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Jueves, 29 de septiembre de 2011

PLASTICA › SERGIO TOSORATTI Y DOS MUESTRAS SOBRE TEMATICAS MUY DIFERENTES

Tempestades y justicialismo

El artista, orgulloso hijo de obreros, dice que cambió sus colores desde que se obsesionó con el universo simbólico del peronismo. Y todo fue porque su mujer le planteó “¿Por qué no agarrás el movimiento más enorme que tuvo la Argentina y ves qué pasa?”.

 Por Facundo García

El pintor cuenta que su atelier de la infancia fue el garaje donde su padre se ganaba la vida como tornero. Que sus lienzos eran las sábanas rotas de su abuela. Jura que, ya adolescente, se las arregló para fabricar sus propios óleos; y que cuando Cristina Fernández lo llamó porque quería conocerlo, él llegó con su familia a la Rosada, se sentó a esperar y repasó mentalmente y en dos minutos el largo camino recorrido. En los próximos días, Sergio Tosoratti inaugurará varias muestras en las que dejará ver la sensibilidad de un hijo de obreros que pudo estudiar, aportarles belleza a sus memorias “y hasta conocer a la Presidenta, mirá vos”. “Vengo de familia peronista –se enorgullece–. Las discusiones del domingo en casa eran básicamente tres: peronismo contra gorilas, ‘Picasso chorro’ versus ‘Picasso genio’, y otra que era más bien una pregunta: ¿arruinaron los Beatles a la juventud? Era increíble, pero el sector más facho siempre sostenía las posturas anti Perón, anti Picasso y anti Beatles.” A los 6 años tuvo su primera profesora de pintura, una de sus tías antiperonchas. “Me pidió que dibujara unas frutas y para rebelarme las hice cuadradas”, cuenta el artista.

La insumisión fue módica, pero tenía antecedentes. Tosoratti recuerda que en el taller de su padre había un retrato de Evita que hubo que disimular tras el golpe del ’76. “Era comprometedor andar hablando de Perón. Y cuando iba con mi viejo a la cancha a ver a Temperley, yo aprovechaba y gritaba la marchita. Pobre, se ponía re nervioso”, rememora. Al final, tanta prohibición terminó por inspirarlo. Cuando más tarde conoció los secretos del color y la escuela de Bellas Artes, mechaba sus clases con jornadas en la tornería. “Fue una doble formación, la de un oficio y la del aula. Las dos partes fueron claves. Por eso en las muestras quiero hacer un homenaje a la cultura del trabajo”, se sincera.

La serie Tempestades lo llevó a las galerías. Sin embargo, ahora está obsesionado con el universo simbólico del justicialismo. Tosoratti no busca reelaborar registros fotográficos o fílmicos –en la línea que trabaja, por ejemplo, Fernando Goin–. En su caso, a veces hay fotos, pero muchas obras están basadas en el relato oral de testigos “que estuvieron ahí”. “Mire éste –señala, y apunta a un rincón donde cuelga el cuadro de un camión cargado de obreros–. Esa imagen es del 17 de octubre y me la describió un tío. Hace poco vino un tipo al taller, lo miró y me dijo que había sido exactamente así. Quiso saber de dónde había sacado la postal. Cuando le comenté que había salido del relato oral de un pariente, no me creía.” Los collages de la industria nacional y popular, el paisajismo ferroviario y los sueños de una “Argentina potencia” son ejes temáticos que el creador viene profundizando. Y por sobre esas vertientes, por supuesto, están los retratos. Juan Domingo, Eva, Néstor y Cristina están captados desde un expresionismo que no deja de lado a la pincelada realista. “Miro a Perón y veo energía. La idea es hacer que el cuadro transmita eso. En realidad, la que intuyó esa veta fue mi esposa, María Eugenia. Yo pintaba tempestades. Una vuelta se me acercó y me dijo: ‘Che, vos hacés barcos en movimiento. Ya que sos peronista, ¿por qué no agarrás el movimiento más enorme que tuvo la Argentina y ves qué pasa?’”.

–Dicen que a partir de ese momento sus colores cambiaron...

–Yo era bastante dark. En 2001 mis cuadros estaban llenos de sombras. Lo que noto es que desde el 2003 mi paleta fue haciéndose más alegre.

–¿Piensa que eso fue fruto de conectar su obra con la actualidad?

–Quieras o no, la realidad entra en tus cuadros. No hay comparación entre mi ánimo durante la crisis –cuando todos mis amigos se estaban yendo o no tenían empleo– y esta última época, que ha traído conquistas importantes. En cuanto a la mirada de los demás, me quedó grabada la cara de la Presidenta la tarde en que la fuimos a visitar. Yo le regalé un retrato; pero además le dimos una pintura de ella y Néstor abrazándose. Se paró delante de la pintura y se generó un silencio conmovedor. Me parece destacable que hoy, saturados como estamos, todavía haya imágenes que nos movilicen de ese modo.

* Sergio Tosoratti expondrá sus series dedicadas al movimiento peronista a partir de hoy en el Restobar Perón Perón (Carranza 2225). Su colección de Tempestades y Resplandores, en cambio, estará a partir del 10 de octubre y hasta el 21 en el salón de exposiciones de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES, Paraguay 1338).

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Sergio Tosoratti se plantea las muestras como “un homenaje a la cultura del trabajo”.
Imagen: Carolina Camps
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