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Martes, 2 de agosto de 2005

PLASTICA › FOTOS DEL FRANCES SYLVESTRE GOBART Y LA ARGENTINA LAURA MESSING

Explotación global y explosión

Los modos de la explotación laboral y la ciudad como construcción social en sendas exposiciones de fotografías.

 Por Valeria Gonzalez *

La galería Arte x Arte, especializada en fotografía, presenta en estos días al artista francés Sylvestre Gobart. El eje principal de la muestra es la explotación de los trabajadores de origen latino en el sistema capitalista globalizado. El montaje de la exposición, límpido y serial, nos recuerda la lógica insensible de la racionalización económica. A través de la sala, el rostro de un joven trabajador, de tez morena y mirada impávida, se repite insidiosamente. Gobart resignifica esta figura humana con distintas intervenciones conceptuales, haciendo uso de la palabra escrita y del efecto semántico de ciertos materiales y procedimientos técnicos.
En una de las obras, la imagen del muchacho, transferida a una fría superficie de metal, es asociada a un conocido lema comercial: las pilas Duracell duran más, mucho más. La cobriza figura se va desvaneciendo, como la energía de una batería consumida, en una implacable secuencia temporal. Gobart muestra sin rodeos, con intencionada sobriedad, el cinismo económico que reduce al ser humano a su pura fuerza de trabajo. Agotada su energía productiva, el sujeto desaparece sin dejar rastro de vida. Otra secuencia, titulada 60 segundos, también exhibe un proceso de borramiento de la figura, pero esta vez vinculado al procedimiento fotográfico mismo. La variación matemática de los tiempos de exposición lumínica es la responsable de la progresiva desaparición del trabajador. La explotación económica encuentra aquí su paralelo en los sistemas de representación, que también convierten a la persona en un objeto consumible. Esta crítica toca también al mercado del arte. La galería Arte x Arte se mudó en el año 2002 a una antigua fábrica reciclada: la muestra de Sylvestre Gobart dialoga conceptualmente con la memoria de ese espacio. En otra parte de la sala se presenta un ready made. Se trata de un manual de uso creado en Estados Unidos para trabajadores inmigrantes. Un diccionario ilustrado que reduce la terminología extranjera a los vocablos necesarios para empleos básicos, como la lista de herramientas utilizadas en albañilería y construcción. Cada palabra aparece tres veces: en español (martillo), en inglés (hammer), y en un lenguaje fonético ad hoc (jámer). El infantilismo del libro representa por sí solo la actitud utilitaria y peyorativa del sistema laboral capitalista. Por eso el artista construye el objeto artístico con un simple señalamiento. Al lado del libro, el tríptico titulado “trabajador/worker/uórker” asocia el desplazamiento léxico al mismo proceso de desvanecimiento de la figura.
Un segundo ready made, esta vez intervenido, consiste en 48 billetes de un dólar, correspondientes a un jornal de trabajo de ocho horas de un latino inmigrante. Nuevamente, el sujeto reducido a un puro valor de cambio. Gobart encontró un artilugio técnico para incorporar la foto carnet del trabajador en medio de las capas de impresión del billete. En este caso la falsificación dice la verdad oculta. En lugar del título, un texto adjunto informa la equivalencia de cambio entre el dólar y el quétzal, moneda de curso legal en la República de Guatemala, señalando la desigualdad constitutiva del sistema capitalista y la situación de desarraigo forzado de la mano de obra inmigrante.
En la última pared se presenta una obra que abre una nueva línea de investigación en el trabajo del artista. Al modo de la famosa Una y tres sillas del norteamericano Joseph Kosuth (1965), Gobart presenta cuatro fotografías de frutas típicas de Centroamérica, acompañadas de la definición lingüística de las mismas en idioma francés. Al revés de la tautología kosuthiana, que mostraba la relación de transparencia entre el objeto, su reproducción fotográfica y su descripción verbal, Gobart nos habla aquí de la traducción como operación política. El exotismo de las periferias es consumido en el primer mundo bajo condición de ser debidamente adaptado, empaquetado y estandarizado. Los frutos están clasificados según las normas ISO, que garantizan la inmunización de toda peligrosa diferencia.
