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Jueves, 29 de abril de 2010

CINE

La ficha

Nacida en Bélgica en 1928 y radicada en Francia desde pequeña, el mote de “abuelita de la nouvelle vague” que tempranamente se le colocó a Agnès Varda nunca refirió a una cuestión de edad, sino al carácter de predecesora. Por su libertad formal, su rechazo por el cine académico y la inscripción decididamente personal de la autora, tanto su ópera prima en el largometraje La Pointe-Courte (1954) como sus cortos documentales posteriores pueden ser vistos como avanzadas de la nouvelle vague, y así fueron reconocidos por Truffaut, Godard & Cía. Desde los comienzos, Varda fue y vino con total fluidez del documental a la ficción, puliendo una obra voluminosa, que hasta la Argentina llegó a cuentagotas (un par de años atrás, un ciclo en la sala Leopoldo Lugones permitió saldar deudas con parte de su obra en el documental). Cléo de 5 a 7 (1962), La felicidad (1965), Una canta y la otra no (1977) y Sin techo ni ley (1985) son algunos de sus films de ficción más conocidos. Casada con Jacques Demy desde comienzos de los ’60, a partir de su muerte el realizador de Los paraguas de Cherburgo pasó a convertirse en motivo recurrente de su cine, tanto en films de ficción (Jacquot de Nantes, 1991) como en documentales (Les demoiselles ont eu 25 ans, 1993, y L’univers de Jacques Demy, 1995). Varios de los momentos más emotivos de Las playas de Agnès tienen una vez más a Demy por protagonista.

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