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Miércoles, 7 de enero de 2009

DISCOS › CAETANO VELOSO Y ROBERTO CARLOS CANTAN A TOM JOBIM

Los une el amor, no el espanto

Más allá de sus trayectorias casi opuestas, los dos siempre manifestaron sus respetos. Aquí, con sus músicos y una gran orquesta de cuerdas, a dúo y por separado, homenajean al padre de la bossa nova, en el cincuentenario del género.

 Por Karina Micheletto

La celebración de los 50 años de la bossa nova dio pie a una cantidad de homenajes de variado tipo, desde los que aprovecharon la ocasión para vender como tributos conciertos comunes y corrientes hasta los que se prodigaron en algún tipo de producción, con algo de cabeza puesta en ello. Dentro del segundo grupo, éste fue uno de los homenajes más originales ocurrido en suelo brasileño. Un encuentro musical que parecía improbable o, al menos, extraño. Roberto Carlos y Caetano Veloso, reunidos para hacer la música de Tom Jobim, lo cual, salvando todas las distancias que hay que salvar, vendría a ser algo así como que Palito Ortega y Charly García se pusieran a interpretar a Carlos Gardel. A lo mejor algo así se está gestando en una quinta.

Lo cierto es que, en el caso brasileño, a esta dupla y a este repertorio se le sumaron los arreglos de Jaques Morelnbaum y Eduardo Lages, las bandas de Caetano y Roberto Carlos y una orquesta de cuerdas precisa y nutrida. Una fórmula de este tipo difícilmente falle, y de hecho no falló. La revisita a Tom Jobim propuesta no aporta descubrimientos ni experimentaciones, más allá del encuentro de estrellas de diversas constelaciones, pero aun así el sorpresivo cruce resulta tan original como disfrutable.

No es original, desde luego, reunir un disco de clásicos de Jobim, clásicos tan clásicos como “Garota de Ipanema” o “Chega de saudade”. La clave singular reside en la forma en que esta re-interpretación retoma el sonido de Tom Jobim, recreando aquella bossa de los ’70 con arreglos de delicada belleza. Se sabe de la excelencia interpretativa de Caetano Veloso. Y este Roberto Carlos no es el que canta que quiere tener un millón de amigos para la hinchada. Sabe dónde se está metiendo: canta con delicadeza en el fraseo, sin excesos ni estridencias, incluyendo una versión de “Insensatez” en una libre traducción al español.

El concierto tuvo lugar en agosto pasado en el Auditorio de Ibirapuera de San Pablo, con la grabación de un especial para TV Globo incluida, y el show se repitió en Río de Janeiro. Allí estuvieron Paulo Jobim, hijo de Tom, y su nieto, Daniel, pianista, que tuvo a su cargo una gran versión de “Aguas de marzo”, registrada en el disco. Con temas preparados a dúo (“Garota de Ipanema”, “Wave”, “Tereza da praia”, “Chega de saudade”), el resto del repertorio se divide entre la interpretación de Caetano (“Por toda a minha vida”, “Ela é carioca”, “O que tinha de ser”) y la de Roberto Carlos (“Corcovado”, “Lígia”, “Por causa de vocé”), cada uno acompañado por sus músicos (Caetano, con el acompañamiento de Daniel Jobim en piano). Roberto Carlos e Caetano Veloso e a música de Tom Jobim revive originalmente la obra de uno de los padres de la bossa nova. Que, después de todo, es lo mejor que se le puede pedir a un homenaje con forma musical.

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La obra de Jobim juntó a Caetano Veloso y Roberto Carlos.
 
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