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Viernes, 18 de mayo de 2007

CINE › “4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DIAS”, EL NOTABLE FILM DE CRISTIAN MUNGIU

Rumania, nuevo polo de cine

Mientras Hollywood desembarca en la Croisette con Zodíaco, 4 meses... se suma a La noche del señor Lazarescu y a Bucarest 12:08 para demostrar el vigor de una cinematografía en ascenso.

 Por Luciano Monteagudo

El mundo globalizado tiene esas cosas. Ayer, el mismo día en el que Zodíaco, la nueva película de David Seven Fincher tenía su estreno mundial en el marco del 60º Festival de Cannes, medio planeta –incluida la Argentina– estaba también en condiciones de verla, simultáneamente con las proyecciones en la Croisette. Lo mismo había sucedido el año pasado con El código Da Vinci, pero incluso en mayor proporción, considerando que la adaptación de la novela de Dan Brown era un mero proyecto comercial. Y en cambio el film de Fincher se propone reubicar al director de El club de la pelea en la categoría de auteur, ya que estamos en territorio francés.

En Hollywood explican que ahora el negocio es así: estreno tipo blitzkrieg, como un bombardeo aéreo a gran escala, para aprovechar la circulación mundial de la información (por Internet, por TV satelital) y, de paso, evitar, en la medida de lo posible, el ataque indiscriminado, estilo guerra de guerrillas, de la piratería, que se mueve cada vez con mayor rapidez. Así planteadas las cosas, como en un teatro militar de operaciones, se podría pensar a priori que hay dos perdedores. El primero, claro, es el Festival de Cannes, que se convierte en una mera vidriera para el lanzamiento de una novedad pensada como producto, algo a lo que la mayor cita del cine mundial no debería resignarse. El segundo perdedor es el propio film de Fincher, al que ya no le fue bien de boletería en los Estados Unidos y que parece necesitar –por su complejidad, por sus ambiciones, incluso por su duración– una construcción de su público más pausada, que no dependa solamente del impacto inicial en la taquilla de la primera semana, algo que por otra parte no está en condiciones de conseguir.

Más allá de estas consideraciones de orden comercial (“Cuando se habla de cine y no se menciona la plata, algo no funciona”, decía nada menos que Orson Welles), no está mal que Zodíaco forme parte de la competencia oficial de Cannes, precisamente en un año en el que –como en los viejos ’70, una década a la que el film de Fincher apela no sólo como escenario sino también como modelo estético– en Hollywood el director vuelve a ser la estrella. Por caso, este año van a desfilar por la alfombra roja del Palais, antes de medirse en competencia, Quentin Tarantino, Gus van Sant y, last but not least, James Gray, quizás el secreto mejor guardado de Hollywood, un director al que hasta ahora no se le ha prestado la atención que merece.

Donde el Festival de Cannes sí está en condiciones de echar luz, de abrir un camino, de descubrir a un cineasta, es en casos como el de 4 meses, 3 semanas y 2 días, el notable film rumano que ayer iluminó la competencia, anotándose ya en la segunda jornada como candidato a llevarse alguno de los premios dentro de diez días. Se trata del segundo largometraje de Cristian Mungiu después de Occident, su ópera prima, que cinco años atrás debutó aquí en la Quincena de los Realizadores. Lo primero que confirma 4 luni, 3 saptamini si 2 zile es que películas como La noche del señor Lazarescu y Bucarest 12:08, ya conocidas en la Argentina (de hecho, Bucarest es en estos días un razonable éxito de boletería en Buenos Aires), no están solas, que hay un nuevo cine rumano al cual vale la pena prestarle atención. En los tres casos se trata de films en apariencia simples, más que módicos en su presupuesto, pero de una gran inteligencia, capaces de conseguir los mejores resultados con los menores recursos. En los tres también prima una concepción balzaciana del realismo, una intención manifiesta de dar cuenta de su sociedad a la manera de la Comedia humana, de manera rigurosa y obsesiva, haciéndole “la competencia al registro civil”, como decía Balzac. Pero si en Bucarest prima sobre todo el humor (un humor, es cierto, muy triste, muy centroeuropeo), 4 meses... en cambio se acerca a ese viaje a las profundidades que es Lazarescu.

Narrado casi en tiempo real (otra constante en este nuevo cine rumano), durante dos horas el film de Mungiu describe con una precisión quirúrgica el caso de una chica cualquiera, una joven estudiante que ha quedado embarazada y recurre a un aborto clandestino. Corren los últimos días del comunismo, el aborto está prohibido por ley y se castiga muy severamente, con varios años de cárcel, tanto para quien lo practique como para quien lo solicite o quien colabore. Esto incluye a Otilia (notable trabajo de Anamaria Marinca), una compañera de la embarazada, que debe ocuparse de conseguir la pieza de hotel donde se hará el aborto, lidiar con el siniestro enfermero que lo practica, deshacerse del feto y cuidar de la salud de su amiga, todo en un lapso angustiante.

Limitándose solamente a una exposición descarnada de los hechos, sin emitir ni un solo juicio moral o político, 4 meses... consigue hablar de autoritarismo, discriminación, humillación y machismo, al mismo tiempo que se constituye en la más sólida, la más contundente invectiva contra la ilegalización del aborto, que –como desnuda el film de Mungiu– deja a la mujer inerme, abandonada a su suerte, expuesta a todo tipo de peligros y explotaciones. “Ahora en Rumania el aborto es legal, pero se calcula que para cuando concluyó la dictadura de Ceausescu unas 500 mil mujeres habían muerto a causa de su práctica ilegal”, explicó Mungiu aquí en Cannes. Es apenas un dato que la película nunca se permite enunciar, pero que expresa con una claridad enceguecedora.

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Narrado casi en tiempo real, el segundo largometraje de Mungiu es una reflexión sobre el aborto.
 
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