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Martes, 28 de junio de 2016

PLASTICA › A PROPóSITO DEL LIBRO/ENTREVISTA QUE ACABA DE PUBLICARSE

León Ferrari las palabras propias

El libro Ferrari por León consiste en una extensa entrevista, en la que se funden todas aquellas otras publicadas, que consigue abordar desde la voz del artista las explicaciones y los contextos que rodearon su obra.

 Por Andrea Wain *

–¿Qué relación se da entre su obra plástica y el público?

–Cuando participé en el movimiento Tucumán arde, a todos les interesaba, por encima de la estética, la efectividad agitadora de la obra. En ese sentido, el autor pone casi todo el trabajo para darle al espectador una significación ineludible; era necesario en ese momento político. Cuando escribí Palabras ajenas, quise expresar mi criterio sobre Vietnam. En mi trabajo reciente, es distinto: pongo una mínima parte para que el espectador aporte a la obra el sentido racional o emocional. Hoy pienso que es mejor no explicar nada, para que el público pueda arriesgarse a pensar un mensaje mucho maìs lindo que el que otro le pueda decir. No hay que limitar la imaginación del que mira. Por eso trato de no explicar; las explicaciones suelen destruir la obra [...]

–¿Usted les resta valor a las obras que no son políticas?

No. Hay gente que piensa que únicamente hay que hacer arte político y están los que, como decía Romero Brest, creen que la ideología es el anticuerpo del arte; pero a mí me parece que la gente tiene distintas preocupaciones y cada uno tiene que hacer lo que quiera. Yo a veces hago cosas políticas o análisis de la religión y otras veces solamente arte. La editorial Argonauta me va a publicar un libro que se llamaraì L’Osservatore, una serie de collages que hice con L’Osservatore Romano: le dejo el título original del diario, le saco todo el texto y le pongo una imagen que comenta el título. Por ejemplo, si dice: “Vuelve Cristo”, le pongo el infierno y toda le gente retorcieìndose, que es parte de otra gran obra occidental.

–¿Cómo se relacionan, para usted, el arte y lo poliìtico?

–En el arte político, una alternativa es tomar la política como una naturaleza muerta, y en ese caso, la preocupación del artista sigue siendo la obra. La otra es utilizar el arte en función de una militancia, para decir algo más allá de lo esteìtico. El arte puede ser un proyectil.

–El uso del collage fue frecuente en su trayectoria y, sobre todo, en el arte político. ¿Qué trabajos realizó con esa técnica en las distintas etapas de su producción?

–Si antes trabajaba con el collage sobre el plano, después empecé a hacerlo con la mezcla de lenguajes sobre volumen, por ejemplo en la serie de los Maniquíes. Los cuerpos transparentes permiten cambiar la imagen a medida que uno se mueve y mira a través. El cuerpo de la mujer lo visto con palabras, con textos que a veces son caricias y a veces no. Es casi un estudio, donde también está el lenguaje de la publicidad, de las vidrieras. La mejor manera de estudiar y experimentar es produciendo. Pero es cierto que el collage lo utilicé sobre todo con obras más políticas. En 1996, el diario Página/12 reeditó en fascículos el Nunca más y yo lo ilustré con collages diversos donde uso muchas fotografías de los represores, pero no solo en relación con los desaparecidos, sino también como un análisis de la religión en sí, y sobre todo de la complicidad de la religión con los criminales de la dictadura. Muchos de esos collages fueron incluidos en el libro La bondadosa crueldad. Relaciono fuentes cristianas, gráficas y escritas, con imágenes del genocidio nazi, de la matanza de negros norteamericanos, de los represores argentinos, porque considero que la religión cristiana es el fundamento ideológico del “Proceso”.

–¿Cuál es su lectura personal del libro Nunca más?

–El Nunca más es una recopilación bien hecha sobre parte de los crímenes de la dictadura. Aunque es cierto que de ese libro se deducen las diferencias en la lucha que tuvieron la guerrilla y la represioìn, el proìlogo repite la idea de los dos demonios, con la que estoy en absoluto desacuerdo. En ese enfrentamiento entre la guerrilla y la represión se produjeron dos clases de hechos. Hubo muertes, bombas, atentados por ambas partes. Pero además la represión torturó, desapareció gente, robó los hijos a las muchachas embarazadas y arrojó vivos al río a los presos que había secuestrado.

–En su trabajo con las ilustraciones, ¿aparecen estas cuestiones?

