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Martes, 6 de octubre de 2015

TELEVISION › LUCíA PUENZO PRESENTA LA MINISERIE CROMO

“Hicimos televisión con el mismo rigor de una película”

La directora de Wakolda, que desarrolló la serie que se verá a partir de hoy en Canal 7 junto a su hermano Nicolás y a Pablo Fendrik, afirma que ya no hay diferencias de calidad entre el cine y la TV. “La realizamos sin las presiones del rating.”

 Por Emanuel Respighi

La ciencia argentina está viviendo desde hace un tiempo su propia primavera. El incremento en el porcentaje del PBI destinado al desarrollo científico y la elevación a carácter de Ministerio de lo que hasta hace no muchos años tenía rango de Secretaría son el contexto a partir del cual más de mil científicos argentinos fueron repatriados en los últimos años. La ciencia pasó a ser política de Estado y objeto de interés mediático, al punto que proliferaron en distintas señales los programas orientados a distintas ramas científicas. A este saludable proceso, que acercó al ciudadano de a pie al universo de la ciencia, y a ésta a la mesa de cada hogar, se le viene a sumar Cromo, la serie de ficción que bien podría definirse como el primer thriller científico-ecológico, y que desde hoy 6 irá todo los martes a las 22.30, por la pantalla de Canal 7. “Es una serie cruzada por dos grandes traiciones, que se entrelazan: la de un padre a una hija y la que se dispensan dos grandes amigos”, señala Lucía Puenzo, guionista, productora y directora de la serie, junto a su hermano Nicolás y Pablo Fendrik.

Suerte de pequeña tragedia amorosa moderna, thriller de suspenso sobre la contaminación industrial, el poder y el dinero, Cromo se suma a la pantalla chica como una oferta distinta en materia de ficción. Escrita a seis manos entre Puenzo, Sergio Bizzio y Leonel D’Agostino, la serie se meterá de lleno en el conflicto humano que desata una investigación científica sobre el uso del cromo en las curtiembres cercanas a los Esteros del Iberá. Mostrando lo que lamentablemente sucede en diferentes zonas del país, pero sin plantearse como una serie de denuncia, Cromo cuenta con las actuaciones de un elenco encabezado por Germán Palacios, Emilia Attías, Guillermo Pfening, Valentina Bassi, Moro Anghelieri, Luis Machín, Alberto Ajaka, Daniel Veronese y María Ucedo. La serie, que recientemente fue elogiada en el Festival de Cine de Toronto (ver aparte), fue seleccionada en los concursos de fomento para series de prime time organizados por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y el Ministerio de Planificación Federal.

Hace un año, la escritora y cineasta se topó con el periodista Martín Jáuregui en la Feria del libro de París. Entre charlas sobre literatura y cine, el periodista le comentó que tenía un libro de cuentos, muchos de los cuales están protagonizados por científicos. “Empezamos a hablar de la idea de llevar ese mundo a un formato televisivo, y charlando decidimos avanzar con la idea de escribir una miniserie de científicos. La sensación que teníamos en aquel momento, y que aún hoy la seguimos teniendo, es que más allá de lo que pasó con nuestros científicos en esta última década, muchos de los cuáles pudieron volver al país, la mayoría se la pasan 30 años analizando un mismo objeto o tema. Para nosotros, que saltamos de un proyecto a otro, esa vida dedicada a una única cuestión nos parecía alucinante, casi lisérgico. Y ese entusiasmo derivó en Cromo”, cuenta Puenzo en la entrevista con Página/12.

–¿Cómo se encara una ficción en la que la ciencia cumple un papel protagónico, sin tener el conocimiento de la dinámica del mundo científico?

–Hay muchas investigaciones que realizan nuestros científicos que desconocemos. El caso de los peces antárticos, que tienen proteínas anticongelantes, y que aparecen en la serie, existe realmente. De hecho, para la serie convocamos a un grupo de científicos del Conicet y escribimos junto a ellos los libros. Todo el tiempo les pedíamos cosas y ellos nos proponían temáticas que nosotros después volcábamos en los libros. Hubo mucho ida y vuelta. Fue una experiencia muy rica.

–¿La idea de hablar sobre el uso del cromo en las curtiembres surgió en esas charlas o ya formaba parte de antemano?

