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Martes, 31 de diciembre de 2013

PLASTICA › LA RESIDENCIA ARTíSTICA DE AVELLANEDA, ACTIVA ENTRE 2004 Y 2009

Cinco años compendiados en un libro

Auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación y el Fondo de las Artes, se publicó el libro El Basilisco, sobre la residencia de artistas que funcionó bajo la dirección de Cristina Schiavi, Esteban Alvarez y Tamara Stuby.

 Por Tamara Stuby *

La idea parecía bastante simple: invitar a un artista del extranjero y a otro de la Argentina a residir diez semanas en una casa en Avellaneda, donde pasarían su tiempo viviendo y trabajando, en la proporción que mejor les sirviera para sus procesos creativos. La casa donde funcionó el proyecto (entre junio de 2004 y principios de 2009) era una casa familiar que fue ideal en todo sentido: contaba con un gran salón que serviría de taller, más varias habitaciones individuales, una cocina muy amplia (esencial), tres patios, cuatro baños y, muy importante: vecinos bastante tolerantes. Suena fácil, pero quijotesco es un término más preciso; de todos modos, nuestras razones nos impulsaron adelante persistentemente y salimos a buscar los recursos necesarios y a convencer a quienes pudimos de lo genial que sería el proyecto.

Es natural suponer que el comienzo de un proyecto de estas características estuviera acompañado por una mezcla de exaltación y terror; lo que no era tan previsible es que esa sensación iba a seguir acompañándonos con la llegada de cada nuevo artista a la residencia. Con los años, resultó cada vez más claro que compartíamos la experiencia de los visitantes en forma complementaria, a pesar de que se establecieron ciertos ritmos y ritos, y ahí estaba el verdadero motor; el contacto palpable con el proceso de conocimiento, el procesamiento de lo nuevo y diferente. (...) Con la llegada de los artistas a nuestra ciudad por primera vez, se formularon nuevas preguntas acerca de lo que ya conocíamos, de lo que ya (supuestamente) entendíamos. Entonces, ¿en qué consiste el conocimiento, si se revela tan mutable? ¿Cómo funciona el aprendizaje, ese mecanismo de incorporar ideas y sensaciones nuevas? (...)

Adjudicar o construir sentido es algo que funciona a través de comparaciones, paralelos y yuxtaposiciones y tiene que ver con la tensión permanente entre la rutina (lo familiar) y una situación excepcional (lo desconocido). Aunque el lado más oscuro del capitalismo nos ha demostrado el potencial que tienen las situaciones excepcionales para doblegar la voluntad de la gente, llevándola a hacer lo impensable o a aceptar lo inaceptable, nuestra intención apuntaba hacia el otro extremo, apostando al potencial que tiene un cambio de circunstancias, para inducir a alguien a explorar rincones de su voluntad que normalmente se encuentran obstaculizados. (...) Entonces la casa –grande, vieja y llena de idiosincrasias propias– sirvió para eso: nos ofrecía un microclima de contención, una base que liberaba energía para que cada uno la empleara en la dirección que quisiera. (...)

En el mismo sentido, Avellaneda, o más bien Piñeyro, se ofrecía como un lugar concreto y real, marcando un contraste con el circuito de los espacios de arte. Antiguamente, el barrio fue formado por trabajadores, muchos de ellos extranjeros, y este hecho sin dudas enriqueció la interacción que los vecinos tenían con los artistas visitantes. (...) Como organizadores facilitamos la introducción al contexto, al estilo de las presentaciones al principio de una fiesta. (...)

Las decisiones y posiciones que uno va tomando dentro del marco de la gestión generalmente desaparecen en la sombra de sus consecuencias más visibles. Se van sumando y toman forma con el paso del tiempo, y ahí dejan entrever las actitudes subyacentes. En la coyuntura específica del arte argentino en los años que siguieron a la crisis, frecuentemente se hicieron generalizaciones que definieron a todas las iniciativas de artistas con la etiqueta de “colectivismo”. Lo que en muchos casos fue una cuestión simple de aunar esfuerzos estratégicamente frente a la adversidad, en la percepción general llegó a un extremo, adquiriendo los proyectos colectivos un aura de sacrificio del ego con cierto aire de secta o militancia política. En medio de este clima, nuestra posición resultaba poco correcta; siendo tres, fuimos calificados como un grupo de artistas, pero no profesábamos renunciar a la individualidad ni subsumirla en una entidad mayor. Seguimos pensando que el tema de la autoría es tan personal y complejo que poco sentido tiene tildar una forma u otra de mejor o peor, de más o menos noble. (...)

El Basilisco no estaba en Avellaneda como una toma de posición geográfica, sino porque era nuestro barrio y le teníamos un cariño infinito. Vivimos nuestras convicciones políticas de la misma forma en que uno vive como vecino, ciudadano, hijo, hermano o padre, y estas convicciones nos llevaron a encarar acciones en nuestro ámbito, el del arte (en cierto modo, nuestra fábrica). (...)

