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Sábado, 9 de febrero de 2008

VIDEO › “VALIENTE”, DE NEIL JORDAN

Justicia por mano propia en Nueva York

Jodie Foster encarna a una chica común que, tras un hecho traumático, emprende un raid vengador. Jordan pretende hacer pasar por un drama existencial de arte lo que no es más que un típico film sobre vigilantes armados.

 Por Horacio Bernades

Algo huele mal, y no es en Dinamarca: volvió Rambo (su cuarta toma de armas tuvo lugar el mes pasado en Estados Unidos y llega aquí en un par de semanas más), la remake de El vengador anónimo ya está en preparación y en la temporada pasada se estrenaron en Estados Unidos varias películas sobre vigilantes armados. De ellas, la más destacada, por los nombres implicados y sus altos valores de producción, fue sin duda The Brave One, una de las dos razones por las cuales Jodie Foster volvió a estar en boca de todo el mundo (la otra fue que, tras largos años in the closet, admitió finalmente su homosexualidad). Con dirección del irlandés Neil Jordan (el de El juego de las lágrimas y Entrevista con el vampiro), The Brave One no llegó a los cines argentinos, aunque la representante local de Warner Brothers había anunciado su estreno, en noviembre pasado. Finalmente pasó al video: acaba de lanzarla el sello AVH, con el título de Valiente.

“¿Cuánto mal se requiere para hacer el bien?”, medita la frase publicitaria de Valiente, planteando una engañosa ambigüedad, en tanto la base de la que se parte es que asesinar al prójimo es lo correcto. El mismo embuste anima el film entero. El esqueleto argumental es el de toda película de vigilantes, con Foster como protagonista de un hecho traumático que la toca muy de cerca y vengándolo de allí en más sobre quien cuadre, tenga que ver o no con ese hecho. Como en todas estas películas y para lograr el efecto buscado, Erica Bain (tal el nombre del personaje) no es, a diferencia de Rambo, una profesional de la violencia, sino todo lo contrario: se trata de una chica común y corriente. Coartada para que la hipótesis básica (“usted podría ser ella”) funcione. Erica vive en Manhattan y tiene un programa de radio, llamado Streetwalking (traducción posible: “Callejeando”). Insomne, recorre las calles mientras practica soliloquios al aire. La idea que campea en ellos es que la Nueva York que alguna vez fue ya no existe más.

La Nueva York real, según la tesis subyacente, es la que viene a continuación: una en la que si una chica sale a pasear por el Central Park con el novio y el perro, le secuestran al segundo y le muelen a palos al primero. ¿Qué hacer? Muy sencillo: ir al primer negocio de armas que se encuentre (en Estados Unidos no va a faltar oportunidad), comprarse una 9 mm, vestirse de cuero negro (¿como ese otro justiciero armado llamado Batman?) y, en caso de ver a un tipo que le dispara a la esposa en un minimarket, matarlo de una. Si un par de rappers patotea a un transeúnte, hay que despacharlos también (estos negros, siempre la misma escoria humana), lo mismo que a cualquier ricachón golpeador. Finalmente se cierra el círculo, dando como por arte de magia con los verdaderos culpables y mandándolos al infierno de donde vinieron. La Justicia, ¿cómo reacciona ante todo esto? Le pone el arma en la mano a la buena de Elaine. Sí, eso es lo que a la larga hace el detective Mercer (el morocho Terrence Howard), harto de que la ley le impida dar caza a un poderoso criminal.

Como quien goza de impunidad, Valiente ni se toma el trabajo de recurrir a la otra coartada argumental que suele ser de rigor en estos casos: cuando el protagonista pide ayuda a la policía y la policía no se la da. No, acá Jodie va a hacer la denuncia, espera 5 minutos y, ganada por la impaciencia, se va de la comisaría a la armería. La vengadora ansiosa habría sido un título más sincero que Valiente (traducción literal del original). Lo más nefasto no es la postura de la película sino la pretensión de disimularla, haciendo que a Erica le remuerda la conciencia después de cada crimen. ¡Hasta el punto de condenar la justicia por mano propia, en su programa de radio, al mismo tiempo que la practica! Si quería plantearse un dilema moral, ¿por qué entonces el título? ¿Por qué cada una de las ejecuciones de Elaine está vista como un acto de justicia? ¿Por qué el policía, que es un buenazo bárbaro, le pone al final la pistola en la mano (con perdón por la expresión)?

Coherente con esa doble moral (que en el fondo es una sola), Mr. Jordan pretende disimular que lo que está dirigiendo es un producto de explotación e intenta hacerlo pasar por un drama existencial de arte alla Kieslowski. Para lograr esa transfiguración recurre a las magias de la gravedad, las frases grandilocuentes, las pausas metafísicas y una fotografía de exquisitez publicitaria. Esta última hace pensar en Valiente como lujoso aviso comercial, en el que el artículo que se promociona, bello y placentero, podría llamarse Haga Patria, Mate a una Escoria.

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En Valiente impera la doble moral, que en el fondo es una sola.
 
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