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Martes, 5 de agosto de 2008

PLASTICA › RECUERDO DEL BúLGARO, RECIENTEMENTE FALLECIDO

“Mi maestro fue el afecto”

Hace pocos días falleció el escultor Luis Freisztav, conocido como “El Búlgaro”. A modo de homenaje, aquí se publica el excelente testimonio que él ofreció para recordar a su amiga, Liliana Maresca, y de paso hablar sobre sí mismo.

 Por Luis Freisztav *

Yo la conocí en una fiesta que hizo Marcia Schvartz, porque yo trabajaba en el Abasto en lo de un fundidor ingeniero que había... Marcia me invitó a una fiesta y ahí conocí a Maresca. En la casa de Marcia había una escultura grande, de madera, mía, porque yo no tenía taller y trabajaba en un terreno baldío cerca del taller de este arquitecto-ingeniero. A ella le gustó mucho nuestro laburo y después no nos vimos. La conocí más, después, una vez que Marcia me llamó para ayudarla a hacer un dragón chino, un dragón bagre, cuando se va la dictadura ¿viste?, para festejar la llegada de la democracia. Era como un bagre así, llevándolo por todo Corrientes y ahí la conocí a ella y a Furguiele. Me llamaba la atención porque Maresca para mí era una persona en ese momento como... Por esa cara seria que tenía, nunca me imaginé que era tan alegre trabajando. Tenía tanta capacidad para hacer cosas. Por ejemplo, en el auditorio Buenos Aires ella hizo una figura que me hizo llevar en un colectivo, que también era grande, toda de alambre, y yo decía: “No tengo plata para el flete” y ella pagó un colectivo y subimos y la llevamos en un colectivo y caminando por la calle Florida. Ahí estuvo haciendo unas escenografías que las hacía con nada, no sé de dónde sacaba material, porque no había guita. Le hizo al Negro Rada, no sé si a Nebbia, a otra gente de Rosario. En realidad yo no hice la Escuela de Bellas Artes. A mí la gente que me influyó fueron mis amigos. La gente que convivió conmigo, que se divirtió conmigo..., y Maresca fue una de las principales. Porque, por ejemplo, el momento más importante fue cuando yo tuve la oportunidad de hacer una muestra en la Recoleta en la sala 10 y ella tenía la sala 14, y ella dijo de hacer (ya éramos muy amigos en ese momento)... Ella veía carritos de basura, de cirujas, por todos lados. Y no era tanto lo que había. Lo que pasa es que para ella era como una barbaridad. Entonces dijo: “Me gustaría que me acompañaras –porque ella vino a ver al teatro lo que yo estaba haciendo, estaba trabajando con unos monos flacos, en 1991–, ¿por qué no venís con Roberto Fernández?, acompañame al Warnes...”. Pensé: “¡Esta se quiere meter en el Warnes!” Para mí era una cosa que veía cuando pasaba con el colectivo y era un lugar como misterioso, prohibido. “Bueno, te acompaño, total yo vengo de la provincia, soy una persona que más o menos... No me asusto.” Pero cuando entré ahí para mí fue como una lección tremenda. Porque me acuerdo de que íbamos con Fernández en la camioneta, la dejamos en un lugar, bajamos con Maresca que tenía una pollerita cortita. Miramos para uno de los monoblocks... Imaginate, cuando bajamos de la camioneta hicieron todos así, porque estaban todos revolviendo basura. Había un tipo, me acuerdo, no me voy a olvidar nunca, que tenía una pata hinchada. Era como el capo de todos los tipos que estaban ahí, y Maresca va y se le acerca y se le pone a hablar con total naturalidad. Yo dije: “Acá nos cogen a todos”. Me asombró Maresca. Hasta ese momento... por la extracción que yo tengo, de alguna manera la pasé mal, viví en la provincia, lugar semicampo. Me di cuenta de que era una idea romántica que tenía del hambre y hasta de la locura misma. Porque en ese lugar, lo que era el albergue Warnes que yo veía por el colectivo, lo estaba viendo ahí, con la Maresca hablando con un tipo, con todos tipos que para mí eran como peligrosos