–El cromo juega un papel fundamental en el procesamiento del cuero en las curtiembres. Con el cromo en las curtiembres pasa lo mismo que con los tóxicos de las papeleras: cuando vuelcan los afluentes tóxicos en los ríos sin tratamiento hacen desastres ecológicos. Hablamos con los científicos de esta problemática y nos contaron que vivieron situaciones semejantes a las que suceden en la serie, aunque no llevadas al extremo. Empezamos a escribir la ficción luego de varias charlas con científicos. Nuestra sensación es que la serie apareció en el montaje. No apareció en los libros ni en el rodaje. Hubo algo maravilloso en ese volumen de material con el que nos encontramos en el montaje, donde tuvimos que empezar a hacer algo similar a “Elige tu propia aventura”, a repensar la estructura. Es una serie que trasciende el realismo social, porque está ligada a la ficción de género. Es un thriller cargado del universo científico: todos los protagonistas están metidos en una investigación científica, por lo que todo lo que rodea a los científicos (la sangre, los números, los tóxicos) le empezó a dar un tinte extraño a la serie. No es un tinte fantástico, pero seguro se aleja de lo social y lo costumbrista.

–¿Cree que se aleja del registro realista porque la serie genera un universo propio, o porque el científico es un mundo poco conocido por el común de la gente?

–Hay un extrañamiento muy atractivo en el mundo científico. La serie está basada en hechos reales. De hecho, sucede en un pueblito cercano a los Esteros del Iberá, alrededor de una curtiembre, y tranquilamente podría ser real lo que se cuenta. Lo que contamos en la serie está realmente ocurriendo en algunas zonas del país. Todas las investigaciones y documentos que se ven en la trama son reales. Los análisis de sangre y las fotos de las consecuencias que esos tóxicos provocan en chiquitos son reales, con autorización de sus padres. Lo que aparece en la trama está pasando en el país. Los hechos son ficcionales, pero basados en la realidad.

–Es una realidad científica que, sin embargo, no parece haber funcionado como una limitación.

–Lo que pasó en las reuniones con los científicos del Conicet es que la realidad que nos contaban nunca resultó una limitación. Ellos traían un volumen de material que doblegaba cualquier idea nuestra. La idea de que trabajar con científicos es una limitación porque tienen una cabeza muy estructurada no fue más que un prejuicio. Si nosotros le tirábamos una idea, ellos nos traían diez. Si les proponíamos una idea a priori delirante, ellos la anclaban en la realidad con investigaciones científicas comprobadas. La realidad nunca nos limitó. En todo caso, la realidad científica es tan compleja que muchas veces tuvimos que simplificarla para que se comprenda.

Cuestión de tamaños

Escritora, guionista y cineasta (XXY, Wakolda, El niño pez), Puenzo debuta en la más comprimida pantalla televisiva como realizadora con Cromo. Al igual que en el cine, la directora también eligió filmar casi íntegramente la serie en muy bellos paisajes naturales, como la Antártida, los Glaciares y los Esteros del Iberá, donde transcurre buena parte de la trama. ¿Necesidad del guión o gusto personal? “Lo que pasó es que presentamos al concurso un proyecto que nos gustaba hacer. Tanto a Pablo, a Nico como a mí nos gusta filmar en exteriores. A mí no me gusta filmar en Buenos Aires, me divierte filmar en lugares difíciles y me interesa salir del estudio para filmar. Por eso presentamos una de aventuras, en lugares inhóspitos”, cuenta Puenzo.

–Sabían que no se iban a “llenar de plata” con una serie de fomento estatal, además.

–Nos divertía mucho hacerla. Desde el primer momento teníamos la idea de dos amigos que se traicionaban de la peor manera, con una mujer de la cual estaban los dos enamorados, y ahí empezamos a tirar de la piola. Fue un ejercicio muy entretenido desde la escritura, porque todo el tiempo llegábamos a puntos ciegos y cuando parecía que nos quedábamos sin trama aparecían subtramas. La de Cromo es una estructura mucho más disgresiva que en el cine. Comparándolo con lo que ocurre con la literatura, la diferencia entre el cine y la TV es la misma que existe entre el cuento y la novela. La sensación es que cuando escribís una película es como si fuera un cuento, en el sentido de que es una flecha de trama que avanza en una dirección; mientras que una serie de TV es más disgresiva, donde las subtramas son suculentas, hay muchos personajes y locaciones. En esas mismas ramificaciones, a mi juicio, está lo más lindo de la serie.

–¿Por qué?

–En las series, mi sensación es que no manda la peripecia, sino que manda el personaje. Cuando uno recuerda una buena serie, como Breaking Bad, lo primero que recordás es a Walter White, no la trama en sí. En las series de TV manda más el cómo se cuenta que el qué se cuenta. En el cine la estructura de la trama es una flecha que avanza en un sentido más bien recto. En las series todo se ramifica. Además, por los tiempos, en las series con este tipo de condiciones se puede ahondar profundamente en la complejidad psíquica de los personajes, que tienen un arco dramático mucho más largo y detallista que en el cine.

