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Sábado, 14 de abril de 2007

CINE › UN DEBATE CALIENTE CON LOS DIRECTORES DE LA COMPETENCIA ARGENTINA

“Está bueno que nos agarremos a palos”

Un grupo de realizadores discute un probable “ocaso” del llamado Nuevo Cine Argentino, expresa sus desacuerdos y se pregunta: ¿se escribe y se filma pensando en el gusto de los festivales que aportan fondos?

 Por Julián Gorodischer

“Dicen que somos opuestos, ¿quieren riña de gallos?”, pregunta Camila Toker, actriz que brilló en Ana y los otros y ahora codirige Upa! Una película argentina. La intención es más módica: reunir en un ámbito común a la propia Toker, junto a Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Eva Bahr, directores y montajista de Upa!; Santiago Otheguy (director de La León), Diego Echave (de Filmatrón) y Pablo Almirón (de Cabeza de chancho), de la competencia argentina del Bafici, para discutir los estereotipos del nuevo director de cine argentino, sus imposturas y pretensiones, si es que son tantas como se parodian desde la trama sarcástica de Upa!. Sus estéticas son irreconciliables: poco hay en común, por ejemplo, entre la apuesta por un gore autóctono de Filmatrón, la crítica al cine desde el cine de Upa! y el mundo introspectivo de las silenciosas criaturas del Delta del Paraná de La León.

La mirada de autor abarca la reacción contra el aparato que los excluía de subsidios y selecciones de festivales (Upa!), la intención de llevar a cabo el cine de afuera que les gusta como espectadores (Filmatrón, del colectivo Farsa Producciones) y la desafiliación a las convenciones del humor en la correntina Cabeza de chancho. Las voces se superponen, se espantan, deliberan, retroceden, vuelven a la carga sobre el contexto del debutante, sus limitaciones y problemas, sin acordar en nada. Mínimas intervenciones del cronista buscan no cortar el frenesí que parece encandilar a los polemistas de Upa!, que irrita al director de La León, que deja un poco afuera a los creadores de Cabeza de chancho y Filmatrón. Todo empieza de este modo:

Camila Toker: –Si tuviera que mencionar una película opuesta a Upa!, pensaría en una muy solemne...

Santiago Otheguy: –Mi película es “muy solemne”, si es en el sentido de que es rigurosa. ¿No sé qué quiere decir ella (por Camila Toker) cuando habla de “solemne”, así de manera general? Supongo (mirando a Toker) que la mía te va a parecer “solemne”. El cine es muy vasto, muuuy vasto...

Tamae Garateguy: –No tan vasto; vos fijate que el humor aparece recién el año pasado con las películas de Ariel Winograd (Cara de queso) y de Gabriel Lichtman (Judíos en el espacio) como una novedad. Entonces no sé si es taaaan vasto.

S. O.: –Tal vez era un poquito difícil hacer una comedia sobre un cartonero. La sociedad estaba en un momento muy denso.

C. T.: –Pero el humor siempre ha sido en el mundo una forma que permite reflexionar sobre las realidades más tremendas desde un punto de vista que va en contra de la solemnidad, pero sin ser menos serio.

Santiago Giralt: –Hay un enviciamiento del cine argentino en determinadas cosas que han sido recompensadas por los fondos extranjeros. Y a los fondos extranjeros la risa no los mueve mucho: mandás una comedia y no les gusta. Lo que funciona son paisajes específicos con una nota específica: el tiempo muerto, el final inconcluso, toda narrativa que vaya en contra del paradigma de Hollywood.

S. O.: –El problema de la Argentina es que su crisis fue ultramediatizada, y cosas terribles pasan en muchos países del mundo. Pero pocos países tienen la experiencia y la capacidad cultural para registrarlas. La nuestra es una sociedad que tiene medios para contarlo; el cine argentino empezó a hacerlo. Y el cine europeo le encontró una casilla. Ahora al cine argentino le cuesta mucho salir. A La ciénaga, de Lucrecia Martel, la vendían con un documental sobre la crisis argentina. Si no hacés un cine social, cuesta más.

C. T.: –No fue solamente el cine social. También se premia una estética francesa de los ’60, pero en el 2000. No termina de pasar nada; no sabemos de qué viven los personajes...

S. O.: –¿Vos estás diciendo que, en el cine francés de los ’60, no pasaba nada?

C. T.: –La crítica se llenó la boca hablando de cuánto se parecía el cine argentino a la nouvelle vague, hasta desaparecer, porque tan parecido era el cine argentino a su referente que se convirtió solamente en una pata de ese referente.

