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Lunes, 10 de junio de 2013

CULTURA › EL MERCADO DE LA HISTORIETA EN URUGUAY

Un editor con espíritu colectivo

“En Uruguay seguimos en una suerte de primavera permanente desde 2008, cada año hay entre 15 y 20 libros nuevos”, plantea Rodolfo Santullo sobre el mercado en que circulan sus libros. Buena parte de esa producción, matiza, se sostiene sobre fondos públicos, pues el Ministerio de Educación y Cultura apoya ediciones y actividades con los fondos concursables de Cultura y otros mecanismos de promoción.

Además, esta producción empieza a capturar la atención de la prensa, libreros y distribuidores. Su propio trabajo tiene bastante que ver en ello, pues ayudó a visibilizar la disciplina y a sus colegas. “Hay un circuito que se ofrece porque ven un montón de libros y que algunos fueron un éxito, en números uruguayos, obviamente, que no son nada comparados con los argentinos, pero que acá sí funcionan”, señala. Allí, explica, un libro promedio de literatura vende 250 ejemplares. Su Zitarrosa vendió 700. “Eso hace que los distribuidores miren con otra cara cualquier nuevo libro de historieta, porque ya tienen un antecedente de que la cosa funciona, y eso está hecho entre todos, los distintos triunfos individuales ayudan al colectivo.”

Es en ese colectivo donde Santullo considera que se encuentra lo más promisorio del sector. “Se está logrando una maduración acelerada sin precedentes históricos en el país”, afirma. “Aquí la producción de historietas parecía condenada al reinicio permanente: dos o tres proyectos que arrancaban y pum, todo desbarrancaba, cuatro o cinco años después aparecía otra gente, probaba y al poco tiempo se desbandaba”, señala. ¿Qué pasó? A fines de los ’90 apareció una generación que simplemente siguió produciendo a pesar de todo. “Muchos dejaron, pero cuando otros se sumaban todavía quedaba alguno de la tanda anterior, y entonces los nuevos no arrancaban de cero o con tábula rasa, aprendías de los errores.” El resultado de esto fue que en 2005 aparecieron las primeras editoriales formales y en 2008, con los fondos concursables, se dio el impulso que se mantiene hasta hoy.

Sin embargo, el Santullo-editor no cree que los fondos sean la única causa detrás del buen momento del sector. “Pasa que si vos ves un contexto donde hay otros libros, donde no es que publicás y luego ves qué pasa, no salís al desierto, te convence más tomar el riesgo”, considera. “Creo que el que cada año haya cinco o diez libros financiados por el Estado hace que haya otros tantos financiados por privados, porque hay un contexto”, destaca.

La formación de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta (AUCH), de la cual Santullo fue su primer presidente, también colabora en este proceso. “Hay un montón de ferias y espacios donde la AUCH pone un stand de venta al público, no es que lo imprimís y luego ves qué hacés, esa estructura ya está armada”, explica y advierte, sin embargo, que por el momento la AUCH sólo cumple un rol integrador entre sus miembros. “Ayuda a todos los que hacemos historieta a tener un espacio que nos contenga, nos permite acceder a subsidios que quizás no son dinero directo para nosotros, pero sí nos permiten sostener un empleado que atienda un stand y poder dedicarnos nosotros a hablar con colegas o cerrar nuevos libros.”

“Si me tengo que poner crítico con el sector, diría que falta un poco de reflexión, que no hay mucha autocrítica, me parece que, impulsados porque ha habido muy buenos libros, se está empezando a creer que todo lo que hacemos está bárbaro, y es imposible que sea así”, reclama, “habría que mirar lo que cada uno produce y juzgarlo con la misma severidad con la que se juzga la obra de un tercero, si no caemos en el riesgo de la autocomplacencia.”

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