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Domingo, 27 de enero de 2008

TELEVISION › FLORENCIA PEÑA, FABIAN VENA Y LUIS LUQUE, PROTAGONISTAS DE “UNA DE DOS”, QUE ARRANCA MAÑANA POR TELEFE

“No hay nada más ridículo que la realidad”

Los tres actores trabajarán juntos por primera vez. Dicen que intentarán hacer “una comedia moderna” sobre la base de una estructura conocida: el triángulo amoroso. Con un tono que no se alejará del todo de la sitcom, Una de dos buscará –adelantan– confrontar los prejuicios machistas de la sociedad argentina.

 Por Emanuel Respighi

Para un ménage à trois, sostienen los entendidos, nada mejor que el encuentro se realice entre desconocidos. No, no se trata de una máxima de un libro sobre sexo, sino de la fórmula a la que apostó Telefé para conformar el trío de actores de Una de dos, el amor en los tiempos del triángulo, la comedia que mañana a las 21.30 debuta en su pantalla. Los protagonistas del triángulo amoroso que sostiene la trama son Florencia Peña, Fabián Vena y Luis Luque, tres reconocidos actores que nunca antes habían trabajado juntos. O sea: tres perfectos desconocidos que se encontraron por primera vez en un set de televisión algunas semanas atrás y que deben cargar con la tarea diaria de hacer reír al público y de volver a poner a Telefé en lo más alto del podio de audiencia. “Estamos tranquilos porque sabemos que tenemos un buen programa, con un humor muy claro”, acuerda el trío en la entrevista con Página/12.

En medio de las grabaciones, entre la pechuga a la plancha con ensalada de Peña y las hamburguesas con papas fritas de Luque y Vena, los actores cuentan los detalles de esta nueva comedia producida por Telefe Contenidos. Sin alejarse mucho de la sitcom estadounidense, pero lo suficiente como para impregnarle un sello propio, Una de dos intentará despegarse del costumbrismo made in Pol-ka a través de los libros originales de Diego Alarcón (adaptador de La niñera, Casados con hijos). La comedia, que tendrá capítulos de media hora, cuenta la historia de una mujer (Eva) que a partir de la ambición del chanta de su marido (Oscar) se presenta a un reality de intercambio de parejas, cuyo premio mayor asciende al millón de pesos. Durante esa extraña experiencia, la jugada le sale muy mal a Oscar: Eva conoce a Julio y se enamora perdidamente. Ante la imposibilidad de elegir a alguno de los dos, Eva decide irse a vivir con ambos, junto a sus hijos, dando lugar a todo tipo de enredos.

–¿Cómo funciona en el programa esta convivencia forzosa y, a la vez, elegida entre ustedes, que hasta aquí no habían compartido ningún elenco? ¿Creen que es más necesario para la comedia que para otros géneros que haya buena onda en el elenco, incluso fuera de cámara?

Luis Luque: –Para poder sacarte el ridículo que hay en vos tenés que ser aceptado por el otro, por tu compañero, para liberar tus rasgos más instintivos. Es imposible hacer comedia si te sentís criticado o juzgado por tus compañeros.

Florencia Peña: –Para ir a fondo en la comedia hay que sentirse en confianza. Intentar hacer reír te imprime la energía de ir en contra del propio prejuicio. Si uno siente que tus compañeros te juzgan, si no hay confianza o si no comparten la onda de uno, el preconcepto que se puede tener a priori a la hora de hacer humor surge y no ayuda en absoluto. Sentir el prejuicio propio y el de tus compañeros es la muerte para un actor de comedia. Por eso era muy importante que encontráramos en este trío la química. Y si bien no sabíamos qué iba a suceder, por suerte la expectativa artística tuvo su correspondencia en lo humano.

Fabián Vena: –Cuando se siente que los aportes que se hacen son recibidos con mala onda, la creatividad en vez de liberarse se limita hasta el punto de frenarse.

–¿Esta onda surgió de entrada o se fue encontrando con el correr de las grabaciones?

F. V.: –Tuvimos suerte de que Una de dos no fue uno de esos casos en los que compañeros que uno cree que son geniales apenas si son buenos profesionales, en el mejor de los casos. Por eso yo, a partir de experiencias no muy gratas, trato de comenzar un proyecto con un bajo nivel de expectativa. En este caso tenía ganas de encontrarlos y conocerlos. Y las expectativas fueron ampliamente superadas. Es un laburo que necesita de mucha confianza y respeto. La materia sensible en nuestro laburo es constante, por lo que un actor necesita contención y afecto, que se tienen que dar instantáneamente. Cualquier situación que te haga pensar diferente puede llegar a enfriar el contacto y eso no es algo que la comedia necesite.

