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Domingo, 20 de abril de 2008

CINE › INTIMIDADES DE SHAKESPEARE Y VICTOR HUGO, GANADORA DE LA SELECCION INTERNACIONAL

El brindis fue para el documental

En un festival de buen nivel, pero que no abundó en sorpresas, el género se llevó los primeros premios de la competencia extranjera y argentina, donde se impuso Unidad 25, de Alejo Hoijman. El cine de Estados Unidos demostró que aún tiene cosas para decir.

 Por Horacio Bernades

En tren de extraer conclusiones generales de un montón de elecciones particulares, puede arriesgarse que el documental latinoamericano, el cine indie estadounidense, el cine asiático y la sed de contar historias fue lo que se premió en la décima edición del Bafici. Esa conclusión surge de analizar el Palmarés de la Selección Oficial Internacional, que presentó como ganadores al documental mexicano Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo, la china Night Train, la estadounidense Ballast, la actriz Liu Dan (protagonista de Night Train) y el actor taiwanés Lee Khang-sheng, protagonista y realizador de Help Me Eros. De las tres películas argentinas presentadas en esa sección, Una semana solos, nuevo film de Celina Murga (realizadora de Ana y los otros), obtuvo apenas una mención, en lo que puede considerarse una cosecha más bien pobre para el cine local.

A su turno, el Palmarés de la Selección Oficial Argentina aparece dominado por dos documentales (Unidad 25, elegido Mejor Película, y süden, merecedor de una mención) y por esa suerte de Canto General a la creación de historias que es Historias extraordinarias, exuberante saga aventurera de cuatro horas con la que Mariano Llinás, veterano del Bafici, vuelve a hacerse fuerte en territorio amigo. Ballast, süden, Night Train y Profit Motive and the Whispering Wind también recibieron premios de jurados paralelos, mientras que la película de Llinás le sumó, al Premio Especial del Jurado de su sección, el Premio del Público a la Mejor Película Argentina. La hipernarratividad de Historias extraordinarias fue, sin duda, una de las fuentes de asombro de un festival que no abundó en ellas. Esto no debe leerse como crítica a la programación del Bafici (que puede considerarse inmejorable), sino como simple constatación de un estado de situación. Estado de situación del cine contemporáneo, donde parecería que ni siquiera el cine “de arte” o “de autor” puede evitar repetirse, y estado de situación del propio espectador del Bafici, que a esta altura es como que lo vio todo y le queda poco por descubrir.

Los mismos cineastas que en ediciones anteriores causaban asombro (Hou Hsiao-hsien y Hong Sang-soo, para dar dos nombres notorios), en esta ocasión apenas permitieron –con Le voyage du balon bleu y Night and Day, respectivamente– lo que con cierto abatimiento burocrático podría llamarse “chequeo de excelencia”. O verificación de refinamiento, como sucedió con En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerin. O, mucho peor que eso, consignación de inflación, como es el caso del húngaro Béla Tarr, que de la genialidad de Sátántangó o Werckmeister Harmonies pasó a la pomposidad, involuntariamente autoparódica, de El hombre de Londres. Lo cual no quiere decir que otros autores de tanto nombre como ellos no hayan lucido renovados, recargados o reforzados en sus nuevas películas. El caso de Paranoid Park, de Gus Van Sant, I’m not There, de Todd Haynes, y Go Go Tales, de Abel Ferrara. Esta última, a juicio de este cronista, la película más gozosa y vivificante, más cine-puro y de puro genio de todo el festival. Llamativa coincidencia, se trata de tres cineastas estadounidenses. Bastaría sumarles la última de Tarantino (la extraordinaria Death Proof, que por lo visto jamás se estrenará aquí) para suponer que el cine de su país atraviesa un gran momento. Es posible que quien haya concurrido a las funciones de ese error mayúsculo que es Redacted, de Brian de Palma, no esté de acuerdo con esa suposición.

¿Descubrimientos? Hubo, sí, siempre dentro de ese tenor más bien moderado que marcó la tónica del festival. Los franceses Nicolas Klotz y Jacques Nolot, los nipones Koji Wakamatsu y Masahiro Kobayashi, los ensayistas cinematográficos Romuald Karmakar y Gianikian & Ricci Lucchi fueron algunos. ¿El israelí David Perlov, autor de una serie de diarios posiblemente únicos en la historia del cine? Podría considerarse que también. ¿El estadounidense Jim Finn, el ruso Alexei Balabanov, el sueco Roy Andersson? Mucho menos. ¿Deudas que el festival deberá saldar, en próximas ediciones? Por primera vez en la historia del Bafici, cierta inexperiencia trajo problemas en algunas áreas. No sólo los que al buen gusto de los señores espectadores pueden haber causado los inenarrables números vivos presentados en la sala del Atlas Santa Fe (prontamente sofocados por las autoridades del evento), sino sobre todo las fallas de proyección, que a pesar de las reiteradas quejas y avisos no fueron subsanadas por el personal técnico a cargo. A este cronista le tocó presenciar, sin ir más lejos, dos quemazones de celuloide, algunos disculpables tildamientos con el subtitulado y varios fuera de foco imperdonables, que jamás fueron corregidos. Que la próxima edición sirva de reparación.

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La mexicana Intimidades. . ., de Yulene Olaizola.
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