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Sábado, 25 de mayo de 2013

TELEVISION › GERMAN, ULTIMAS VIÑETAS PUEDE VERSE EN LA WEB

Oesterheld en la pantalla

La serie protagonizada por Miguel Angel Solá se encuentra en la plataforma de Contenidos Digitales Abiertos. En trece capítulos, los directores Cristian Bernard y Flavio Nardini reconstruyeron los últimos años de la vida del creador de El Eternauta.

 Por Sergio Sánchez

La miniserie Germán, ultimas viñetas, que finalizó el jueves por la Televisión Pública, evidencia, al menos, una sucesión de aspectos que la hacen imprescindible: un regreso notable del gran actor Miguel Angel Solá a la televisión argentina; una historia que se permite contar el horror que significó la última dictadura cívico-militar sin caer en obviedades; la demostración de que la obra del guionista desaparecido Héctor Germán Oesterheld merece muchas lecturas y es inoxidable; y la satisfacción de que se pueden hacer grandes piezas televisivas si se combinan la honestidad artística y una adecuada gestión pública. La serie, ideada por el guionista Luciano Saracino, resultó ganadora del concurso Series de Ficción para Productoras con Antecedentes, organizado por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, en conjunto con el Incaa y la Universidad Nacional de San Martín. Aunque ya finalizó en la pantalla chica, se puede ver online en la plataforma de Contenidos Digitales Abiertos (CDA) www.cda.gob.ar.

A lo largo de trece episodios de 26 minutos cada uno, esta ficción cuenta los últimos años de vida de Oesterheld (interpretado por Solá) antes de su desaparición en 1977: su paso casi forzado por editorial Columba –que no se menciona como tal en la serie– a causa de un mal pasar económico, su cada vez más comprometida militancia en Montoneros en vísperas del golpe y un desenlace inevitablemente fiel a los hechos reales, aunque Saracino viste lo trágico con una belleza poética inigualable y esperanzadora. La historia no se centra sólo en lo que le sucede a Oesterheld, sino que abre el juego a otros personajes y despliega situaciones que suceden en torno de él. De alguna manera, Saracino y los directores encontraron una forma de contar como lo entendía Oesterheld: a partir de personajes humanizados, complejos, intrincados. Donde el bien y el mal interpelan a todos.

Bajo la dirección de Cristian Bernard y Flavio Nardini y con la colaboración de Federico Sosa, el primer conflicto que presenta la serie es la llegada a principios de los ’70 del viejo guionista a territorio enemigo: una editorial ideológicamente opuesta en donde “los malos eran los indios, los cubanos o los extraterrestres”. Y, más tarde, los “subversivos”. Sin embargo, Oesterheld se las ingenia para no traicionar sus ideales y transmitir sus enseñanzas a una redacción compuesta por jóvenes dibujantes y guionistas que, al principio, sienten tanta admiración como envidia. Un caso es el del personaje Mariano (un gran trabajo de Gustavo Pardi, quien también se pone en la piel de Ernie Pike), un joven guionista que intenta descifrar los “secretos” creativos del maestro.

Si algo le sobra a la serie son sutilezas. No cae en lugares comunes ni en un discurso panfletario o imágenes explícitas a la hora de contar el horror. El afuera es hostil, sombrío, tormentoso, y no necesita ser “mostrado”. De manera atinada, la dupla Bernard-Nardini construye un lenguaje cinematográfico oscuro, climas atrapantes y una cuidada composición de planos. “Esta lluvia de mierda no va a parar en siete años”, desliza Germán apenas irrumpe el golpe de Estado. Es que Saracino, además, recupera el recurso de la nevada mortal como símbolo del peligro externo, con la diferencia de que en la ficción sucede una lluvia eterna. Aunque el guión esté basado en un personaje real, las relaciones que se constituyen entre los personajes son puramente ficcionales. No obstante, la verosimilitud nunca se rompe.

A esta altura, decir que Miguel Angel Solá es una eminencia en materia teatral no es novedoso. Solá se pone en la piel de Oesterheld y se funden de modo tal que parecen la misma persona. Un gesto, una mirada, una mueca, un silencio –el silencio pisa fuerte en la serie– le alcanzan a Solá para decir muchísimo. Y la pantalla parece explotar cada vez que el actor radicado en España cruza alguna escena con Claudio Rissi, quien interpreta a Santos, el director de la editorial, que la juega de malo.

Los actores cuentan que se “produjo una simbiosis” entre la ficción y el trabajo actoral en torno de la figura de Solá. La misma carga simbólica y profunda admiración que despertaba el personaje de Oesterheld entre los jóvenes guionistas transmitía Solá en los sets de filmación con sus pares. En este sentido, la minuciosa selección de los actores fue otro de los puntos altos. Beatriz Spelzini, Ezequiel Tronconi, Paula Reca, Enzo Ordeig, Walter Cornás, Walter Cornás y Javier Pedersoli completan el elenco.

En los últimos años, El Eternauta, la obra fundamental de Oesterheld, floreció y hasta encontró nuevos sentidos. Quizás eso haya colaborado en el gran interés que despertó la serie. Sin embargo, no hace falta ser un conocedor de la obra del guionista ni un fanático de la historieta (aunque hay muchos guiños) para disfrutar este programa, porque otro de los méritos fue no caer en el nicho. “Intuíamos lo que iba a ocurrir ahí afuera. Germán entró en el callejón sin salida. Sus huellas de barro y de nieve eran demasiado nítidas para los depredadores.” Y una lectura predomina: los “ellos” no pudieron ni podrán derrotar la esperanza de conseguir un mundo más justo.

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Miguel Angel Solá se pone en la piel de Héctor Germán Oesterheld y se funden de modo tal que parecen la misma persona.
 
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