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Domingo, 9 de octubre de 2011

TELEVISION › LOS PILARES DE LA TIERRA, ESTA NOCHE POR TCM

Sangre, sudor y lágrimas

Producida por el cineasta Tony Scott y basada en un best-seller de Ken Follet, la nueva miniserie histórica británica que llega al cable está centrada en la construcción de una catedral durante el siglo XII, un período conocido como “La anarquía”.

 Por Leonardo Ferri

Cuando la televisión dejó de ser televisión por completo para empezar a parecerse más al cine –sobre todo en lo que a tramas originales y costos de producción se refiere–, aquellas historias que parecían estar reservadas sólo para la pantalla grande comenzaron a extenderse hacia otras plataformas. Así fue como el género épico-histórico (el de clásicos como Espartaco, Ben-Hur, Los Diez Mandamientos o La Guerra y la Paz) logró reproducirse en series como Roma, Los Tudor, Los Borgia y Spartacus. De ese modo, las cadenas de TV encontraron un nuevo nicho para explotar y los televidentes fanáticos del género encontraron allí cómo saciar su sed de leyendas, aventuras y traiciones sin tener que clavarse dos horas frente a la pantalla. Los pilares de la Tierra es la miniserie producida por Tony Scott y basada en la novela del mismo nombre escrita por Ken Follet, que se estrena hoy a las 21 por la señal TCM.

La historia está centrada en la construcción de una catedral en la ficticia ciudad de Kingsbridge, durante el siglo XII, un período de la historia inglesa conocido como “La anarquía”. Waleran (Ian McShane) es un influyente religioso que se valdrá de algunas trampas para subir en la escala eclesiástica, tan influyente por esos tiempos. En el otro extremo de la distribución de la riqueza, Tom Builder (Rufus Sewell) es un humilde albañil con algunos problemas de autoestima, cuyo mayor anhelo es levantar una catedral.

Su obsesión tiene explicación en dos motivos: necesita demostrarle a su familia que puede ser alguien importante y también sobrevivir en medio de la pobreza predominante. En el medio –mientras acontece la muerte del rey y comienza la no muy limpia sucesión–, Tom afronta el nacimiento de su tercer hijo y la muerte de su mujer en el parto, motivo por el cual lo abandona “por no tener cómo alimentarlo”. Para colmo de males, la ciudad donde finalmente consigue trabajo es tomada por un hombre que no soporta que la mujer con la que pretendía casarse tenga la suficiente personalidad como para decirle que no, que no hay arreglo entre familias que valga lo suficiente como para comprar su corazón.

Como era de esperarse en una superproducción de esta magnitud –y de un productor como Scott–, Los pilares de la Tierra es sólida, tanto desde lo visual como desde su guión. Con buena parte del éxito asegurado por estar basada en un best-seller, el fuerte de esta ficción histórica no sólo radica en su elenco repleto de caras conocidas nofamosas (de las cuales la más célebre es la del eterno Donald Sutherland), sino también en su buena realización. Al igual que en Roma, el sexo es sexo, la sangre es sangre, las disputas entre familias están a la orden del día y las traiciones, venganzas y arreglos son las formas más difundidas de ejercer el poder.

Más allá de las historias de los protagonistas en sí, siempre resulta interesante en este tipo de realizaciones ver cómo es el retrato de la época, porque es ahí donde una serie bien hecha se diferencia de otra que no lo es tanto. La coincidencia del relato con la realidad ya es otra cuestión, sobre todo cuando se sabe que la versión conocida siempre es la del ganador.

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Los pilares de la Tierra es sólida, tanto desde lo visual como desde su guión.
 
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