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Domingo, 23 de mayo de 2010

TELEVISION › HOY TERMINA LOST, LA SERIE QUE REVOLUCIONO LA PANTALLA CHICA

Los universos paralelos de un boom

Tras seis años y casi 120 capítulos, Lost produjo una serie de cambios culturales, relacionados con el modo en que se piensa y se consume televisión. Aquí se ofrece un repaso arbitrario por aquellas prácticas que ya forman parte de la rutina del televidente 2.0.

 Por Leonardo Ferri

El último capítulo de Lost se verá hoy en EE.UU. y pasado mañana en Argentina, por AXN.

Termina Lost. Hoy es el día que marcará en Estados Unidos el fin de uno de los más significativos productos televisivos de los que se tenga registro (digital). Dos horas y media en las que los losties no podrán pensar en otra cosa. Sabido es que la elección de los productores fue no responder a cada uno de los interrogantes, por lo que habrá que esperar para saber si estos seis años fueron tiempo bien invertido, o una estafa descarada. Los fanáticos deberán resignarse a que muchas de las dudas acumuladas durante los casi 120 capítulos sólo servirán para pensar en la cantidad de minutos desperdiciados en historias secundarias, que poco aportaron al producto final. Sea como fuere el desenlace, lo que sí dejó Lost fue una serie de cambios culturales, relacionados con la manera en que se piensa, produce y consume televisión. Aquí se ofrece un repaso arbitrario por aquellas prácticas que ya forman parte de la rutina del televidente 2.0.

La costumbre de bajar

Lost promovió una costumbre, que mutó en derecho adquirido por parte de los fanáticos: los capítulos se bajan y miran en el momento del día que uno elija, y ya no es necesario esperar a que una serie sea estrenada en la TV local. Desde su estreno en 2004, y a medida que el fanatismo crecía y el marketing viral rendía sus primeros frutos, las descargas vía programas P2P (peer to peer) aumentaron, alentadas por el crecimiento de las conexiones de banda ancha. Las series se hicieron más populares: brindaron calidad cinematográfica en unos pocos minutos y fueron la elección natural de aquellos que quisieron ver algo bueno cuando el tiempo escasea. El negocio se convirtió en un universo con lógica y reglas propias, sin anuncios del estilo “una copia más, un músico menos”: a diferencia del mundo de la música, se entendió que descargar no es sinónimo de piratear. Admitir bajar una serie no goza de (tan) mala reputación, y hasta es una práctica alentada por parte de los productores, que saben bien que sin la web, la audiencia sería mucho menor.

Marketing viral

El marketing viral –esa publicidad encubierta que se expande sin control– se convirtió en el gran aliado de la TV para hacer sus historias más creíbles (y vendibles). Como en otros tiempos funcionó el boca en boca, hoy la viralización produce un sinnúmero de sitios web, publicidades de un programa dentro de otro y merchandising, que de manera automática remiten a la serie en cuestión. La aerolínea Oceanic, la Iniciativa Dharma, la bebida Slusho y la empresa Massive Dynamic son sólo algunos de los elementos que J.J. Abrams creó para los productos que llevan su firma, pero que traspasaron los límites de la ficción para saltar a la realidad. También algunas frases memorables –el “You’re gonna die, Charlie” de Desmond o el “Live together, die alone” de Jack, la música de Drive Shaft (la banda de un solo hit de Lost)– dejaron su marca en forma de slogans indelebles.

Oficios 2.0

Sean amateurs o profesionales, traductores y periodistas encontraron un nuevo nicho laboral, aunque con el agradecimiento como única retribución. Trabajar en los subtítulos para cada capítulo, que están listos pocas horas después de la emisión en Estados Unidos, se convirtió en un eslabón fundamental en la cadena de elementos necesarios para que el mundo Babel pueda entender los episodios. Las comunidades de “subtituladores” se expandieron, destacándose algunas por su rapidez, y otras por su calidad (las que diferencian el español clásico del latino, por ejemplo).

Aquellos con vocación por la investigación –o el chimento, o la simple recopilación de información– se aprovecharon de la web 2.0 para cumplir con el mandato de abrir un blog, y empezar a volcar allí todo lo que surgía. Los foros y blogs se multiplicaron por decenas, no sólo sobre Lost sino sobre cualquier serie, incluso las que ya no se emiten: Fringe, Twin Peaks, Lie to Me, Galáctica, House, Los Simpson, y los nombres siguen. Capítulo tras capítulo, la web se atiborró de análisis de cada episodio, spoilers, imágenes y conjeturas: más de lo que cualquier mortal puede tener tiempo de leer. En el caso de Lost, las teorías aparecieron antes de que los libretos estuvieran delineados por los propios autores, quienes confesaron alguna vez leer –y reír– con muchos de los supuestos subidos a la red.

Vocabulario

¿Viste la sexta de House? ¿Y qué tal está la segunda de Lie to me? “¡La primera es la mejor!” “Temporada” es la palabra clave en el mundo televisivo post Lost. Y la TV nacional, un poco oportunista y otro poco lenta de reflejos, la adoptó como propia, tanto para referirse a los programas de ficción como a cualquier otro producto. Bajo esa lógica, Bendita ya no lleva cinco años en el aire, sino que va por su “quinta temporada”. También se hicieron más comunes términos como flashback, Flash sideways y flashforward, hasta el punto en que este último se convirtió en el título de una serie que intentó –sin éxito– ser la sucesora de Lost. Este vocabulario –heredado, copiado– es usado hasta por aquellos que no miran ni miraron jamás el programa.