F. P.: –Si bien somos actores de estratos, carreras y búsquedas distintas, a los tres nos hermana el respeto y la coherencia de nuestra trayectoria. Y en el segundo o en el tercer ensayo comprendimos que los tres estábamos en el mismo camino, en el sentido de que compartimos la idea de que todo salga bien, de involucrarnos en lo que hacemos. Si bien la TV está pasando un momento de mucha trivialidad, hace la diferencia que los actores se comprometan con lo que hacen. No nos conforma venir a trabajar, ganar dinero e irnos a casa.

–En el caso de ustedes, además, en cada trabajo se pone en juego su trayectoria.

L. L.: –Cada uno, a su manera, está muy atento al laburo y a aprender continuamente. En la medida en que no entendamos esto, el techo de excelencia del ciclo se aleja. Este es un programa que requiere de mucho laburo. Es una comedia básicamente de tres: si se manca uno, nos mancamos todos. No es una novela de múltiples historias, personajes y posibilidades. La comedia, y mucho menos Una de dos, no da tiempo.

F. P.: –Una de dos es claramente una apuesta a una comedia diferente. No está repitiendo ningún molde, ni se compró un formato extranjero: intentamos hacer una comedia moderna y con una temática distinta. Si bien la situación del triángulo amoroso es una estructura trillada, es raro que se la haya contado desde el humor. Y mucho más extraño es que el triángulo amoroso esté conformado por una mujer y dos hombres...

L. L.: –Normalmente, en la Argentina se cuenta el triángulo de dos minas y un tipo, porque en la sociedad machista que vivimos al hombre se le perdona todo. Acá es al revés. Eso es parte del nuevo espíritu que trae Una de dos. Por lo general, una mujer que tiene marido y amante es condenada socialmente y es vista como una puta. Esta es una comedia sobre lo que supuestamente no se debe, que no baja línea ni se carga de prejuicios.

–¿El tono va a ser el de una comedia disparatada?

L. L.: –No hay nada más ridículo que la propia realidad. Todo es verdad con un lenguaje televisivo. La resolución de los conflictos puede tener algún giro fantasioso, pero es verdad.

F. V.: –La resolución de los conflictos puede ser exagerada, la exacerbación de las situaciones y las características de los personajes le dan al programa una cuota de originalidad. La combinación de los tres personajes, puestos en diversas situaciones, es la clave del ciclo.

F. P.: –El de Una de dos es un mundo de personas reales. No hay personajes caricaturescos como en La niñera, Hechizada o Casados con hijos. Son personas reales viviendo una situación atípica para la convención de la monogamia. Lo genial del programa es la combinación que se logra entre la verosimilitud de los personajes y lo inverosímil de la historia, porque no creo que ninguna mujer se mude con dos hombres y que –encima– éstos se lo permitan. La mujer estaría encantada, igualmente... (risas).

L. L.: –Puede pasar. Pero dentro del código moral de una sociedad pacata como la nuestra, es poco probable.

–¿Una de dos tendrá un estilo y estructura más cercana a la sitcom estadounidense que a la comedia tradicional argentina?

F. V.: –Es una mezcla de ambos géneros. No escapamos al ritmo de formato sitcom, pero no nos limitamos a él. Buscamos el chiste, pero con nuestro estilo y herramientas.

F. P.: –No tiene la rigurosidad estructural de una sitcom. No hay pausas para los remates ni primeros planos captando continuamente los gestos. Una de dos no espera nada, avanza a través de la contestación y los diálogos picantes.

–Heredan de la sitcom, también, la poca cantidad de actores.

F. P.: –Una de dos no tiene el concepto de abrir mil historias y si no pega una probamos con otra y así hasta encontrar lo que el público quiere ver. Para un canal y para un actor, siempre es más riesgoso hacer este tipo de comedias que hacer un programa con veinte personajes, donde te da lo mismo arrancar como una comedia y terminar con un drama. Una de dos toma riesgos, más de lo que debería: tiene una única historia, en un formato de media hora, con poco actores y su base argumental descansa en un triángulo amoroso que se plantea desde el punto de vista de la mina. Es demasiado para una sociedad exitista y machista como la argentina.

–Al parecer, este año va a haber mucha comedia, a diferencia del 2007 que estuvo plagado de realities y lo poco que hubo de ficción tendió al drama o al suspenso. ¿La competencia entre distintos programas de un mismo género puede jugar a favor o en contra?

F. P.: –Hacer comedia es muy difícil. Y se hacen pocas buenas. La proliferación favorece en la medida en que los programas sean buenos. Si son flojas, lo único que se logra es descalificar y denigrar el género. Y lamentablemente yo creo que la mayoría en la Argentina se hacen y se actúan mal. Pero también creo que si este año los programas del género están bien hechos, la competencia termina transformándose en un golazo para todos. De hecho, en Estados Unidos hay treinta comedias diarias de buen nivel; se retroalimentan. Pero no se trata de amuchar actores y ver qué onda.

L. L.: –Una de dos puede gustar o no, pero hay una idea artística claramente definida.

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Peña, Luque y Vena subrayan que encontraron la “química”.
Imagen: Martin Acosta
 
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