pero empezamos a hablar con tanta naturalidad... Maresca le encargó dos carros que quería comprarle, el tipo le dijo que no se los iba a vender, que se los iba a prestar, lo único que quería era que le pagara la carga de basura. Creo que después los llevamos a la Recoleta y después los tipos se llevaron la basura. Quedamos para ir otro día ahí, el tipo nos pidió que no fuéramos adentro del monoblock, porque aparecen los mafiosos (o sea los otros tipos). Y después fuimos otra vez, no fue con pollerita, pero nos pasó que al tipo no lo encontramos porque no sé qué problema tenía en la pata y lo tuvimos que ir a buscar adentro del monoblock. Yo no puedo ni hablar porque no soy crítico de arte y no sé cómo manejarme con esto. Sí sé que la estética de Lili no es una estética de papel picado, ni de serpentina ni de brillantina. Siempre fue profundamente expresiva y con un contenido social muy fuerte. Tanto es así que hasta hoy en día vemos qué es lo que pasa con los carros de basura y ella lo hizo hace diez años, más: quince. Vino todo este desastre de Menem... No te diría que Maresca sería piquetera, pero creo que era como completa. Ella era una persona de acción. Tenía esa cara seria pero era feliz cuando trabajaba, se divertía mucho. Tenía una cosa seria de interrogarte, de interrogarse, de cuestionar, pero por ahí no lo decía. Como artista, trabajaba. Lo importante que siempre yo noté en ella es la capacidad que tenía para hablar con la gente al mismo nivel, era bastante humilde en eso, muy humilde. Siempre me sentí un privilegiado de conocer la gente que conocí, con respecto al arte, y con Lili también. Porque ella también le abrió la puerta a un montón de otras personas. Los problemas míos familiares más los problemas de la época de los milicos, que estábamos así sin poder sacar cabeza nadie... Siempre quise hacer algo pero nunca pude encontrarme, y lo único que me pudo enseñar a mí es el afecto, cuando encontré este grupo de gente que te estoy diciendo. Lili era una tipa que venía a fiestas, venía acá. Yo era un tipo muy introvertido y la tipa se iba dando cuenta de eso pero igual me invitaba, jodía, me presentaba gente. Entonces ya iba conociendo a otros artistas. Creo que todos fuimos privilegiados en ese grupo. No sé ahora los artistas cómo serán, pero no creo que exista esa solidaridad que había, por lo menos en todo el grupo este que tenía Maresca. Por ejemplo: yo un día empecé que quería hacer un sapo en un charquito con mucho barro... “Claro, después lo dejás secar, Búlgaro”, me dice, “lo dejás todo resquebrajado, bien seco... como el tejido social, como lo que está pasando ahora”. Me hablaba así y yo decía: “Sí, sí...,”, “que toda la gente empiece a caminar por arriba del barro seco para que sienta lo que pasa”. Entonces le decía: “Bueno, está bien, vamos a hacerlo”. Después nunca salió, pero mirá vos las ideas que tenía, una sala llena de barro con todos pedazos resquebrajados... Nunca te decía: “Estás loco”. Decía: “Si querés hacer un charco de barro, hacelo”. Ella no tenía mucho interés en el mercado, eso es cierto... quizás hacía alguna ‘película’, pero era nada más que para trabajar. Cuando empezaba con una galería se terminaba peleando, o la cortaba... Es Liliana, así, en el espejo retrovisor de un instante, siempre. Es lo que me pasa ahora, es como que vos vas en tu camión de cosas y siempre se te aparece ella en el espejito, no les pasa mucho a las personas, la gente se olvida, se va... Y sin embargo la tenés ahí. Sube, Liliana.

* Testimonio tomado de Liliana Maresca-documentos, Graciela Hasper comp., Libros del Rojas, 2006. Luis Freisztav (1954-2008) murió el 17 de julio.

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Escultura del Búlgaro, de la serie de los perros atorrantes.
 
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