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Sábado, 9 de junio de 2007

VIDEO › “MEMORIAS DE UN ASESINO”

Un “serial killer” a la manera coreana

Antes de hacer The Host, el director Bong Joon-ho filmó un policial basado en un caso real, con el que se anticipó a Zodíaco, de David Fincher.

 Por Horacio Bernades

Seguramente The Host, la monstruosa película de monstruos actualmente en cartel en Buenos Aires, habrá dejado preguntándose a más de uno quién es, de dónde salió y qué le pasa por la cabeza a su director, Bong Joon-ho. La respuesta no es difícil: con 30 recién cumplidos, el tipo debutó en el año 2000, con Barking Dogs Never Bite. Que no sólo fue parte de la competencia oficial de la tercera edición del Bafici, sino que además lo trajo a la Argentina. Tres años más tarde, su consagración definitiva, gracias a Memories of Murder, que paseó largamente por festivales del mundo entero, le mereció el premio al Mejor Director en el de San Sebastián y se estrenó, con críticas muy elogiosas y buena repercusión de público, en las principales capitales de Europa y Estados Unidos. Primera buena noticia: cerrando un ciclo sobre cine coreano que se inició ayer en el Centro Rojas, el último jueves de este mes habrá ocasión de rever en esa sala la primera de ellas. La segunda buena noticia es que, con el título Memorias de un asesino y como parte de su colección de cine asiático de acción, el sello SBP lanzará la semana próxima Memories of Murder, en un DVD provisto de una considerable cantidad de extras.

En el momento de abordar Memorias de un asesino, Bong venía de un debut bien recibido por la crítica pero con poca repercusión de público, como fue Barking Dogs... Cosa curiosa, en lo primero que pensó fue en filmar cierto manga japonés llamado Old Boy. Sí, la misma película que terminaría impulsando a la estratosfera a Park Chan-wook. ¿Y a que no saben quién quiso filmar primero Memorias de un asesino? Exacto: Park Chan-wook. Memorias de un asesino se basa en un caso real ocurrido entre los años 1986 y 1991 en las inmediaciones de una pequeña aldea coreana, cuando un total de diez mujeres fueron asesinadas, sin hallarse jamás al responsable. El caso fue particularmente shockeante en su momento, ya que era la primera vez que Corea del Sur contaba con un serial killer “en regla”. Una obra de teatro, estrenada con mucho suceso a mediados de los ’90, trajo el asunto de nuevo a la luz pública y despertó el interés de llevarla al cine. A cargo del guión, sobre esa obra trabajó Bong, practicando varias modificaciones.

Tal como quedó, Memorias de un asesino da toda la sensación de haber servido de inspiración para el David Fincher de Zodíaco. Devolución de gentilezas: para Bong, la película no es otra cosa que una versión coreana y rural de Seven, la película que consagró al propio Fincher. Como Zodíaco, Memorias... se centra en el trabajo de los investigadores. En este caso, dos detectives de la zona, a los que más tarde se les sumará un agente enviado desde Seúl. Con una media de la propia víctima arrollada en la cabeza, el primer cadáver establece uno de los patrones de conducta del asesino, que siempre ata a su presa con un objeto de su pertenencia. El otro patrón es que el psycho mata, en noches de lluvia, a mujeres preferentemente (aunque no excluyentemente) vestidas de rojo. Más tarde se descubrirá que todas esas noches algún desconocido pidió, a un programa de radio local, que pasaran la misma canción.

El desfile de sospechosos (un discapacitado mental, un padre de familia onanista, el joven empleado de una fábrica) ilusiona primero y desilusiona luego a los investigadores, hasta llevarlos a la desesperación. Como en la época regía todavía un gobierno militar, los policías no tienen ningún problema en plantar pruebas y torturar a los detenidos, mientras afuera el ejército reprime a manifestantes. Bong trabaja con proverbial malevolencia la tradicional oposición entre pajueranos y capitalinos, haciendo de los detectives locales unos tipos ni muy avispados ni muy eficientes. Consecuencia de esa rivalidad, en la primera parte abundan las peleas y trompadas entre unos y otros, llevando a pensar en el killer como catalizador. Tal como el perro que el protagonista de Barking Dogs... quería despachar, o el propio monstruo de The Host.

Las actuaciones son parejamente notables, con particular destaque para los tres protagonistas. Héroe de películas tan exitosas como J. S. A., The Foul King y la propia The Host, Song Kang-ho se impone como noble bruto, una suerte de Victor McLaglen a la coreana. A su lado, Kim Rae-ha es un verdadero mono con navaja, descerrajando patadas voladoras sobre cualquiera. A su turno, el siempre reconcentrado, distante Kim Sang-kyung (magnífico protagonista de Turning Gate, de Hong Sang-soo) sirve de contrapeso perfecto para esos dos pedazos de bestias.

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En su momento, el caso fue particularmente shockeante.
 
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