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Jueves, 13 de marzo de 2008

CINE › EL ORFANATO, OPERA PRIMA DEL ESPAñOL JUAN ANTONIO BAYONA

Oscuros fantasmas del pasado

Heredera del éxito de Los otros, la película del debutante Bayona hace de un edificio de clausura un concentrado de miedos, lo cual no parece casual en un país que siempre contó con una fuerte impronta eclesial, viviendo casi medio siglo XX bajo el aislamiento y el encierro.

 Por Horacio Bernades

Apadrinada por la división española de Warner Brothers –como aquel otro cuento de fantasmas que fue Los otros–, El orfanato resultó la segunda película española más vista en toda la historia del cine de su país, ganando siete premios Goya y llegando hasta las puertas del Oscar. Producida por el mexicano Guillermo del Toro, Los otros no parece haber sido el único referente para la ópera prima del catalán Juan Antonio Bayona. En el film, que cuenta con guión de Sergio Sánchez, se deja oír más de una alusión a La residencia, clásico del terror psicológico hispano que Narciso Ibáñez Serrador dirigió en los ’70. Como ambas, El orfanato hace de un edificio de clausura un concentrado de miedos, lo cual no parece casual en el cine de un país que siempre contó con una fuerte impronta eclesial, viviendo casi medio siglo XX bajo el aislamiento y el encierro.

Laura (Belén Rueda, la enfermera que en Mar adentro se enamoraba de Bardem) pasó buena parte de su infancia en un alojamiento para huérfanos. Treinta años más tarde ha hecho de ese edificio su casa, y allí vive en compañía de su marido Carlos (Fernando Cayo) y su hijo Simón, que tiene síntomas de autismo (Roger Príncep). Como España entera en relación con su propio pasado, Laura desea reciclar el antiguo y ominoso edificio, convirtiéndolo en escuela para niños discapacitados. No podrá hacerlo: el día de la inauguración, Simón desaparece, se diría que para siempre, y el proyecto queda trunco. Ahora, Laura dedicará su vida entera a averiguar qué pasó con su hijo, primero en compañía de su marido y más tarde –como buena heroína de film de terror– en total soledad. Si en un thriller toda investigación arroja cada vez más luz, aquí develar cada enigma lleva a un nuevo enigma, aún más oscuro e inexplicable. Es como el juego de pistas que Laura juega al comienzo con Simón, donde cada llave (o clave) escondida conduce a un nuevo secreto.

Abriéndose paso entre hechos abominables del pasado, extraños personajes que parecen resurgir de él, presencias fantasmales y rituales de comunicación con el más allá, la laberíntica investigación de Laura encuentra su perfecta correspondencia física en los retorcidos pasillos, oscuros recovecos y recónditas estancias de la mansión. Que esa topografía admite verse como representación mental lo confirma el hecho de que para resolver el último secreto la protagonista deberá descender hasta el más oscuro sótano de la casa. Una correspondencia semejante podría hallarse en la progresión narrativa de El orfanato, que parecería corresponderse con el dibujo de un electroencefalograma. Escenas de suspenso meticulosamente calibradas permiten que la narración avance en ondas suaves, mientras que otras de puro shock la hacen sacudirse, como si se tratara de picos eléctricos.

Entre las escenas de suspenso, la más tensa y climática es una sesión de espiritismo como escapada de Poltergeist, que cuenta con Geraldine Chaplin como médium... ¡y Edgar Vivar, el Señor Barriga de El chavo, como parapsicólogo! Allí, durante largos minutos, la acertada utilización del fuera de campo, la borrosa imagen de video que llega a través de unos monitores y esa sensación que da Geraldine Chaplin, de estar siempre con la piel erizada, mantendrán al espectador al borde del asiento. Del mismo modo en que cierto accidente automovilístico, inesperado y gore, lo hará saltar en la butaca. Pero algo se echa en falta en este edificio sin fisuras, y es justamente aquello que determina la naturaleza misma de un film fantástico: el reino de lo otro, lo sobrenatural, lo inexplicable, imponiéndose sobre cualquier explicación racional.

De modo sintomático, en una escena culminante la presencia de ciertas almas en pena, que debería apenas insinuarse, se materializa de modo demasiado palpable, perdiendo poder de sugestión. Algo semejante sucede a la larga con la película entera. Tic típico del cine hispano, en El orfanato finalmente todo cierra, todo encaja, todo puede ser comprendido mediante la razón. Y la razón no debería ser la que triunfe, habiendo fantasmas de por medio.

7-EL ORFANATO

España, 2007

Dirección: Juan Antonio Bayona.

Guión: Sergio Sánchez.

Fotografía: Oscar Faura.

Música: Fernando Velázquez

Intérpretes: Belén Rueda, Fernando Cayo, Geraldine Chaplin, Roger Príncep, Mabel Rivera, Monserrat Carulla y Edgar Vivar.

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Laura (Belén Rueda) dedicará su vida entera a averiguar qué pasó con su hijo desaparecido.
 
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