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Martes, 18 de junio de 2013

TELEVISION › DOLORES FONZI Y LEO SBARAGLIA SERáN HOY PROTAGONISTAS DE EN TERAPIA

Conflictos que se renuevan

El ciclo volvió ayer a la pantalla. En la primera temporada, los actores encarnaron a un matrimonio en problemas. Ahora Ana y Martín retoman sus sesiones, ya separados. Pero en esta segunda temporada es su hijo, Maxi, quien vuelve a ponerlos frente al análisis.

 Por Emanuel Respighi

Son las dos caras de una misma relación. En la pantalla chica, Ana y Martín conformaron el año pasado un matrimonio que, tras diez años de casados y un embarazo conflictivo, se llevó como perro y gato. Ella representó a la mujer moderna, exitosa e independiente. El, al hombre de valores antiguos y modos rudimentarios. Fueron la única pareja que tuvo a cargo el doctor Guillermo Montes (Diego Peretti) en la primera temporada de En terapia, la serie que Canal 7 estrenó ayer a las 22.30 (lunes a viernes) y en la que hoy la pareja retoma sus sesiones. Fuera de la pantalla, Dolores Fonzi y Leo Sbaraglia, los actores que le ponen el cuerpo al matrimonio, se cruzan miradas y se ríen, cómplices. “La relación entre nosotros está mejor que nunca”, dispara Sbaraglia, en la entrevista con Página/12. “Claro, porque terminamos de grabar y ya no nos vemos”, le retruca ella, al comienzo de una entrevista que atravesará los ejes de esta nueva temporada.

En terapia, coproducción entre Canal 7 y Dori Media Contenidos, fue probablemente una de las ficciones más celebradas del año pasado. Basada en el formato israelí Be tipul, que Gabriel Byrne popularizó en la versión In treatment que emitió HBO, el programa atrajo por haberle devuelto a la pantalla la tensión dramática basada en el diálogo. Manteniendo buena parte de los actores de su primera temporada, con Diego Peretti componiendo al atribulado terapeuta y Norma Aleandro haciendo de su psicóloga, En terapia suma en 2013 a su elenco a Roberto Carnaghi, Carla Peterson y Luisana Lopilato. Adaptada por Esther Feldman y Alejandro Maci (también director), la ficción que transcurre íntegramente en el consultorio de Montes vuelve a darles la oportunidad a los televidentes de espiar la vida de diversos personajes a los que tranquilamente se puede cruzar en cualquier calle, de cualquier barrio.

Una de las historias que más impactaron el año pasado fue la que protagonizaron Ana y Martín: el hastío por el paso de los años y las diferencias de clase pusieron al matrimonio al borde de la ruptura. La pareja retoma hoy sus sesiones, pero cambiando los motivos que el año pasado los habían llevado hasta el living del doctor Montes. Ahora es su propio hijo, Maxi, el que vuelve a ponerlos frente al análisis, ante el problema de sobrepeso que tiene a sus diez años. “La primera temporada –cuenta Sbaraglia– se terminó sin saber a ciencia cierta qué pasaba con la pareja. Era un final abierto. En esta segunda temporada, ellos ya están separados, y el que comienza a analizarse es su hijo, que tiene un problema alimenticio que ya se había anunciado el año pasado. La obesidad de Maxi no es otra cosa que un fusible ante lo que venía pasando en la relación de sus padres. El chico somatiza la tensión familiar. En muchas familias los problemas de pareja repercuten con mayor crueldad en los hijos. En este caso, el chiquito se va a analizar, pero terminan todos analizándose. Los problemas del niño, por supuesto, tienen que ver con cosas que los padres no están haciendo bien.”

–¿Y Ana y Martín son conscientes de que el problema alimenticio de su hijo es de índole familiar?

Dolores Fonzi: –No. De hecho, Martín me achaca la culpa por el sobrepeso de nuestro hijo, porque yo de chica había tenido un problema de este tipo de chica. El hecho de culpar al otro es, justamente, no aceptar ser parte del problema. La negación es, a priori, un mecanismo de defensa del ser humano. Martín me acusa a mí del sobrepeso de nuestro hijo porque yo lo había sufrido y porque no le ponía ningún tipo de límites en la crianza. Al poner la culpa en mí, como si alguien tuviese la “culpa”, no hace otra cosa que negar su responsabilidad. Martín cree que no tiene nada que ver con la obesidad de su hijo, porque no se ve reflejado, ya que él es esbelto. A Martín le pasa lo que les ocurre a muchos padres: no enfrentan sus propios fracasos. Como pareja, tienen una venda en los ojos para entender que son parte importante del problema alimenticio de su hijo. Sin embargo, Ana parece entender más la complejidad de la enfermedad. De hecho, el chico no quiere quedarse a dormir con su papá porque, básicamente, la pasa mal.

Leo Sbaraglia: –Martín pretende que, inmediatamente, por la ley de tenencia, se vaya a dormir a su casa. Y no es consciente de que el chico necesita su propio proceso, que el chico se siente cómodo en la casa donde vivió toda su vida, que hay un espacio físico y emocional que todavía es inhóspito... Los chicos suelen ser esclavos y víctimas de las separaciones de sus padres. En mi caso, Martín pretende que su hijo sea como él es. Todas las personas tenemos mandatos y mi personaje quiere transmitirle al chico su propia lógica. A veces, como padres, nos cuesta darnos cuenta de que nuestros hijos pueden enfrentar dificultades sociales que uno no tuvo.

–En la primera temporada, Martín era un hombre duro y rústico, chapado a la antigua, mientras que Ana representaba a una mujer moderna, inclusive capaz de llevar adelante un aborto sin tener el consentimiento de su esposo. ¿Este problema de salud de su hijo transforma sus personalidades?

D. F.: –En la primera temporada, Ana sigue el mandato de la sociedad machista y patriarcal, donde la mujer para ser exitosa se tiene masculinizar. Ser exitosa a cualquier costo le costó su pareja y su familia. En esta temporada, ella no puede sostener ese modelo de éxito, esa irrealidad. La sociedad debería cambiar. Tendríamos que ser capaces de construir una sociedad en la que el hombre tenga permitido ser hombre y la mujer ser mujer, pero sin estigmatizar roles. En principio, una mujer no debería ser exitosa en lo laboral para ser independiente. Como ahora Ana va a tener un problema con el trabajo, se expone a la necesidad de reinvertarse como mujer y mamá. La realidad la enfrenta a la mujer que ella es y no a la que creía que era.

L. S.: –De cualquier manera, algo interesante que tiene En terapia es que la ficción no pretende bajar línea ni concientizar. En este caso, no subraya su trama sobre el rol de la mujer en el siglo XXI ni sobre el problema del sobrepeso en los niños. Esa es una virtud que tiene la serie. En terapia está construida de tal forma que la mera exposición de situaciones y traumas individuales hace que los televidentes completen su propia mirada sobre los temas que se abordan. En ese sentido, creo, el programa le devuelve al público un rol activo que completa la obra.

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Sbaraglia y Fonzi regresan a una de las ficciones más celebradas del año pasado.
Imagen: Carolina Camps
 
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