Los herederos

“Harás un éxito tan largo como sea posible” y “Aprovecharás al máximo una fórmula conocida” son dos mandamientos de oro en el mundo televisivo. Cuando se supo que Lost llegaría hasta una sexta temporada y no más, la cadena ABC (la que emite la serie en EE.UU.) puso en marcha sus planes alternativos: el primero se llamó Flashforward, y figura en tiempo pasado porque acaba de ser cancelada. Ni el concepto ni las caras conocidas (los actores Sonya Walger y Dominic Monaghan) pudieron sostener el programa, que hizo agua por donde se lo mire, y sólo pudo entregar un muy buen capítulo: el primero. Mientras el plan B se caía –y quizás alentados por la remake que hizo Abrams de Star Trek– la ABC encargó un revival de los ochenta: la nueva versión de V, Invasión Extraterrestre, también con el rostro conocido de la doctora Juliet Burke (Elizabeth Mitchel). Si bien en repercusión no le llega ni a los talones a su hermana mayor, los lagartos tuvieron mejor suerte que Flashforward, y una segunda temporada vendrá en camino.

Fringe es –hasta el momento– la que merece recibir todas las fichas. Con dos temporadas en su haber, esta serie creada por J. J. Abrams (sí, lo hizo otra vez) toma lo mejor de Lost y lo fusiona con tramas que rinden tributo a Los Expedientes X y Twin Peaks. Fue, incluso, el conejillo de Indias con el cual Abrams probó su teoría de los universos paralelos, mucho antes de que fuera revelada en Lost. Fringe tiene suspenso, fenómenos inexplicables, científicos locos y una protagonista hermosa (basta mirar a la australiana Anna Torv para comprobarlo).

Algunos rumores indican que Disney (dueña de ABC) estaría interesada en producir un spin off (historia derivada) de Lost, tal como se hizo de Star Trek, aunque ni los creadores, ni los guionistas ni los productores se pronunciaran a favor de tal idea. Muy por el contrario, Carlton Cuse y Damon Lindelof (los cerebros detrás de la historia) aseguraron que no contarían con ellos si eso sucediese.

El nuevo gurú

Todo lo que toca se convierte en oro. Con sus lentes de nerd, sus trajes modernos y su sonrisa de tipo cool, Jeffrey Jacob Abrams se convirtió en el nuevo gurú de la televisión, algo así como un Alejandro Romay del primer mundo. Tanto en cine como en televisión, el nombre de J. J. se transformó en sinónimo de calidad o, al menos, de éxito. Misión Imposible III arrasó con la taquilla, al igual que Cloverfield y la remake de Star Trek. La receta tiene un poco de fantasía, otro tanto de acción y mucho de autorreferencia, ya que Abrams sabe bien cómo publicitar cada uno de sus productos dentro de los otros.

En unos pocos meses, los ojos estarán puestos en Undercovers, la nueva serie con la cual J. J. parece dejar de lado las historias fantásticas, ya que tratará sobre la vida de un matrimonio de ex agentes que vuelve a trabajar para la CIA. No parece ser nada original, más bien algo así como un Sr. y Sra. Smith para televisión, pero la noticia reside en que, para este lanzamiento, Abrams volvió a dirigir un piloto por primera vez desde 2004, año en que hizo el de Lost. Habrá que ver si la racha sigue.

Las nuevas celebrities

Ok, no todos conocen los nombres y apellidos de cada uno de los actores, pero sí sus caras. No cabe duda de que cada nueva aparición que hagan Terry O’Quinn (Locke), Mathew Fox (Jack), Jorge García (Hurley), Evangeline Lilly (Kate) o Henry Ian Cusick (Desmond) –por nombrar sólo a algunos– estará acompañada por el comentario “¡Ese es el de Lost!”. Uno de los aciertos de la serie fue elegir actores mediana o totalmente desconocidos, que no generaran referencia a ningún otro programa. Salvo Lilly, que ya declaró que abandonará la actuación, el resto del elenco está agradecido del impulso que recibieron en sus carreras, que en varios casos pasaron del cine o la televisión clase B a jugar en primera. Las cuentas bancarias, agradecidas.

Los que no

De manera análoga a aquellos que reniegan de una banda cuando ésta se hace popular, Lost genera tantos amores como desprecios. Los que nunca vieron ni siquiera un episodio de la serie, al parecer no se sintieron atrapados por la historia, ni por las curvas de Kate ni por la mirada de chico malo de Sawyer. Ni siquiera el humo negro o la Iniciativa Dharma lograron convencerlos. Lejos de lamentarlo, se enorgullecen de no pertenecer, e ignorar la serie como si no existiera. “Los que no” se cansan de aclarar que no miran Lost, y son los mismos que ponen cara de poker cuando se arma una discusión en torno de qué tan buena está la última temporada, o qué pasó en el último episodio. Por el otro lado, existen casos de gente que, para no quedarse afuera de algunas conversaciones, empezó a mirarla a la fuerza, pero sin éxito. Calma que ya se termina.

Que no se corte

Al igual que Star Trek, Lost vio crecer a una legión de fanáticos. ¿Serán los losties los trekkies del nuevo milenio? Las discusiones posepisodio se convirtieron en un ritual litúrgico y obligado para poder entender la historia, y las comunidades web crecieron, así como también las amistades forjadas a fuerza de simpatías por tal o cual personaje. ¿Y ahora qué será de ellos? ¿Cómo podrán sostenerse las relaciones basadas en algo que a partir de hoy –y del martes en Argentina, con la emisión de AXN– será parte del pasado? Quizás haya más minutos libres para ocupar, más tiempo para dedicar a otras cuestiones o, tal vez, todos sigan discutiendo sobre algo que, en este preciso momento y en esta realidad, no tiene resolución. En otro mundo no se sabe.

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