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Domingo, 14 de octubre de 2007

TELEVISION › POR UNA JUVENTUD DISTINTA

Por una juventud distinta

El director de El hijo de la novia produjo dos especiales en los que se despliegan las ilusiones de los adolescentes argentinos.

 Por Emanuel Respighi

En Andresito, un pueblo de Misiones de no más de 25 mil habitantes, un grupo de adolescentes quiere contar una historia sobre cómo la necesidad económica hace que muchos chicos y chicas de su misma edad se vean obligados a dejar el colegio para trabajar de yerbateros. En Aminga, un poblado de 800 personas de La Rioja, otro grupo esboza la estructura de un cuento en el que el alcoholismo y la violencia familiar forman un cóctel lamentablemente cotidiano. En Tolhuin, Tierra del Fuego, ante la falta de lugares de esparcimiento el alcohol eclipsa la atención de los escritores noveles. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, la gran urbe, la discriminación que tan a menudo se ejerce y sufre sin distinción es la protagonista de la historia. Estos son los temas y problemas que grupos de adolescentes de cuatro provincias del país decidieron contar para participar de un concurso de cuentos que anualmente organiza el Ministerio de Educación y cuyos procesos creativos serán llevados a la TV en Cuentos cardinales, dos especiales que Telefé emitirá hoy a la medianoche y mañana al término de El gen argentino.

Propuesta inclasificable, aunque de registro documental, Cuentos cardinales muestra el proceso de discusión, elaboración y concepción que sortearon estos cuatro grupos de chicos a la hora de pensar un cuento para presentar en el concurso literario. Pero esa mirada, en realidad, es la plataforma ideal para conocer cómo viven, piensan y sienten el presente y el futuro los adolescentes argentinos de hoy, en un espacio aséptico que no persigue el efecto ni el morbo de buena parte del periodismo televisivo. “El programa cuenta el proceso desde que ellos deciden participar del concurso de cuentos hasta que se enteran quiénes quedaron seleccionados. Pero eso, en realidad, es sólo la excusa para contar qué eso lo que piensan y cómo viven estos pibes”, le explica a Página/12 el director y guionista Juan José Campanella, que en Cuentos cardinales oficia de productor general.

Nominado al Oscar por El hijo de la novia, reconocido internacionalmente por su fina manera de abordar historias sensibles y populares sin caer en golpes bajos, y habitual director de series estadounidenses (desde La ley y el orden hasta Dr. House, pasado por 30 rock, entre otras), Campanella cuenta que la idea de hacer dos especiales sobre estos jóvenes surgió al momento de anunciar a los seleccionados del concurso de cuentos y conocer de cerca la forma en que los chicos encaran la vida para sobreponerse a sus dificultades cotidianas. “Al charlar con ellos –explica el cineasta– nos dimos cuenta de que había historias detrás de los cuentos que merecían ser mostradas. Nos despertó la inquietud de ir a meternos en la vida cotidiana de estos chicos, porque eran representantes de una juventud que por lo general no muestran los medios, con un nivel de análisis y debate sobre la realidad sorprendente. El programa es una especie de reality show al revés, en el que en vez de traerlos a una casa ficticia nos metimos nosotros en la casa de ellos. Digo eso porque cada vez que uno habla de documental, la gente lo asocia inmediatamente a algo aburrido.”

–¿Y con qué juventud se encontraron en estos lugares tan aislados entre sí?

–Fuimos sin saber con qué nos íbamos a encontrar. Y por suerte, esas charlas con los chicos ganadores del concurso anual nos hicieron descubrir una realidad que vale la pena emitir en TV: son chicos con una calidad de discurso y debate muy fuerte. El programa muestra a chicos que tienen una realidad muy difícil, en cuanto a condiciones de vida, pero que no se la pasan llorando, sino que actúan para tratar de salir de su condición. Incluso, en aquellos jóvenes en los que se percibe un poco de cinismo en sus discursos, sus acciones en pos de un mundo mejor lo desmienten. La juventud también hace cosas buenas. La juventud argentina no es sólo la que muestran los periodísticos televisivos amarillos. La juventud merece también un empujoncito, cierta ayuda, sobre todo aquel sector que la rema solo pese a sus dificultades.

–Cuentos cardinales, entonces, es una suerte de reivindicación de los jóvenes por parte de la TV...

–Es que son tantos los dirigentes que nos han mentido y estafado que es casi ridículo pensar que la juventud de este país puede creer en algo. Pero el programa no intenta, para nada, mejorar la realidad con la que tienen que lidiar estos jóvenes. La única pretensión que tiene es la de mostrar que los jóvenes no son los que estamos acostumbrados a ver por los medios: no son ni abúlicos ni cínicos ni sólo se dedican a emborracharse los fines de semana en una plaza como nos muestra la TV cada vez que hay un informe sobre la juventud.

–¿O sea que la gente se va a encontrar más con una mirada sobre la juventud que con un ciclo de entretenimiento?

–No es un ciclo de entretenimiento, en absoluto. El único desafío que tenían los chicos era escribir un cuento sobre ellos, y el único premio fue escribir un cuento sobre sus problemas e inquietudes. Se van a encontrar con cuatro grupos de chicos, con sus realidades y sueños.

–El programa es producido por 100 bares, su productora audiovisual. ¿Cuáles son las motivaciones que lo llevan a transitar en este tipo de proyectos off?

–No es por cuestiones lucrativas ni necesidades artísticas ni económicas. Es una cuestión personal. Si yo pensara que la realidad es la que muestra el programa de Chiche Gelblung, estaría analizando cómo hago para sacar a mis hijos de este país. Esa visión, además de ser errónea porque hay jóvenes que luchan contra todo tipo de adversidades para cumplir sus sueños, no hace otra cosa que alejar a los adultos de la juventud. Pero por suerte sé que la realidad no es la que cuenta Chiche, que la gran mayoría de los chicos, incluso esos mismos que muestran en plazas haciéndose mierda, durante la semana son muy diferentes y necesitan de ayuda para no caer en el alcohol o la droga. Me gustaría expandir esta idea para que los ayudemos porque, en última instancia, cuando nosotros seamos viejos son ellos los que nos van a cuidar. ¡Al menos ayudémolos a vivir mejor por nuestro instinto de autopreservación!

–El problema es que la TV comercial de aire argentina ha perdido casi todo sentido social, ante la búsqueda desesperada de rating e ingresos publicitarios.

–No tengo duda de eso. Pero la tele es sólo un botón de muestra de la sociedad en la que vivimos. Y también es cierto que, aunque a cuentagotas y en horarios marginales, hay canales como Telefé que apuestan a brindar otro tipo de contenidos, como Cuentos cardinales, Ver para leer o el mismo El gen argentino. Tampoco creo que hay que pedirle a la tele aquello que ni las instituciones democráticas, ni las educativas, ni las familiares logran dar, como el respeto al prójimo, la cultura del trabajo y la educación como medio para progresar y cambiar la realidad.

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“La juventud no es sólo la que muestran los programas amarillos”, dice Campanella.
 
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