En otra sala, se presenta un trabajo reciente de la fotógrafa argentina Laura Messing. Así como la muestra de Gobart dialoga con el pasado fabril del edificio, la exhibición de Messing conecta con el reciclaje arquitectónico que permitió la readaptación funcional del espacio.
La artista titula Capítulo Cero al conjunto, aludiendo al vínculo que tiene con el libro de fotografías que Messing planea publicar este año. Dicha edición trata acerca de la ciudad como construcción social, vista desde la perspectiva del uso circular del espacio y del tiempo. En el primer caso, se alude al recorte del territorio pautado por los hábitos cotidianos de los habitantes. En segundo lugar, Messing trabaja la lógica cíclica que preside las actividades de construcción, demolición y reconstrucción de edificios, relativizando la imagen de progreso que suelen exhibir las campañas de emprendimientos urbanísticos.
Aprovechando una pared curvilínea, Messing muestra el proceso de una refacción arquitectónica en una secuencia que puede leerse en sentido circular, en una dirección o en la contraria. No hay avance sino un movimiento pendular sobre condiciones sociales, económicas y culturales que se mantienen. La figura del círculo alude al mito del eterno retorno, a cosmovisiones temporales ajenas al progresismo de la Modernidad occidental. No se trata de mostrar una ciudad deteriorada, ni de una visión crítica o misericordiosa de un hábitat marginal. Un observador desprevenido podría asociar las fotografías de Messing con los estereotipos de la imaginería latinoamericanista, que focalizan en la pobreza o la degradación de los países periféricos. La obra no habla de la destrucción como destino político de los marginados del mundo sino de la destrucción como parte constitutiva de toda producción humana.
No se trata de ruinas nobles, de aquello que la memoria pública recomienda preservar y recordar, sino de pobres casas que el olvido arrancaría del mapa urbano si no fuera por las fotografías de la artista. Sobre las imágenes de edificios en demolición, Messing superpone siluetas de personas anónimas escuetamente delineadas en trazos blancos. La transparencia de los cuerpos provoca un efecto de reversibilidad entre figura y fondo, como si estos seres incorpóreos surgieran como fantasmas de entre las ruinas. Se trata de la gente, ese sujeto no reconocido pero omnipresente en la ciudad. Grupos de personas capturados en su marcha silenciosa por cualquier calle. Estos palimpsestos vinculan los procesos circulares de construcción y destrucción de la ciudad con la relación también cíclica de la memoria y el olvido. Estos seres olvidados son quienes guardan la memoria de tantos sitios barridos del mapa urbano sin pena ni gloria. Por un lado, las ruinas urbanas son nuestro espejo. Como los memento mori de la pintura barroca, nos dicen: “lo que soy, serás”. Funcionan como metáfora de la efímera vida humana. Por otro lado, la propia existencia de estas ruinas depende de estos frágiles seres, es sólo su pequeña memoria lo que las sostiene. Como una tumba, desaparecerán definitivamente cuando muera el último ciudadano que las recuerda, porque no forman parte de ningún archivo relevante. La figura de un cóndor preside la apertura y el cierre de esta exposición. La marcha de estos ciclos reiterados, signados por la caducidad y el polvo, serían insostenibles sin la creencia en un lazo de unión entre la tierra y el cielo, entre muerte y trascendencia, entre la dura realidad y los futuros soñados. En la exposición se presentan también Osvaldo Grimoldi y Michel Marcu. La galería Arte x Arte presentará a Sylvestre Gobart y a Laura Messing en la próxima edición de la feria ARCO de Madrid. (En Arte x arte, Lavalleja 1062, hasta el 13 de agosto.)

* Crítica de arte especializada en fotografía. Docente de la cátedra de Arte Internacional Contemporáneo en la carrera de Artes de la UBA.

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Una de las fotos del francés Sylvestre Gobart.
 
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