–Sí, vinculo mucho los excesos, las violaciones de los derechos humanos de los católicos, de la religión. Muchos crímenes y exterminios que aparecen narrados en las Sagradas Escrituras: Diluvio, primogénitos egipcios, Apocalipsis, infiernos... siempre vinculados con la dictadura, y también relacionados con exterminios históricos propagados por la religión, como la Conquista de América, la Inquisicioìn, la caza de brujas, el nazismo... que también se relacionan con la discriminación a homosexuales, a la mujer, a los judíos, a los herejes, a los incrédulos, etcétera. [...]

–A los maniquíes, ademaìs de utilizarlos como soportes de collages, ¿también los intervino con escrituras?

–Sí, utilicé también la escritura sobre maniquíes y torsos femeninos sólidos y transparentes; escribo sentencias y fragmentos biìblicos –por ejemplo, las amenazas y los castigos del Deuteronomio, o parte del Cantar de los cantares– con una caligrafía que intenta colocar la idea de la escritura a mano en relación con el tono de voz. Como en los manuscritos, se recuperan énfasis y acentos del mismo modo que cuando uno habla e incide sobre lo que dice.

–Usted también tiene obras en braille vinculadas a esta línea más poética. ¿Qué le interesó cuando comenzó con esa serie?

–Los brailles se me ocurrieron porque Borges era ciego, pero a su vez tenía unos poemas de amor muy lindos, entonces pensé en utilizar el lenguaje de los ciegos sobre las fotos de desnudos de Man Ray y también utilicé fotografías de mi padre y de dos italianos: Ferdinando Scianna y Tatiano Maiore. La idea de un poema de amor sobre la chica fotografiada desnuda surgía de que había que acariciar a la mujer para poder leer lo que deciìa el texto poético. [...]

–¿El braille se desvinculó de lo poético y empezó a funcionar como arte político?

–De alguna manera sí, en algunos hay más temáticas relacionadas con la guerra o con la historia de Occidente, realizados con imágenes y con fotografías de diarios, y en otros aparece lo erótico, que de alguna manera es una forma de hacer arte político, porque una de las represiones de Occidente es la sexofobia. La obra Aìmate, que fue censurada en una exposición de Rosario, por ejemplo, es una obra didaìctica que muestra una masturbación femenina, y en braille puse: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”; esta obra con un poco de humor era una especie de defensa de un placer que nos dio ese Dios que tanto se invoca.

–¿Cómo es eso?

–La sexofobia es inherente a la religión católica; nace con Adán y Eva, pero se va perfeccionando, sobre todo a través de los santos. Por ejemplo, San Francisco, que negaba al cuerpo todo valor y proponía no nombrar a las mujeres. O Santo Tomás, uno de los pilares filosóficos de la cultura de Occidente, que estaba obsesionado con el tema del semen: decía que el semen derramado sin fines reproductivos era un grave pecado; el camino al infierno. Escribí varios artíulos sobre estos temas.

–Y también aparecen en algunos collages suyos estos pensamientos. Háblenos un poco de la utilización de la fotografía en distintos momentos de su trayectoria.

–La fotografía la utilicé mucho en aquella época de la muestra del Instituto Di Tella, cuando comencé a realizar obras relacionadas con La civilización occidental y cristiana, imágenes de las torturas que aparecían en los diarios y que pegué como un collage de fondo. También utilizo muchas imágenes de diversas fuentes. Por ejemplo, para una importante serie que comencé en los ochenta, Relectura de la Biblia, hay muchas imaìgenes documentales, como fotos de Hitler, o de cadáveres en campos de concentración; es parte de mi investigación sobre la conducta de Dios. [...]

–¿Cuál es la intención que se propone con esta mezcla de imágenes y temas?

–Trato de transmitir con imágenes una opinión sobre nuestros dioses, un paralelo entre ellos y los grandes criminales contemporaìneos, los Adolfos y los Benitos que murieron, y esa multitud de torturadores que andan sueltos y van a misa. Pienso que se puede despertar la curiosidad y cambiar un poco el pensamiento cristiano.

* Fragmento del libro Ferrari por León, con edición de Andrea Wain y prólogo de Andrea Giunta (publicado por editorial Libraria, 128 págs.), que consiste en la unificación y edición de numerosas entrevistas que ofreció Ferrari, publicadas en diversos medios entre 1972 y 2012.

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Tapa del 28/12/04. Abajo, Mimetismo (1994, detalle).
 
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