S. G.: –Si hubiéramos querido reírnos de un cine que sí nos gusta, como el de Lisandro Alonso, habríamos hecho otra cosa. Alonso, que es contemplativo, llevó la posibilidad de hacer cine hacia un lugar completamente extremo.

S. O.: –O sea que si lo que no les gusta es el cine malo y pretencioso, estamos de acuerdo. Pero tu película también puede ser mala y pretenciosa siendo una comedia que se burla de eso.

–Malo, pretencioso... ¿para quién y según qué parámetros?

C. T.: –Hay una cosa pretenciosa en el Nuevo Cine Argentino, que ahora hasta tiene una sigla (NCA) que se parece a NYC (New York City) pero un poquito distinto, de querer meterse siempre con cosas existencialistas, grandes verdades, inventando el mundo.

S. O.: –Lo que dicen ustedes es natural, no sé si se necesita polemizarlo tanto.

T. G.: –Está bien que saltes así para contestar y hablar sobre cine. En los Bafici anteriores todos estaban de acuerdo. Me gusta que no estemos de acuerdo. Está bueno que nos agarremos a palos, porque es signo de vitalidad.

S. O.: –Pero no entiendo, ¿cuáles son las películas argentinas que los escandalizan tanto por la solemnidad? Si Los muertos no lo es, y si no son las de Martel, maravillosos cineastas, ni uno ni otro, ¿dónde están esos cineastas masivos y solemnes?

T. G.: –Estamos hablando del fenómeno que los mismos críticos y cineastas definieron como Nuevo Cine Argentino.

–Hasta acá mencionaron el humor como “un gran ausente” del cine argentino reciente, pero también el género fantástico fue una cuenta pendiente hasta Filmatrón...

Diego Echave: –No es por nada, pero justo entramos a la competencia argentina en el único año en que el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) no dio –en un principio– el apoyo al Bafici. No es casualidad: mandamos películas anteriores al Festival de Mar del Plata y nos pusieron en una sección chiquita como los raros.

S. O.: –¡Puede ser casualidad!

Eva Bahr: –Nuestra película hace tres años tampoco hubiera estado en la competencia del Bafici.

S. G.: –Cambiaron criterios centrales y ahora hay una apuesta a la diversidad. Eso es lo que nos enojaba tanto, y en Upa! se ve con humor y también con bronca.

Pablo Almirón: –Me parecería terrible, peligroso, que los críticos y festivales estén manejando el gusto estético de realizadores y público. Cuanto más sísmico, mucho mejor. No hay nada más difícil que encerrar un relámpago en un frasco.

C. T.: –Poner en jaque no quiere decir estar en contra de todo, pero sí dialogar y abrir la reflexión para no morir en la cosa armada. Había que ponerlo sobre el tapete, pero sin buscar respuestas.

–¿Cómo está conformado ese gran ente regulador del gusto?

S. G.: –Uno escribe un guión para mandar a un festival, y sabe que tiene que cortar un final antes para que no terminen juntos si quiere recibir el apoyo.

S. O.: –Un tipo que cambia un final para presentar una película en un festival es malo.

S. G.: –Yo lo hago.... Escribo una película de género, la mando a dos festivales que supuestamente pagan el cine argentino y me las rebotan. Escribo películas para otros directores y ganan todas. No valoran mi diversidad, que se acerca más al cine de género. Muchas veces me cagué en lo que yo quería contar para poder ser aceptado; vivimos en este lugar y para que un productor argentino te abra la puerta tenés que tener esa cucarda, ese sellito que viene de afuera.

S. O.: –¿Acaso no estás acá en el Bafici sin esa cucarda?

S. G.: –De la furia de no poder tener la cucarda nació esta película.

S. O.: –Uno hace las películas que le gustan a uno.

C. T.: –Yo no soy autista. Quiero que lo que me hace reír, haga reír. No tengo ganas de hablar sola.

S. G.: –No pienso en el efectismo inmediato; pero sí pienso si quiero que el público se relaje, se enganche.... Cuando filmamos una película, hacemos una película para el público.

Cabeza de chancho se exhibe hoy a las 16.15, en el Atlas General Paz 5; Filmatrón, hoy a las 18.30, también en el Atlas General Paz 5.

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Camila Toker, Tamae Garateguy, Santiago Giralt, Eva Bahr, Santiago Otheguy, Diego Echave y Pablo Almirón.
Imagen: Pablo Piovano
 
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