–¿Le sorprendió esa posibilidad que le dio esta serie? ¿Tenía prejuicios respecto de la tele?

–Cero prejuicios. Sabíamos que con esta serie nos íbamos a hamacar. Hoy la tele y el cine son como dos caras de una misma moneda a la hora de producir ficción. Hay un estándar de calidad que trasciende a los formatos y a los medios. El audiovisual argentino se ha desarrollado mucho. A Cromo la filmamos como si fuera una película, en el sentido de que al ganar el concurso pudimos escribir los doce capítulos, y recién una vez que teníamos los libros terminados y el diseño de producción armado, nos fuimos a grabar. Fueron doce semanas de grabación. Es una serie que se rodó sin tener las presiones del rating, sin siquiera saber por dónde se iba a emitir, pensando sólo en la historia. La única diferencia respecto del cine es que los libros tenían finales de bloque. Después, la hicimos como si fuera una película. Cromo es el resultado de un rodaje de una película larga, más que de una serie de tele.

–¿Pero no jugó en su cabeza, aunque sea inconscientemente, que lo que estaba haciendo era para la tele y no para el cine?

–Nunca, porque lo que está pasando con las series es que tienen un nivel y una calidad propia del cine. Eso no sólo pasa con las estadounidenses. Ahora las series televisivas son cinematográficas. Ya no se piensa a la producción televisiva de manera diferente a la cinematográfica. Nadie piensa, porque está haciendo tele, que el ritmo, la estética o la búsqueda debe ser distinta a cuando se produce una película. Las series ahora se piensan como películas largas. Y nosotros pudimos pensar a Cromo así.

–¿No existe una planificación más laxa en un formato de serie de doce capítulos, en relación a una película?

–Hubo algo de eso, pero en un sentido positivo. Tuvimos la sensación de que hubo más juego y experimentación en Cromo que en nuestras películas. Al ser un volumen de filmación tan gigantesco, durante doce semanas de rodaje, con unidades reducidas de no más de veinte personas, nos permitimos jugar con los imprevistos. Al estar grabada en la Antártida, en los Glaciares y en los Esteros del Iberá, todo el tiempo nos pasaban cosas que formaban parte del orden de lo imprevisible. Como darte vuelta y tener cuatro caimanes a tu alrededor, o estar en los Glaciares y que nos agarrara una tormenta de nieve que nos detuvo diez horas... Y todo eso se filmaba. Todo el tiempo filmamos lo que no esperábamos que ocurriera y ocurrió. Eso volvió más interesante el rodaje.

Cromo se rodó tanto en la Antártida como en los acuíferos de los Esteros del Iberá, en Corrientes.

Desde Toronto al más allá

Este año, el Festival de Cine de Toronto abrió por primera vez Prime Time, una sección televisiva no competitiva. Cromo fue la única representante de ficción de Latinoamérica, entre producciones islandesas, francesas y estadounidenses. “No deja de ser significativo esta nueva sección, ya que seguramente se replicará en todos los festivales del mundo, que antes estaban dedicados totalmente al cine, y ahora les están dando un espacio a las series televisivas, asumiendo lo que está pasando con ellas en todo el mundo. Que las series de TV tengan un espacio en un festival de cine dice algo del momento actual del audiovisual. Quince años atrás era impensable que un festival de cine como Toronto abriera una sección a las series televisivas. Y lo mismo está replicándose en Sundance y parece que en Cannes, también”, reflexiona la cineasta. En cuanto a la repercusión internacional que obtuvo Cromo durante la proyección de los tres capítulos en Canadá, Puenzo no duda. “La serie fue muy bien recibida. La sala llena de Toronto nos funcionó de testeo, porque fue la primera vez que vimos la serie en pantalla grande. Y aunque después corregimos algunos detalles, gustó mucho. Cromo está levantando un interés gigante, que esperemos pueda corresponderse en la emisión en Argentina, primero, y luego en alguna venta internacional que podramos cerrar”, adelanta Puenzo. El concurso estatal le permite al productor, a los siete meses de ser emitida en un canal abierto argentino, contar con los derechos de comercialización de la serie durante 48 meses.

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“Hay muchas investigaciones que realizan nuestros científicos que desconocemos”, señala Lucía Puenzo.
 
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