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Miércoles, 15 de noviembre de 2006

DISCOS › NUEVAS EDICIONES EN CD Y DVD DE KEITH JARRETT

Todos los caminos del piano

El gran músico en dos conciertos notables y en su versión del Op. 87 de Shostakovich.

 Por Diego Fischerman

Entre marzo y julio de 1973 se realizó una serie de grabaciones, en conciertos en Bremen y en Lausanne, que cambiarían para siempre varias historias: la del jazz, la de la industria del disco y, también, la del pianista que las protagonizó. Keith Jarrett había tocado con el grupo de Charles Lloyd y, después, con Miles Davis. Había formado un cuarteto con dos ex integrantes del grupo de Ornette Coleman (el contrabajista Charlie Haden y el saxofonista Dewey Redman) y con Paul Motian, que había sido baterista del trío de Bill Evans. A fines de 1971 había grabado, en estudio, Facing You, su primer disco solo en piano y, también, el que inauguró su relación con el sello ECM. Pero con Solo Concerts y su inmediato sucesor, The Köln Concert, grabado en enero de 1975, dejó inaugurado un género que, todavía, le pertenece: el de las largas improvisaciones a solas, concebidas casi como una travesía mística.

Desde ese momento, además de algunos registros en estudio –incluyendo los que realizó en su casa, para el disco The Melody at Night, With You–, grabó en Bergenz, en la Scala de Milán, en la Opéra de París, en Viena y en distintas ciudades de Japón. Nunca, hasta el momento, en Estados Unidos. The Carnegie Hall Concert, un álbum doble grabado en los conciertos de septiembre del año pasado, acaba de ser publicado y documenta una de las grandes actuaciones del pianista. De hecho, se trata de uno de sus mejores discos y, además, ya desde sus dos primeros temas, “The Good America” y “Paint My Heart Red”, resume, como en el núcleo de un átomo, las grandes líneas de tensión que articulan su obra y, desde ya, el resto del álbum. En el primero de ellos, con un sujeto angular, à la Shostakovich, edifica uno de sus clásicos contrapuntos transparentes –las palabras son de Jarrett–, donde se establecen relaciones casi exclusivamente entre líneas horizontales. El segundo se corresponde con el otro gran estilo de Jarrett: esas sucesiones de acordes en los que el valor armónico se conjuga con el percusivo y que juegan con ciertas estilizaciones del Rhythm & Blues.

En el mundo Jarrett cabe un boogie woogie, cabe la cita bachiana –nuevamente a través de la vía de Shostakovich o del Ludus Tonalis de Hindemith–, cabe la exaltación y la calma. Caben, también, sus gemidos –esa especie de contracanto que, lejos de doblar lo que sucede en el piano, dialoga con ello, lo resignifica, lo acentúa en lugares impensados, lo comenta o, incluso, lo enmascara–. Y pueden imaginarse, también, los movimientos de Jarrett: esa manera de tirarse sobre el teclado, de pararse para agregar peso a sus manos o de agacharse como si quedara colgando de sus manos. Son pocos los casos como éste, en que lo visual puede aportar elementos significativos a una música ya de por sí cargada de información en lo sonoro. Por eso, la otra edición reciente de Jarrett, el DVD Tokyo Solo, que recoge su actuación de 2002 en el Metropolitan Festival Hall de esa ciudad, resulta tan trascendente. Se trata del mismo material recogido en el álbum Radiance, pero con más de una hora de material adicional, nunca antes editado. Es el primer DVD publicado por ECM y puede entenderse por qué su director y fundador, Manfred Eicher, decidió comenzar por aquí. Pero tampoco aquí se termina la oferta. También acaba de reeditarse, en una edición bellísima que conmemora los cien años de Shostakovich, la histórica versión de Jarrett de sus 24 Preludios y fugas Op. 87.

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Keith Jarrett y su relación de amor con el piano.
 
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