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Jueves, 19 de julio de 2007

CINE › “VENUS”, CON PETER O’TOOLE, VANESSA REDGRAVE Y GUION DE HANIF KUREISHI

Cuando el deseo desafía al tiempo

Con altura y displicencia, Peter Lawrence de Arabia O’Toole se interpreta un poco a sí mismo, un actor legendario que no se resigna a rendirse al deterioro de los años. En La reencarnación, el “J-Horror” da signos de repetición, mientras que El arca prueba que la animación argentina es posible.

 Por Luciano Monteagudo

“Te encasillaron otra vez”, le dice burlona su ex mujer (Vanessa Redgrave). Sucede que Maurice Russell (Peter O’Toole) es un gran actor, de esos que hicieron leyenda, pero ya pasó los 75 años y cuando no le dan un papel de enfermo le dan uno de... cadáver. No importa, Maurice parece tomarse las cosas con sabiduría. No se ofende ni se enoja: prefiere encender parsimoniosamente un cigarrillo, disfrutar una copa de champagne o ir a charlar con sus amigos al café de la esquina, a comentar el diario, donde ante cada nueva necrológica se pregunta –con falsa modestia– si cuando a él le llegue el final le dedicarán al menos un párrafo. En eso está cuando en su vida aparece Jesse: veinteañera, provinciana, vulgar, ignorante de Shakespeare y todos esos autores que Maurice puede citar de memoria con apenas chasquear los dedos. Pero Jesse (Jodie Whittaker) es vital, sexy y sobre todo joven, una cualidad que despierta en Maurice –que siempre trató de sacarle el mejor provecho a la vida– deseos que creía dormidos para siempre. No es que pretenda necesariamente acostarse con ella (aunque tampoco lo descarta), pero confiesa al menos “un interés teórico” en la materia, que le da nuevas energías.

Cuando se dio a conocer como el guionista de algunas de las películas más celebradas de Stephen Frears (Ropa limpia, negocios sucios; Sammy y Rosie van a la cama), el novelista Hanif Kureishi impresionó por un lenguaje conciso y directo, muy anclado en la realidad cotidiana de Londres. Aunque considerando esos antecedentes Venus pueda parecer a priori un material muy diferente, se diría que la película dirigida por Roger Michell (el realizador de Un lugar llamado Notting Hill) lleva sobre todo la firma de Kureishi, un escritor que parece haberse especializado en trabajar personajes con culturas antagónicas. Y nada más distinto que las órbitas de Maurice y Jesse, quienes sin embargo terminarán por girar en una extraña, ríspida armonía.

Por supuesto, al comienzo Jessie no tiene la menor idea de quién es Maurice ni le importa. Dice que quiere ser modelo, aunque su andar desganado, su falta absoluta de elegancia y su desidia adolescente no parecen garantizarle ningún otro lugar que no sea comiendo comida chatarra frente al televisor. Pero Maurice es capaz de atravesar esa primera imagen, más bien deprimente, y encontrar en esa chica algo de su propia juventud quizás, al punto de que le recuerda el mar y los días soleados, sensaciones que él ya creía olvidadas. En un ambiguo juego erótico, ella no permite que él le ponga las manos encima, pero sí se deja oler los hombros, el cuello, el pelo, que transportan a Maurice lejos de su triste, cotidiana existencia, marcada por una operación de próstata y la soledad gris de su departamento.

Da toda la impresión de que el guión de Kureishi quizá tenía más filo y que la dirección de Michell hizo todo lo posible por suavizarlo, para que nadie del público pudiera salir herido. Pero si la película finalmente no es todo lo condescendiente que en algunos tramos amenaza con ser –históricamente, al cine siempre le ha costado mucho hablar de la vejez sin caer en la demagogia o la sensiblería–, ese mérito hay que atribuírselo a Peter O’Toole, que sabe reírse muy bien de sí mismo, con altura y displicencia. A Venus le falta la gracia, la levedad que tenía Mi año favorito (1982), de Richard Benjamin, uno de los últimos protagónicos de O’Toole, donde también interpretaba a un actor que redescubría súbitamente el valor de estar vivo, en aquel caso gracias a un programa de televisión, donde podía volver a jugar a las aventuras de capa y espada. Pero los legendarios ojos azules de Lawrence de Arabia aquí no brillan tanto en las escenas con la chica desmañada sino sobre todo en los cruces de dardos con sus dos viejos amigos (Leslie Phillips, Richard Griffith, estupendos), como si fueran esos momentos –donde cotillean acerca de la vanidad y las angustias de los actores– los que decidieron a O’Toole a filmar esta evidente despedida del cine y de la vida.

7-VENUS

Gran Bretaña, 2006.

Dirección: Roger Michell.

Guión: Hanif Kureishi.

Fotografía: Haris Zambarloukos.

Música: David Arnold y Corinne Bailey Rae.

Intérpretes: Peter O’Toole, Leslie Phillips, Jodie Whittaker, Richard Griffiths y Vanessa Redgrave.

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Jodie Whittaker y Peter O’Toole, dos mundos antagónicos girando en una misma órbita.
 
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