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Martes, 23 de diciembre de 2014

PLASTICA › DIBUJOS DE CECILIA IVANCHEVICH EN LA GALERíA RUBBERS

Estructuras desestructuradas

La artista, que además es asistente de Luis Felipe Noé, presenta la muestra Sinergias, con dibujos que combinan elementos aparentemente opuestos. En esta entrevista explica los contrastes y temporalidades de su obra.

 Por Fabián Lebenglik

En estos días y hasta el 5 de enero, Cecilia Ivanchevich (Quilmes, Buenos Aires, 1977) está presentando una exposición de sus dibujos en la galería Rubbers.

Ivanchevich es artista y curadora. Desde hace una década asiste profesionalmente a Luis Felipe Noé y participó como colaboradora del envío oficial argentino a la 53ª Bienal de Venecia, cuando el artista invitado fue Noé. Sus obras integran colecciones públicas y privadas de Argentina, México, Inglaterra, España, Croacia y Sudáfrica. Desde 1997 obtiene distinciones y participa de exposiciones individuales y colectivas en Argentina, Francia, Austria, Italia y Croacia.

Sus dibujos, como si presentaran sistemas y estructuras quebrados, exhiben, al menos, una doble vía compositiva. Por una parte, una suerte de geometrización compuesta de trazos, líneas, formas y manchas; por la otra, a modo de desprendimiento más tenue, y en contraste con la geometría, hay una serie más lúdica, de grafismos, figuraciones y formas que, en parte, parecieran provenir del mundo de la historieta. Tal esquema compositivo (quebrado) presenta varias temporalidades simultáneas.

“Disfruto de usar las relaciones entre el tiempo del proceso creativo dentro de la obra y el tiempo de contemplación –dice la artista—. Una mancha gestual sucede a una velocidad y, a su vez, fluye a otra en el ojo, del mismo modo que lo seduce para enriquecerse en sus detalles, para acelerarse en sus ritmos. Este juego se potencia al yuxtaponer la mancha a una geometría orgánica. Mis geometrías no intentan ser perfectas, son parte del mismo proceso de ir buscando la forma en la medida en que la pintura toca el papel. Cada línea, cada punto, cada mancha, cada gesto y cada obsesión rigurosa se suceden en una secuencia temporal, de tensión física frente al material y sus recursos. Mi obra es una conversación íntima, en donde mis múltiples yoes discuten o se entrelazan para de-sarrollarse en sus múltiples tiempos, fluyendo como reflejo del ser contemporáneo en relación inmediata con su realidad.”

La artista dialogó con Página/12 sobre su obra.

–¿Cómo pensás la temporalidad en tus trabajos?

–La temporalidad pasa por la relación ante la obra, con tiempos genuinos, por ejemplo que un gesto sea respetado en su fugacidad; pero también darse el permiso de ser más riguroso u obsesivo, en el sentido del pensamiento más elaborado. Por eso mezclo la historieta con lo clásico. De algún modo esto también está ligado a mi vivencia generacional, en la que conviven distintas temporalidades, la de lo inmediato y la de lo más pensado y pausado. También está el tiempo psicológico, en el que cinco minutos pueden parecerte cinco horas y viceversa. Hay momentos de quiebre, otros más fluidos, otros de complicaciones... y cuando uno lo mira retrospectivamente, en la obra todos esos tiempos conviven.

–¿Por qué la exposición lleva el título de Sinergias?

–Porque tiene que ver con el cierre de un ciclo de cinco años en el que exploro mi relación con el dibujo y con las experiencias del laboratorio interdisciplinario de arte con el que venimos trabajando con músicos y artistas visuales, en donde el trabajo con otros, desde otros campos, o incluso desde las propias artes visuales genera un resultado producto de varias experiencias puestas en juego. Lo sinérgico no sólo es el trabajo con los otros, sino también con uno mismo.

–Hay un juego de opuestos y complementarios en estos dibujos.

–En mi obra hay una ambigüedad de cosas que parecen opuestas y no lo son. Hay dos maneras, una geometría más fuerte y algo más claro, más dibujado. Hoy se habla mucho de una enfermedad muy actual que es la bipolaridad. En mi obra conviven dos cosas que parecen antagónicas y contradictorias. Cuando realizo cada obra tengo un tiempo/espacio distinto para encarar cada etapa. Hay obra de pincel grande y brazo extendido y también hay otro trabajo en el que me pierdo adentro. Le doy al espectador un lejos, un medio y un cerca. El desa-fío es poder captar el ojo del espectador para que se acerque. Para que vean que esos trazos fuertes, a veces violentos, cuando se acercan no son más que un juego. Y, volviendo al tema del tiempo, ahí el espectador genera otro tiempo cuando ve la obra. Porque hay un momento inicial, un pantallazo, y después la cercanía produce una nueva relación y un nuevo momento con la obra: una nueva relación temporal y de escalas, dentro de cada obra.

–¿Cómo conjugás los espacios llenos y los vacíos?

–Cada vez más me interesa el espacio. Y no sólo en la obra en papel. También realizo instalaciones lumínicas en el espacio. Me interesa el espacio en fuga y el uso de las diagonales. El vacío es una constante en la obra porque al igual que el silencio sirven para categorizar lo otro que está sucediendo. Para mí tiene que haber un espacio vacío. Lo relaciono con la música, en donde el estadio del espacio vacío tiene relación directa con el silencio. El vacío y el silencio permiten la tensión, el disfrute... Y en este sentido, me gustaría ampliar el trabajo interdisciplinario a la ciencia. Se trata de generar un ámbito en el que cada uno, desde la propia lógica de sus saberes y experiencias, pueda lograr un proyecto artístico. La combinación de la ciencia y el arte es la mezcla de lo predecible con lo impredecible.

–¿Cómo manejás ser una artista plástica independiente y al mismo tiempo ser asistente de un artista como Noé, con una presencia y una personalidad tan fuertes y una obra consagrada?

–Es muy difícil ser por un lado la mano de Noé y por otro la cabeza de Cecilia. Pasar de una cosa a la otra me requiere un gran esfuerzo, porque para asistir bien a un artista como Noé hay que comprometerse mucho con la obra, respetarlo y trabajar desde ahí. De manera que para salir de ese lugar y entrar en el mío, tengo que darme un tiempo. Sobre todo porque trabajo también con tinta china, como Noé; pero logré al menos dos ejes de diferenciación fuertes con su obra: por un lado, practico una geometría orgánica y por otro está el tema del espacio vacío, muy fuerte en mi obra. Ninguna de estas cosas están en la obra de él.

* En Rubbers, Avenida Alvear 1595, hasta el 5 de enero, junto con una muestra de esculturas de María Torcello.

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Sinergia, maderas y tinta sobre pared, de Cecilia Ivanchevich.
 
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