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Martes, 8 de enero de 2008

PLASTICA › EL RECIENTE LIBRO “EXURBANISMO” SOBRE LAS CIUDADES NORTEAMERICANAS

Una nueva lectura de las ciudades

Según Frank Gehry –el genial arquitecto del Guggenheim de Bilbao–, este libro es “una exploración excepcional de la forma urbana que proporciona inspiración para la construcción futura de la ciudad, presentada por un pensador de talento”.

 Por Mario Gandelsonas *

El libro Exurbanismo: la arquitectura y la ciudad norteamericana presenta un proyecto que se inició hace veintidós años: ¿cómo leer la ciudad norteamericana a través de dibujos? Esta investigación se llevó a cabo en un momento en que estaba teniendo lugar una drástica reestructuración urbana en Estados Unidos, una mutación tan acusada como el proceso de suburbanización que había ocurrido durante los años cincuenta. En los últimos treinta años se han dado cambios trascendentales que han afectado a la ciudad y a la cultura urbana, expandiendo sus definiciones, generando nuevas configuraciones de la forma y el espacio urbanos y modificando las condiciones del análisis urbano. El continuo desarrollo de la ciudad y la desaparición paulatina de los lugares públicos y los espacios urbanos consolidados fueron paralelos con la emergencia y la proliferación de nuevos espacios públicos interiores, exteriores, físicos y electrónicos. No obstante, a pesar de esta multiplicación de situaciones urbanas, en este período las posibilidades de alcanzar una arquitectura urbana en Estados Unidos parecían más distantes que nunca.

Este examen de la ciudad norteamericana fue, al mismo tiempo, una reflexión sobre la arquitectura. Mis dibujos urbanos eran un intento de representar las repercusiones arquitectónicas de la extraña metrópolis que empezó a desarrollarse en Estados Unidos en los años setenta y ochenta, un proceso todavía en curso y que actualmente se está extendiendo al resto del mundo. Estos dibujos, al aventurarse en un territorio no arquitectónico (la ciudad), expresan un intento por explorar los límites de la arquitectura en un momento en que la disciplina también estaba atravesando cambios traumáticos. En los años setenta, la posibilidad de una práctica crítica de la arquitectura –definida como la articulación entre la práctica y la teoría de la arquitectura– pasó a un primer plano del debate arquitectónico. Este debate, centrado en temas de urbanismo, en cuestiones de significado y en la crítica de la representación, se articularon en el marco del discurso postestructuralista.

Los dibujos urbanos surgieron en este contexto como una crítica del papel tradicional de los dibujos como representaciones de la ciudad en cuanto hecho físico. Los dibujos se proponían como ámbito donde tenía lugar la articulación de dos prácticas distintas, de dos “superficies discursivas” distintas: la arquitectura y la ciudad. Se trata de una articulación difícil entre dos prácticas mutuamente contradictorias que, como veremos, requiere una compleja negociación estratégica. Dicha articulación no pretende cubrir un vacío –ya que la arquitectura y la ciudad se han relacionado de formas distintas en momentos distintos– ni “resolver” el antagonismo entre ambas prácticas. Se trata más bien de un intento, por una parte, de reconocer sus diferencias y, por otra, de la necesidad de su articulación. No se trata, por tanto, de una conexión fija entre dos elementos sino de una relación entre dos prácticas cambiantes. De hecho, deberíamos percibir la arquitectura y la ciudad como significantes relativos a dos prácticas que han ido cambiando constantemente con el paso del tiempo, de modo que esa relación, esa conexión, tiene que recrearse y negociarse continuamente sin llegar nunca a lograr un equilibrio definitivo. Esta práctica de articulación, al apuntar a estrategias alternativas para sentar nuevos modos de relación, intenta alterar aún más las identidades de las prácticas urbanas y arquitectónicas.

Mi trabajo no abordaba directamente la condición urbana contemporánea, sino que empezaba con un examen, a través de los dibujos, de dos ciudades que se “quedaron atrás” en la reestructuración urbana más reciente: Nueva York y Los Angeles, la ciudad de principios del siglo XX y la ciudad de la posguerra, respectivamente, ambas actuando ahora como dos trasfondos históricos en los que se construye la nueva ciudad contemporánea. Los dibujos plantearon cuestiones que a su vez generaron dibujos de otras ciudades norteamericanas y, al mismo tiempo, pusieron de manifiesto la necesidad de un doble análisis teórico: las preguntas que habían surgido sobre la naturaleza de la ciudad norteamericana sino también sobre la práctica de la propia arquitectura, no afectaban tan sólo al objeto sino también al sujeto de la investigación.

