos de la historia humana, desde la cantidad de puñaladas que recibió Julio César antes de morir hasta la fecha del fin del mundo profetizada por los mayas, pasando por el número de cromosomas aportados por el papá y la mamá y los segundos en que la sangre tarda en recorrer un circuito completo. Está en todo, todo, todo... ¿Qué cosa? ¿Dios, el diablo? No, el número 23. Olvídense de la cábala, dejen ya otros números considerados místicos hasta ahora, como el 7 o el 12. Ahora, lo misterioso, lo oculto, lo verdaderamente hermético, es el 23. Eso es al menos de lo que Número 23 intenta convencer al público, de un modo tan machacón, tan reiterativo y gratuito que la verdadera obsesión del espectador puede llegar a ser mirar el reloj durante su transcurso, de modo cada vez más desesperado. Allí se topará con el principal problema de Número 23: la película no termina a los 23 minutos, como debería.

Reunido por segunda vez con Jim Carrey (que había hecho de El Acertijo en su Batman Forever) e incursionando nuevamente en el thriller luego de 8 mm, en Número 23 el siempre sobreempleado Joel Schumacher (de Un día de furia, Línea mortal, El cliente, El fantasma de la Opera y un montón más) va a la zaga de El código Da Vinci y logra el doble milagro de empeorar películas propias y ajenas. Tal como le ocurría en Ace Ventura, Carrey debe vérselas aquí con animales. No se entienda mal, que no se habla de la gente con la que trabaja sino de mascotas peludas: en Número 23, Carrey trabaja en lo que aquí se conoce como “La Perrera”. Daría lo mismo que trabajara de verdulero, ladrón o presidente de la Nación, porque en cualquiera de esos casos igual hubiera llegado a sus manos un libro llamado Número 23. A su mujer (Virginia Madsen) se le ocurre comprárselo un día, como podría haberle comprado una camisa, una corbata o un calzoncillo.

Suerte de Necronomicón devaluado, Número 23 es uno de esos libros que vuelven locos a quienes lo leen, metiéndoles en la cabeza la idea de que esa cifra está detrás de todo lo que importa en este mundo. Pero también funciona como Elige tu propia aventura, al incitar al lector a protagonizar él mismo ese thriller paranoico. Así le va a Carrey, que pronto deberá lidiar con una mujer fatal igualita a su mujer (pero en versión morocha), un psiquiatra (Danny Huston) que se parece enormemente a un amigo (pero con barbita mefistofélica) y varios crímenes, conspiraciones, muertes, gente que toca el saxo y rubias suicidas. Todo tirado así, indiscriminadamente, sin suspenso, ni lógica ni disparate asumido ni gracia ni nada.

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