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Miércoles, 15 de febrero de 2012

DISCOS › JOAN MANUEL SERRAT, JOAQUíN SABINA Y LA ORQUESTA DEL TITANIC

Dos ídolos a cuatro manos

El título del CD es una metáfora que sirve para nombrar, desde Europa, la crisis actual, pero también suena a manifiesto personal. En este trabajo conjunto, Serrat y Sabina no cantan desde la sabiduría que dan los años, sino desde la perplejidad constante que es la vida.

 Por Karina Micheletto

Lo que hicieron Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina es algo bien poco frecuente: buscaron juntar voces y repertorios definidos, con historia propia y marca inequívoca de autor. Concretaron la reunión y el cruce funcionó y siguió adelante, artística y humanamente. De este infrecuente encuentro, que ya devino en un disco y dos giras por el mundo, surge ahora un capítulo menos frecuente aún: la edición de un CD conjunto también en autoría y composición, hecho “a cuatro manos”. Es esta La orquesta del Titanic, una metáfora que sirve para nombrar, desde Europa, la crisis actual, pero que también suena a manifiesto. Como varios de los temas que compusieron juntos estos hombres que ya han contado todas las historias y los amores, ahora ya maduros, aún apetecibles para una amplia franja de fieles seguidores.

A ellos parece dirigido este disco que busca “no sonar ni a Sabina ni a Serrat”, pero en el que es posible rastrear las musas que asistieron a cada uno en diferentes versos: si es difícil imaginar al catalán sentenciando que “un buen polvo no es un trofeo” (en “Idiotas, palizas y calientabraguetas”), es más fácil imaginarlo, por ejemplo, cantando la historia de “Martínez”, el hombre de las seis muertes, cuyo currículum se parece tanto al de su coequiper. Hay una tercera marca y es la de la producción de Javier Limón (responsable de hallazgos como el Lágrimas negras de Bebo y Cigala), y con él condimentos flamencos aquí y allá en los planteos de las canciones. Junto a ellos tocan otros músicos que no son los de las bandas de uno y de otro, entre ellos, Alejandro Sanz en el solo de guitarra del gitano blues que cierra el disco.

Caballeros ya de vuelta del Titanic, por historia transitada y por vivencias recientes, el catalán y el hombre de Ubeda cantan no desde alguna posible sabiduría de los años, sino desde la perplejidad constante que es la vida. Allí –y en la clave de humor que suena de fondo en ciertos temas, pero que guía sobre todo los conciertos– radica el encanto de esta pareja. Hay una tremenda “Canción de Navidad”, un logrado bolero gitano (“Cuenta conmigo”), una rumbita que parece “homenajear” en su línea melódica a “19 días y 500 noches” (“Después de los despueses”), y un hito que es Sabina cantando en catalán. Pronto recalarán por estos puertos: tienen 18 fechas, en principio, entre marzo y abril próximos en el Luna Park.

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Una pareja que da buenos frutos.
 
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