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Sábado, 15 de octubre de 2011

VIDEO › UNA DIVERTIDA HISTORIA, DIRIGIDA POR RYAN FLECK Y ANNA BODEN

Ligera angustia adolescente

La pareja de realizadores y guionistas Ryan Fleck y Anna Boden sigue los pasos de un chico conflictuado en un instituto psiquiátrico. Pero nada de lo que ocurre aquí remite a la gravedad de un clásico como Atrapado sin salida.

 Por Horacio Bernades

“Quiero suicidarme”, le anuncia, después de dar muchas vueltas, el chico de rostro triste a la recepcionista de una guardia nocturna. “Llená este formulario”, responde la mujer, antes de retomar su animada charla telefónica. Está bien, puede ser que a Craig no le haya sucedido nada tan grave como para justificar su trepada al puente de Brooklyn. Pero lo cierto es que es un chico solitario, lleno de preocupaciones y complejos, con unos padres que lo dejan peligrosamente librado a su suerte y una expresión más convincente que sus problemas. Sobre los días de Craig en un centro psiquiátrico, y sobre esa internación como paradójico trampolín de salida del sin salida en el que parece hallarse, trata Una divertida historia –traducción que le quita matices al original It’s Kind of a Funny Story (Algo así como una historia divertida)–, que el sello AVH acaba de lanzar en DVD.

“¿Cuándo puedo internarme yo?”, bromea el imbécil del padre, en la primera visita que junto con la mamá hacen a Craig en el psiquiátrico. Sorprende tanto la pasividad de ambos –a quienes parecería ni ocurrírseles la posibilidad de llevarse de vuelta a casa al hijo conflictuado– como que las autoridades del centro de salud hayan internado al muchacho sin un mísero llamado previo a la pareja de progenitores. Ni en un caso ni en otro las figuras de autoridad parecen funcionar como deberían. El hecho es que Craig tiene para unos días de internación, y por más que al comienzo lo embargue la de-sesperación (y el arrepentimiento tardío de quien se la buscó solito), de a poco empezará a sentirse algo más cómodo entre esos pacientes que parecen todos casos bastante más graves que él.

Fijándose con un poco más de atención entre obsesivos-compulsivos, depresivos y esquizos, Craig descubrirá a una chica que es como su versión linda en espejo (la rubia Emma Roberts, con cortaduras en las muñecas y en una mejilla), confirmando además que el gordo con el que simpatizó de entrada (esa súbita estrella de comedia que es Zach Galafianakis, en papel como fabricado a medida) tiene más de un punto de contacto con él. Como además la psiquiatra en jefe parece bastante más dispuesta a oírlo –y ayudarlo– que papá y mamá, puede ser que finalmente la internación no resulte para Craig lo mismo que para McMurphy en Atrapado sin salida. Sin embargo, esos loquitos coloridos e inofensivos que lo rodean –un egipcio que no sale de la cama, un jasídico de oído hipersensible, un afroamericano que profetiza calamidades– podrían ser confundidos con el elenco suplente de aquella apoteosis del “loco lindo” que fue la película con Jack Nicholson. Como si casi cuarenta años más tarde, el off-Hollywood no hubiera renovado todavía su stock de internados.

Con un nombre ganado dentro del panorama indie gracias a una película de hace unos años, llamada Half Nelson (aquí suele rotar en cable), donde el hoy muy hot Ryan Gosling hacía de profe adicto al crac, la pareja de realizadores y guionistas Ryan Fleck y Anna Boden acierta sobre todo en los primeros tramos de película, intercalando con acierto sueños, monólogos interiores, pop visual y angst adolescente. Pero si algo sostiene de punta a punta esta película es Keir Gilchrist, que en la serie Estados Unidos de Tara hace del hijo de Toni Colette, y cuyo rostro triste y llovido hace pensar en un Messi que todavía no se enteró de quién es.

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La película acierta fundamentalmente en los primeros tramos.
 
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