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Martes, 27 de mayo de 2014

TELEVISION › DOS DOCUMENTALES EN LOS CANALES DE DIRECTV

Mostrar Brasil sin la pelota

En el mes del Mundial, buscan otros ángulos: Battle for the Amazon se centra en el desastre que provoca una nueva represa; Brazil: Memories of a Dirty War (del argentino Rodrigo Vázquez) descubre a unos de los escasos represores que muestran arrepentimiento.

 Por Leonardo Ferri

Durante junio no todo será fútbol. Aunque lo esperable sea que el 90 por ciento de la información que provenga desde Brasil esté relacionada con el campeonato mundial –ya sea por los resultados deportivos, las notas de color o todo aquello que de alguna manera sirva para completar espacios en blanco– también habrá espacio para otro tipo de programación. Brazil: Memories of a Dirty War y Battle for the Amazon son dos documentales que muestran aspectos no tan conocidos del país vecino, lejos del Carnaval, el jogo bonito, las playas y las garotas. Ambos serán emitidos por DirecTV en sus canales 201 y 1201 HD (sus señales de contenidos exclusivos) y ambos, también, sirven para establecer paralelismos con la Argentina y otros países de Latinoamérica, que de alguna manera conforman una realidad colectiva regional.

Battle for the Amazon (Batalla por el Amazonas, jueves 5 a las 22) es un documental francés de 2013 dirigido por Alexandre Bouchet, que retrata las múltiples aristas que confluyen en un mismo lugar: la construcción de la represa de Belo Monte, una obra de 10 mil millones de euros y 10 años de construcción (se prevé que esté terminada en 2019) que no contempla indemnización alguna para los campesinos ni las tribus que viven a orillas del río Xingu. Ubicada a 40 kilómetros de la ciudad de Altamira, Belo Monte es uno de los ocho proyectos de represas en el Amazonas y proveerá el 20 por ciento de la energía eléctrica que se consume en Brasil, además de los 30 mil puestos de trabajo que se crearán cuando la represa funcione en su pico máximo. Por el otro lado, los datos actuales contrastan ese futuro de inversiones y abundancia energética: 400 policías militares que detienen vehículos sólo por portación de rostro, un aumento del 50 por ciento en la tasa de homicidios, el incremento en el tráfico de drogas y la prostitución que llegan para proveer a los 1200 nuevos contratados mensuales, muchos de ellos indígenas que abandonan sus tribus con la ilusión de “comprar cosas y estar mejor”.

Lejos de mostrarse a favor o en contra, Bouchet deja en evidencia las ironías de un verdadero choque de culturas cuando, en medio de una selva destruida por las explosiones, se monta un taller de reciclado que fabrica flores de plástico, o cuando las tribus araras cazan con arco y flecha, pero tienen televisores LCD ubicados sobre sus suelos de tierra (que en 5 años podrían ser parte de los 500 kilómetros cuadrados que se inunden), o cuando un ingeniero se reúne con los representantes de las tribus para explicarles los beneficios de una represa en términos que ellos no son capaces de entender, y todo termina en un ataque al hombre blanco. “Es increíble que inventen máquinas para destruir todo”, se lamenta un joven de plumas en la cabeza ante James Cameron, una de las tantas celebridades que se oponen al proyecto y que, tal vez, haya encontrado allí algo de inspiración para los na’vi, la tribu amenazada de su película Avatar.

Brazil: Memories of a Dirty War (Memorias de una guerra sucia) es una película independiente de origen inglés, dirigida por el argentino Rodrigo Vázquez, un especialista en eso de mostrar a América latina en el primer mundo (dirigió Condor: Axis of Evil, participó de President Evo y Angels of Rio y de Maten a Perón). Este documental, que se emitirá el jueves 12 a las 22, se centra en la figura de Claudio Antonio Guerra, un antiguo represor que acepta colaborar con la investigación de la Comisión de la Verdad, un grupo formado por la presidenta Dilma Rousseff para investigar los crímenes de la dictadura militar ocurrida entre 1964 y 1985. Guerra, que hoy es un pastor evangelista “arrodillado para librar la guerra contra Satanás”, fue condenado a prisión en 2005, y desde su liberación se mostró dispuesto a cooperar para reconocer los lugares de tortura, cremación de cuerpos y los mismos nombres de aquellas personas a las que asesinó, con detalles sobre las técnicas que utilizaban para matar (“Quien muere de un disparo no sufre, por eso torturábamos, porque es más inhumano”), ocultar información y de su trabajo junto a los escuadrones de la muerte y los cabecillas locales del Plan Cóndor.

Con un ritmo ágil que intenta reunir décadas de historia en menos de 50 minutos, Vázquez logra grandes momentos de tensión, como cuando Guerra se encuentra con los familiares de personas a las que él mismo hizo desaparecer. “En aquella época yo no sentía nada”, llora y se lamenta, con lágrimas que al espectador le provocarán empatía y bronca al mismo tiempo: a la vista de la experiencia argentina, resulta difícil creer que un represor se muestre arrepentido ante cámaras y de un modo tan frágil. “No creo que haya muchos torturadores que tengan remordimiento por haber torturado”, dice Perly Cipriano, un ex preso político torturado durante la dictadura, que hoy es activista por los derechos humanos y miembro de la Comisión. Aunque el testimonio de Guerra todavía no se dio a conocer al público, a fines de mayo se anunció el inicio de los primeros juicios penales contra militares por atentados durante la dictadura. La noticia es difícil de encontrar, y quizás haya que esperar a que termine el Mundial para saber algo más.

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