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Martes, 18 de octubre de 2005

PLASTICA › LUIS QUESADA: UNA MUESTRA ANTOLOGICA, OTRA DE PEQUEÑA ESCALA

Mendocino y casi clandestino

Dos muestras juntas en Cuyo permiten asomarse a la obra de un gran artista mendocino, que merece reconocimiento.

 Por Laura Valdivieso *
Desde Mendoza

Luis Quesada nació en Mendoza, el 23 de junio de 1923. Artista, intelectual, docente y gestor de múltiples iniciativas culturales, es un referente indiscutido de las artes visuales de la región de Cuyo. Su extensa producción está constituida por pinturas, esculturas, dibujos, grabados, murales, tapices, muebles, objetos y joyas.
Durante el mes de octubre pueden verse dos exposiciones suyas paralelas, una en la ciudad de San Juan, en Antigua Bodega, que consta de 130 obras de diferentes momentos, y una en Mendoza, en ED Espacio de Arte y Diseño Contemporáneos, de sólo 6 obras de su última etapa. A diferente escala, ambas son un pequeño recorte en la enorme producción de este artista.
En la exposición de San Juan, curada por Leonor Rigau, una coetánea de Quesada, se hace visible la mirada de su propia generación que pone en valor al artista creativo, polifacético y prolífico.
En la de Mendoza, en cambio, curada por un colectivo de artistas muy jóvenes, se descubre otra cosa, de no menor rango: Quesada es un artista de referencia para la nueva generación local que procura desprenderse de la tradición académica e insertarse en el contexto del arte contemporáneo. Se formó en la Universidad Nacional de Cuyo bajo las influencias de la modernidad, tal como se la conoció en Mendoza entre las décadas del cuarenta y cincuenta. Del modelo moderno, que supo extrapolar y repensar a lo largo de su vida, le han quedado algunas ideas rondando: un concepto optimista del trabajo del artista como medio para transformar el entorno, una idea del arte planteada desde lo colectivo, inscripta en un contexto sociopolítico, una revalorización de la artesanía y de las artes aplicadas como lenguajes posibles de ser extrapolados por el Arte y un pensamiento racionalista que le ha dejado una impronta a su trabajo y a todos sus emprendimientos culturales.
Además de la importancia de su obra, su figura significa para Mendoza muchas más cosas. Entre otras, Quesada fue el motor que impulsó la creación de la Escuela de Diseño en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo; fue también partícipe de la primera Ley de Cultura que tuvo esta provincia y consulta obligada de todas las demás que se intentaron o que se sancionaron; creó el Club del Grabado, que integró a un grupo de artistas que pretendía llevar el arte a un estadío de difusión popular; casi con el mismo objetivo, formó un grupo de muralistas cuyo trabajo convirtió a Mendoza en una de las ciudades que más murales tiene en el país; inventó e implementó el “Proyecto para la radicación de artistas y artesanos del Bermejo” con el objeto de concentrar a los artistas y artesanos en un lugar que fuera como la “Florencia” argentina del siglo XX (según sus palabras connotadas de su sutil humor); y la lista continúa, pero no es el objeto de esta nota.
Paralelamente a estos emprendimientos, desarrolló su producción. Quesada es de esos artistas que procuraron tangencialmente sincronizar con el mundo y cuya preocupación estética estuvo siempre (y está) orientada al futuro. Se dejó influir por Matisse, por el Muralismo Mexicano, por el Arte Precolonial, por el Constructivismo, por el Arte Geométrico en sus múltiples versiones, pero ninguna de estas influencias es fácilmente descifrable, porque su obra guarda una originalidad y una identidad con ella misma pocas veces vista.
Esta “originalidad” es el resultado de una idea sobre el arte un tanto sui generis. Quesada parte de un principio: ve su propio trabajo como el de un artesano reinventado por el artista. Puede iniciar una obra recortando una lámina de plata con un arco de calar y, desde allí, llegar a una escultura de grandes dimensiones cortada por plasma en chapas de hierro de 1 cm de espesor. Una especie de “todo vale”, pero no en el terreno semántico, sino en lo técnico, es decir, en los métodos de producción, siempre ligados, en un punto, al trabajo manual. No ha tallado maderas, ni batido chapas, ni modelado cemento, sino que sus técnicas tienen una fuente que no es la de la Academia de Arte, sino que proviene de las artesanías, ampliada con la tecnología.
Hay también en sus obras un “todo vale” cromático completamente desprendido del color descriptivo y poco utilizado en el contexto mendocino, que es de raíz figurativa expresionista. Colores planos, plenos y saturados, amarillos, rojos, blancos, negros, naranjas, verdes, entre otros, absolutamente ligados a la estética moderna.
El recorte de siluetas es el procedimiento más recurrente. Según sus palabras, se la ha pasado “recortándolas”, para luego someterlas a infinitas posibilidades constructivas: superponerlas para generar volúmenes escultóricos, entintarlas para grabar en papel, convertirlas en puzzles geométricos o enhebrarlas generando tapices. Las ha hecho de metal, acrílico, madera, cemento. Las ha cortado él mismo o ha delegado esa tarea, con diferentes herramientas. Este procedimiento le ha permitido desarrollar obras bajo la idea de proyecto o prototipo, ligada al diseño, en la que arma un objeto pequeño que puede traducirse a otro material y agrandarse en forma gradual hasta llegar a dimensiones importantes.
Las siluetas le han dado a la línea un protagonismo indiscutido. Curvas y orgánicas o geométricas y racionales, indistintamente.
Pero además de este procedimiento, hay otro que lo incluye. Es la idea de pequeños fragmentos que se repiten y se suman mediante algún principio de acumulación, llegando a números insospechados. Miles de pedacitos constituyen un tapiz de madera o una columna multicolor. Cientos de siluetas, una escultura. La cantidad, prueba de sus obsesiones personales, le otorga un valor agregado a la belleza visual.
A veces hay reminiscencias figurativas, zoomorfas o antropomorfas, sometidas a un proceso de estilización y desprovistas de propósitos narrativos. Pero en otros casos son sólo triángulos, cuadrados y círculos, combinados en todos los polígonos regulares o irregulares imaginables, desplazándose por la superficie de la obra o por el espacio con movimientos modulares.
La lógica constructiva que dejan a la vista sus obras, que a veces subvierte en algunos momentos desprevenidos, constituye una parte medular de su poética, pero también esa especie de abismo que es repetir una tarea hasta agotarla y, aún ahí, volver a empezar procurando encontrar un nuevo intersticio.
Quesada es un artista ineludible de Mendoza y lo es también, sin dudas, para lo que se entiende por Arte Argentino, pero aún no se han generado los mecanismos para la adecuada valoración de este gran artista.
Su obra deja constancia de las líneas que se borraron a principios del siglo XX, entre la artesanía, el diseño y el arte, entre los oficios, los procesos y las ideas.
(Hasta el 20 de octubre en la Sala ED Espacio de Arte y Diseño Contemporáneos –www.edcontem poraneo.com– Capitán de Fragata Moyano 139, Mendoza. Y hasta el 31 de octubre en la sala de exposiciones de Antigua Bodega [Familia Chirino], Salta 782 Norte, San Juan.)

* Crítica de arte y artista plástica. Jefa de Extensión de la Escuela Regional de Cuyo de Cine y Video en Mendoza.

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Vista parcial de la muestra antológica de Quesada.
 
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