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Jueves, 7 de junio de 2007

CINE › “EL CANTANTE”, CON GERARD DEPARDIEU Y CECILE DE FRANCE

Un seductor que confía en las viejas canciones de amor

El gran actor francés se luce en una película noble, que no esconde ni sus años ni sus mañas de “Ladies’ Man”.

 Por Luciano Monteagudo

Las noches son largas para Alain Moreau (Gérard Depardieu). En la ciudad de Clermont Ferrand, el bueno de Alain es una pequeña celebridad, el cantante que anima los bailes y las discotecas para mayores de 40 años, hasta bien entrada la madrugada. “¿Saben cuántos solteros y divorciados hay en Francia? ¡Catorce millones! ¡Hay que hacer bailar a toda esa gente!”, suele decir con orgullo cuando lo invitan a charlar a una mesa, entre número y número. Es algo que no le cuesta: al fin y al cabo, a pesar de su edad y sus kilos de más, Alain es un “Ladies’ Man”, un seductor. “Gustar es mi trabajo, pero a veces es agotador”, reconoce en la intimidad, cuando tiene que teñirse o hacerse las mechas. Esa franqueza es parte de su encanto, y lo sabe y la usa: es así como encara una noche a Marion (Cécile de France), una rubia joven y elegante que llega un poco perdida a uno de esos bailes tristes. Al comienzo, Alain le parece “un pesado” y se lo dice en la cara, pero el hombre tiene sus mañas y esa misma noche la convence de pasar la noche con él. A la mañana siguiente, ella huirá de la habitación del hotel, como una fugitiva. Pero para Alain no es tan fácil, porque descubre, casi a su pesar, que no se trata de una conquista más, de esas que está acostumbrado a olvidar.

La película escrita y dirigida por Xavier Giannoli (un realizador francés con varios títulos a sus espaldas y desconocido hasta ahora en Argentina) es un caso extraño, un objeto cinematográfico que se creía en vías de extinción: un film simple, de ambición popular, que aspira a comunicarse de manera directa con su público, pero que lo hace sin golpes bajos, sin demagogia ni condescendencia. Hay una vieja nobleza en El cantante que va más allá de la de su protagonista, con quien la película de Giannoli evidentemente se identifica: la noción de un oficio concebido artesanalmente, sin falsas pretensiones –Alain Moreau nunca dice ser lo que no es– pero también sin desmerecer su trabajo ni sus destinatarios. Un poco como esas canciones de Serge Gainsbourg que el propio Depardieu entona aquí con una voz precaria pero sincera.

Se diría que, sin ser una película concebida necesariamente en función de sus actores, El cantante descansa sobre todo en la presencia imponente de Depardieu, que aquí, con mucha inteligencia, acomete un trabajo sobrio, modesto, como le pide su personaje. “¡Cómo cuesta hacer bailar a la gente esta noche!”, le comenta un Alain cansado a su manager (Christine Citti), que es también su ex mujer y que de alguna manera sigue enamorada de él. Y ella le responde con franqueza: “Es que no te movés, parecés una montaña”. La zona montañosa de Auvergne donde está ambientada la película parece de hecho competir con la figura gruesa y maciza de Depardieu, que es muy consciente del peso de su cuerpo, del lugar que ocupa en la pantalla. De hecho, en más de una oportunidad el director elige unos planos generales de Depardieu solo, en silencio, que dicen mucho sobre su personaje, como la primera imagen de la película, cuando se lo ve al chanteur sentado en su camarín, entre los trastos de limpieza, esperando su turno, enfundado en un saco blanco que parece una carpa y fumando un último cigarrillo antes de echarse spray en el pelo para enfrentar mejor las luces del escenario.

El personaje de Marion, en cambio, no está tan bien delineado, quizá porque Cécile de France está un poco fuera de tipo. Se entiende que es una mujer joven que viene de una ruptura matrimonial muy conflictiva, que ni siquiera logra establecer una buena relación con su pequeño hijo, al punto de que prefiere vivir sola en una pieza de hotel, como si en la vida siempre estuviera de paso. Pero hay algo en la actriz que, a pesar de su elegancia y su misterio (o a causa de ello, precisamente), no le permite dibujar de manera más nítida a su personaje, un tanto diluido también por la esencial incertidumbre con que la define el guión.

7-EL CANTANTE

(Quand j’étais chanteur)

Francia, 2006.

Dirección y guión: Xavier Giannoli.

Fotografía: Yorick Le Saux.

Música: Alexandre Desplat.

Intérpretes: Gérard Depardieu, Cécile de France, Mathieu Amalric, Christina Citti.

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Depardieu revela una voz precaria pero sincera.
 
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