La mayoría de los intentos de teorizar el desarrollo urbano norteamericano lo presentan como un proceso de crecimiento. Los economistas y urbanistas –cuyo objeto de análisis son los flujos de capital y la política urbana– no se adentran en los aspectos formales del proceso. Los historiadores y urbanistas interesados en estos aspectos formales tienden a ver la ciudad como un proceso continuo de adición y transformación en el que se añaden o reemplazan edificios y en el que se extraen o construyen espacios públicos. Esta visión oculta las discontinuidades formales de dicho proceso, las radicales reconfiguraciones de la ciudad norteamericana que el presente trabajo –cuyo objetivo es la articulación de la arquitectura y la ciudad– pretende colocar en un primer plano.

[...]

Tradicionalmente, la arquitectura de la ciudad se ha producido a través de fantasías urbanas realizadas en dibujos que intentan imponer un orden arquitectónico al cuerpo urbano. Los dibujos urbanos que se presentan aquí desplazan el escenario de la producción al lugar de la recepción arquitectónica y enfocan la ciudad como un ready-made, de modo que la propia ciudad se convierte en un punto de partida para su desarrollo.

La naturaleza arquitectónica del dibujo urbano se diferencia del trazado de mapas descripto por Michel de Certeau como una de los órdenes de la práctica urbana: el mapa del geógrafo frente a la trayectoria de la gente corriente, la misma gente para quien Kevin Lynch propuso un enfoque sistemático de la imagen de la ciudad. ¿Por qué los dibujos son distintos? Porque nuestro objeto es la arquitectura de la ciudad, descripta mediante nuestros dibujos bi o tridimensionales basados en planos, a diferencia de los mapas fenomenológicos propuestos por Kevin Lynch. Porque los dibujos urbanos están concebidos como parte de una práctica performativa que tiene la capacidad de transformar o mutar la ciudad y no consideran la ciudad como lugar para el desarrollo de tácticas para la vida cotidiana.

¿Por qué estamos más interesados en el plano que en la realidad física de la ciudad? La ciudad es un transformador eléctrico, dice Braudel. La ciudad es el resultado de múltiples procesos, físicos y sociales; es una dínamo económica que produce un paisaje físico como escenario del juego sociopolítico de fuerzas, que se ve marcada por dichas fuerzas y al mismo tiempo las influye. Las cuestiones inmediatas que se puede plantear un observador urbano ante la configuración de la ciudad están relacionadas con el poder y la capacidad comunicativa de esas formas, así como con su legibilidad. Lo que esta superficie perceptiva oculta y lo que el plano revela es el poder simbólico y textual de la ciudad, que es el registro en el que tiene lugar la articulación con la arquitectura.

[...] Los dibujos urbanos plantean inmediatamente la cuestión de la identidad arquitectónica de la ciudad norteamericana. En cada ciudad hay varias configuraciones bi y tridimensionales interrelacionadas en series de equivalencias como calles/manzanas, espacios abiertos/edificios, edificios objeto/tejido, vacíos figurativos/campos, etc., como una multitud de significantes flotantes.

Es el significante arquitectónico –la mirada del arquitecto en contraposición a la mirada utilitaria del usuario cotidiano, por una parte, y a la mirada del turista que busca una supuesta identidad inamovible, por otra– el que fija el significado de la ciudad operando como point de capiton en un proceso de acolchamiento de las configuraciones urbanas. Los dibujos urbanos, en sus transformaciones, repeticiones y serialidad, apuntan a la imposibilidad de un montaje definitivo y sugieren en su lugar un proceso permanente a través del cual la ciudad norteamericana se ve constantemente reescrita y releída.

Los dibujos urbanos no sólo expandieron el repertorio de las estrategias y herramientas analíticas sino que también propusieron el posible desarrollo de un urbanismo específico norteamericano basado en las condiciones formales reveladas por el análisis. En 1989 empecé a trabajar en el desarrollo del Des Moines Vision Plan.

Este proceso articuló los dibujos urbanos; es decir, la lectura de la “armadura formal específica” de la ciudad con las fuerzas “económicas y sociopolíticas locales”. Todo el proceso se basó en distintas narrativas en las que presentábamos a la comunidad local nuestras lecturas de los momentos formales básicos en Des Moines con el objeto de generar una reacción, un diálogo y una conciencia creciente del mundo visual en el que viven los habitantes de Des Moines.

Esta nueva articulación entre la ciudad y la arquitectura que se inició con el diálogo generado por los dibujos urbanos abrió los procesos de planificación a una arquitectura de la ciudad y aportó una dimensión política adicional a los dibujos urbanos.

* Fragmento del prólogo Exurbanismo: la arquitectura y la ciudad norteamericana, de Mario Gandelsonas, Ediciones Infinito Buenos Aires.

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Parte de la ciudad de Los Angeles en el dibujo de Mario Gandelsonas.
 
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