Aunque ahora cuesta creerlo, cuando comenzamos a buscar apoyo de instituciones locales, en el año 2003, primero había que explicar la idea de una residencia de artistas y justificar la necesidad y los beneficios a largo plazo para toda la comunidad de un proyecto de esas características y sólo entonces pudimos solicitar el financiamiento para hacerlo. (...)

Teníamos muy en claro qué queríamos hacer y por qué. El cómo, se fue dando con una práctica robusta de ensayo y error, pero una cuestión que resultó siempre muy huidiza fue la de los resultados. La expectativa que genera la palabra “resultados” es, de por sí, falsa: sugiere un producto, un bien, un cambio ostensible y cuantificable, medido con una escala de valores concreta. Y no había resultados de ese tipo. La dificultad llevaba a la reflexión; y nos parecía que la demanda por resultados revelaba tendencias sobre cómo se pensaba el arte dentro del contexto social influenciado por la dinámica del mercado. (...)

Cómo documentar una experiencia vital es un desafío para nada sencillo, donde cualquier sistema de cartografía corre el riesgo de modificar la ruta. Un proyecto que encaramos de modo experimental con el Instituto de Historia del Arte Argentino y Americano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata dejó en claro la riqueza potencial de un programa de documentación integrado a la actividad, a la vez que revelaba las limitaciones que producen las mismas pautas que otorgan valor y confiabilidad a los registros como fuente para posibles futuras investigaciones. (...)

El proyecto tardó en arrancar pero creció con una velocidad insospechada de ahí en más, en términos del número de artistas que vinieron por año, del alcance de la convocatoria, de las posibilidades que tuvimos para invitar artistas argentinos a viajar al extranjero como fruto de los intercambios que realizamos y del nivel de reconocimiento que tuvo el proyecto. Pudimos cumplir el sueño de hacerlo crecer dentro de nuestra región, especialmente con proyectos hermanos como Lugar a Dudas (Colombia), Kiosco (Bolivia) y Capacete (Brasil), además de trabajar en conjunto con instituciones de más larga trayectoria como Nifca (Países Nórdicos), Buy-Sellf (Francia) o Hangar (España), entre otros. Vimos florecer colaboraciones ricas e insospechadas entre artistas y vecinos del barrio, recibimos más visitas de artistas y otros actores del mundo del arte de distintas partes del mundo de las que pudiéramos haber imaginado y terminamos comiendo, charlando, tomando y bailando mucho más de lo planificado. (...)

A principios del 2009 nos encontrábamos buscando una nueva sede para El Basilisco, ya crecido a un tamaño significativo, y entre la crisis económica internacional, los cambios que habían transcurrido en nuestras vidas, las condiciones extraordinarias que tienen que existir para poder sobrellevar los muchos obstáculos que enfrenta cualquier emprendimiento independiente, simplemente no confluyeron. No debe ser sorprendente que proyectos de esta índole terminen ni necesariamente triste; lo que sí debería destacarse es lo increíble que es cuando funcionan, y lo maravilloso que es cuando funcionan bien, por el tiempo que sea que duren.

* En nombre de El Basilisco, creado y dirigido por los artistas Cristina Schiavi, Esteban Alvarez y Stuby. Fragmento de la introducción del libro El Basilisco, residencia de artistas 2004-2009, auspiciado por la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación, El Fondo Nacional de las Artes y la Foundation for Arts Initiative (FfAI).

Artistas de allá y de acá

Algunos de los 60 artistas invitados: Adriana Bernal y Víctor Muñoz (Colombia), Jan Adriaans y Anna Bas Backer (Holanda), Iara Freiberg y Guga (Brasil), Narda Alvarado (Bolivia), Nándor Angstenberger (ex Yugoslavia/Alemania), Torbjörn Berg (Suecia), Bill Burne (Canadá), Gabo Camnnitzer (EE.UU. / Suecia), Agnieszka Casas (México), Asil Çavusoglu (Turquía), Henry Coleman (Inglaterra), Agnes Esperjesi (Hungría), Jaime Gili (Venezuela), Luis Guerra (Chile), Renaud Herbin (Francia), Núria Marquès y Sara Ramo (España), Bjargey Olafsdóttir (Islandia), Gregor Passens (Alemania) y Anu Pennanen (Finlandia). Argentinos: Nicanor Aráoz, Marcos Bainella, Adriana Bustos, Pablo Guiot, Cristian Segura, Lila Siegrist, Marcela Sinclair, Alejandra Urresti y Adrián Villar Rojas.

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“Vamos al Basilisco” dice el colectivo (Foto: E. Alvarez). Abajo, obra de lara Freiberg.
 
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