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Lunes, 18 de junio de 2012

TELEVISION › DESDE HOY EN WARNER, UNA NUEVA VERSIóN DE DALLAS

Esa familia tan disfuncional

Fue uno de los éxitos indiscutidos de los ’80, con catorce temporadas que cautivaron al público de todo el mundo. Por eso, en épocas de pocas ideas originales, no extraña su regreso, que presenta a las nuevas generaciones pero, por supuesto, incluye a J. R.

 Por Emanuel Respighi

El apellido no es lo único que se hereda. La presunción de que una persona conlleva en su estructura mental conceptos o ideas que provienen de sus ascendientes no tiene rango científico, pero a nivel popular nadie dudaría en afirmar que hay una carga emotiva y hasta cerebral que se transmite de generación en generación. Costumbres, sensaciones, actitudes y maneras de ver el mundo que parecen transmitirse en el seno de una familia. Esa idea recobra sentido en Dallas, la nueva serie de Warner Channel que retoma la historia del mítico programa de ficción pero en tiempos actuales. La continuidad de la serie que entre 1978 y 1991 mantuvo cautiva a la audiencia de Estados Unidos y de los cientos de países alrededor del mundo en los que se retransmitió vuelve a posarse en la intimidad del ambicioso clan Ewing, en un momento de transición en el que las nuevas generaciones comienzan a tomar el control de los negocios. Y, por supuesto, lo harán poniendo en marcha los mismos vicios, miserias y traiciones que hicieron célebres a sus padres. La serie se estrena hoy lunes a las 22.

Esta suerte de continuidad de la antigua Dallas, que durante casi 14 años ininterrumpidos al aire marcó una época (principalmente dentro de la cultura norteamericana), forma parte del filón que encontró Hollywood para hacer dinero y atrapar audiencia sin necesidad de sudar la gota gorda. Las remakes, spin off, precuelas o sagas de programas o películas que hicieron historia fue la manera más fácil que encontró el mainstream televisivo para disimular la falta de creatividad que prima en la industria. Apelando al lazo emotivo de quienes fueron contemporáneos a películas y/o programas que fueron exitosos, y jugando con el status mítico que tomaron con el correr del tiempo para atrapar a las nuevas generaciones, las propuestas basadas sobre clásicos audiovisuales componen una tendencia que desde hace un par de años minó el firmamento televisivo, con heterogéneo resultado artístico.

La nueva etapa de Dallas cobra sentido por lo que fue la serie. Si bien no inauguró la saga familiar como caldo de cultivo para desarrollar historias de amores, traiciones y odios, la virtud de la serie fue la de haberle aportado a esa temática una continuidad en el tiempo que la volvió única. La trama alrededor de ranchos, caballos, vacas, pozos de petróleo, sombreros de cowboy y botas de cuero le imprimió a la típica historia familiar un dramatismo que caló hondo en el seno de la sociedad estadounidense, siempre afecto a la rudeza del oeste profundo. Las internas y rencores alrededor de una millonaria familia dedicada al negocio petrolero, por su parte, terminaron por ampliar las fronteras de Dallas por fuera del suelo estadounidense.

La demostración más cabal de lo que Dallas representa para el way of life estadounidense es que el debut de la serie, el miércoles pasado en la TNT local, alcanzó los 6,83 millones de televidentes, posicionándola como el lanzamiento televisivo de mayor audiencia del año para una ficción de la TV por cable en aquellas tierras. Evidentemente los 356 episodios y los 14 años al aire de la original hicieron que muchos televidentes sintonizaran –aunque más no sea por la curiosidad del regreso– la historia que, veinte años atrás, se había transformado en un clásico que reunía frente al televisor a toda la familia.

Como toda remake, los puentes entre la serie original y la nueva estarán a la orden del día. La flamante generación de Dallas cuenta con la participación de actores de la serie original, entre ellos Larry Hagman (no habría Dallas sin J. R.), Patrick Duffy (Bobby) y Linda Gray (Sue Ellen), a la vez que introduce personajes inéditos. La trama de esta versión se mantiene girando en torno a la nueva generación de los Ewing, esa dinastía multimillonaria, relacionada al negocio petrolero, de gran influencia en el estado de Texas. La diferencia es que las historias pasan por los púberes de entonces, hoy ya hombres en edad de pelear por lo suyo. Los nuevos protagonistas de la saga están interpretados por Josh Henderson, Jesse Metcalfe (ambos de Desperate Housewives), Jordana Brewster (Rápido y furioso), Julie Gonzalo (Veronica Mars), Brenda Strong (Desperate Housewives) y Callard Harris (Sons of Anarchy).

Con un mayor ritmo narrativo que la original, y una tensión sexual acorde a los actuales tiempos televisivos, esta primera temporada de diez episodios muestra cómo la ambición por el poder sigue marcando a la familia Ewing, aún en sus nuevas generaciones. En este caso, los herederos de los hermanos y rivales J. R. (Hagman) y Bobby (Duffy) mantienen vigente la rivalidad de sus padres, luchando por el control del imperio Ewing, el rancho Southfork y por el futuro de Ewing Oil, emblema de su poderío económico. La historia se centra en los primos John Ross Ewing (Henderson) –hijo de J. R.–, y Christopher Ewing (Metcalfe) –hijo adoptivo de Bobby (Duffy)–, que se disputan el control del rancho y del emporio familiar, mezclando los negocios con asuntos personales y la vida sentimental. Mientras John tiene la idea fija de perforar en las propiedades de los Ewing para obtener petróleo, incluso en Southfork, Christopher apunta a renovar el negocio hacia el prometedor futuro de las energías renovables.

En medio de ellos está Elena (Brewster), el vértice de un triángulo amoroso en el que los primos no se adjudican la potestad de la ambición desmesurada. En la historia también juegan un papel destacado Rebecca (Gonzalo), novia de Christopher, que trata de encontrar su lugar en esta nueva familia; y Ann Ewing (Strong), la esposa de Bobby, que hará lo imposible para no repetir el drama familiar del pasado. Traiciones, lucha de poder, intrigas familiares, mentiras, amores y odio en la renovada Dallas. Ningún integrante de los Ewing podrá tirarle la piedra a nadie. Nadie podrá decir, entonces, que esta continuidad no le es fiel a la mítica serie original.

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En Estados Unidos, el primer episodio de la nueva versión atrajo a 6,83 millones de espectadores.
 
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