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Martes, 19 de junio de 2007

TELEVISION › “VER PARA LEER”

La tele y el libro, un abrazo fraterno

El ciclo conducido por Juan Sasturain echa por tierra con los prejuicios habituales.

 Por Emanuel Respighi

Ver para leer es, probablemente, una de las ideas que mejor entendió y resolvió el parámetro excluyente de cultura o rating con el que los programadores suelen medir los contenidos televisivos actuales. Es que al ciclo que Telefé emite todos los domingos en ese amplio horario de “después de la medianoche” nadie puede negarle que en cada emisión plasma –como ninguna otra propuesta literaria anterior– un lenguaje televisivo asimilable para cualquiera de los heterogéneos televidentes que pueden llegar a sintonizar el canal líder de rating. Porque, más allá del valor intrínseco que tiene que una señal comercial le abra un espacio a un tema supuestamente tan poco televisivo como los libros, el programa que conduce con gracia peculiar el escritor y periodista Juan Sasturain se destaca por conformar una propuesta televisiva tan rica como divertida.

Lo primero que hay que señalar es que Ver para leer no es mejor ni peor que otros ciclos sobre literatura que pululan en la TV actual. El adjetivo que mejor le cabe es que se trata de una propuesta diferente, de esas que suelen escasear en un medio tan afín a lo seguro. Por eso, antes que nada, bien vale remarcar que Ver... no excluye las propuestas que encabezan Cristina Mucci u Osvaldo Quiroga en el canal estatal, sino más bien que se suma a ellas y completa el sentido de los formatos literarios televisivos más tradicionales. Más cercano en esencia a Cuentos de terror que a Los siete locos, Ver... echa por tierra definitivamente la arraigada máxima de que abordar la cultura en la pantalla chica debe ser necesariamente un camino con destino al bostezo.

Cruzado continuamente por el humor que le imprime Sasturain (una revelación que ayuda al objetivo de desacralizar “el libro”) y cada uno de los personajes interpretados por el actor Fabián Arenillas, el programa no posee ninguna pretensión de inducir al que está del otro lado a la lectura. Aun cuando desde su formato Ver... puede funcionar indirectamente como una interesante propuesta de iniciación al lector neófito. Pero su valor es que también se presenta como una comedia liviana para los lectores más avezados. Y eso no está mal. Al fin y al cabo, así como hay libros para todos los gustos, también hay programas. Lo que es seguro que programas como el de Telefé Contenidos no hacen más que confiar en que, si el rating deja ser la obsesión que ciega voluntades, otra TV es posible.

Formato que no por novedoso debe ser el modelo a seguir para todo ciclo literario que surja de aquí en más, porque también es interesante escuchar hablar a uno o varios escritores sobre un tema, Ver... hace un valioso aporte no sólo a la literatura sino también al medio. Estructurado sobre una historia de ficción cotidiana que en cada emisión surge como disparador para recorrer autores tan diferentes como las épocas en las que fueron contemporáneos, el programa avanza a través de una “escenografía viva” propia del comic (otros de los placeres y saberes de Sasturain), que cambia de acuerdo a la pluma del Niño Rodríguez, y que refuerza el sentido décontracté de la inédita propuesta.

La sencillez del videograph, los mínimos datos biográficos y bibliográficos de los autores que se nombran y la libertad editorial con la que se repasan determinados textos (independientemente de las novedades editoriales) conforman un combo de seducción coherente con la idea de transmitir el gusto por la lectura que su conductor adelantó en las entrevistas previas. Un formato que el mundo literario parece haber aceptado sin pudor alguno, ya que desde Alejandro Dolina y Alberto Laiseca, hasta Maitena, Eduardo Belgrano Rawson y Martín Caparrós, todos –sin excepción– se prestan a dar los pasos de comedia que el programa propone, con Sasturain como anfitrión ideal.

Históricamente alérgica a los libros, generalmente relegados a la TV por cable o a la pantalla estatal, Ver para leer resulta una grieta en el seno de la TV privada. Alejada de las tediosas propuestas en las que un conductor entrevista a un escritor, sin más que dar a conocer las últimas novedades de la industria literaria, Ver... reformula la típica estructura de programas sobre libros, en un innovador diseño que mixtura la divulgación de contenidos literarios con elementos de ficción. Mejor dicho: es un ciclo de ficción en el que se entremezcla la literatura de ayer y hoy. Y por el que vale la pena hacer que el sueño de la madrugada espere un rato más. Con un libro y el control remoto en la mano como compañeros.

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El programa demuestra que puede apostarse a lo literario también en la televisión abierta.
 
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